Ni siquiera el hallazgo de indicios sobre una financiación
ilegal del PP, por parte del juez Ruz, ha conseguido que los que hoy gobiernan
nuestro país admitan la evidencia.
Y eso que las acusaciones ya no provienen exclusivamente del denostado
Bárcenas, sino que tras una exhausta investigación judicial, no
parecen quedar dudas sobre este turbio asunto y la opinión de los ciudadanos no
puede ser más unánime, en cuanto a la creencia de que en la sede de los
populares en Génova, se recogían jugosos donativos por parte de empresarios que
después esperaban prebendas y que el montante era destinado después, no solo a cubrir las
necesidades del Partido como Institución, sino también a los ya famosos
sobresueldos a los que hace alusión el ex tesorero, en los papeles que fueron
anteriormente publicados por la prensa.
Marie Dolores de Cospedal y otros dirigentes, cuyos nombres
aparecen por cierto en los mencionados papeles, se afanan sin embargo en seguir
negando la mayor y se escoran en una postura de honradez, bastante difícil de
aceptar, por cualquier persona medianamente inteligente.
El tiempo que se está tardando en desenredar la enrevesada
maraña que constituye el mayor caso de corrupción, de los muchos que se han
conocido en los últimos tiempos y la férrea unión de los miembros de la cúpula
del PP ante la enorme lista de indicios que señalan directamente su implicación
en el asunto, están actuando en contra de que llegue a conseguirse esclarecer lo
que verdaderamente pasó y tratando de alejar el fantasma del peso de la
justicia, de todos aquellos que en principio, podrían llegar a ser imputados
por su participación en toda una suerte de ilegalidades, que en cualquier país
del mundo, ya hubieran costado el puesto al Presidente y a todo su gobierno.
La parsimonia con que Ruz se está tomando lo que trae entre
manos, no favorece en absoluto una pronta acción de la justicia y propicia
además que una gran parte de los delitos cometidos queden prescritos, cuando
por fin se decida a juzgar este escándalo y a sentar en el banquillo a quién
considere presunto culpable de las penas que se le acusa.
Acostumbrada a que los delitos fiscales sean cometidos en
España con total impunidad, la ciudadanía ya no espera una resolución
satisfactoria del caso y de acuerdo con la opinión de cierta prensa, aguarda
que cualquier día se declare el sobreseimiento, sin que se le ofrezca una
explicación plausible que lo determine, ni satisfaga las ansias de justicia que
recorre la médula espinal de los españoles, en los últimos tiempos.
Nunca se conoció sin embargo, una desfachatez mayor que la
que ahora protagonizan los dirigentes populares, cuando a pesar de tener la
espada de Damocles pendulando sobre sus cabezas, son capaces de proseguir con
la rutina estereotipada que les impone la formación a la que pertenecen,
poniendo en duda la capacidad de discernir de todo un pueblo y burlando en
total impunidad, la contundencia de las leyes.
Y a pesar de que el caso apunta a que el propio Presidente
del Gobierno recibió sobresueldos, mientras exigía a los ciudadanos una
imposible austeridad, con sus políticas de recortes, la vida fluye para él y
los suyos, como si nada de esto hubiera existido y sólo la mayestática maldad
de un ex tesorero resentido, hubiera inventado esta macabra historia, después
de evadir un dineral de dudosa procedencia a los Bancos suizos y sin que
quienes se movían entonces en las habitaciones que rodeaban su despacho, se
enteraran absolutamente de nada.
Si sabremos o no alguna vez de dónde llegaron los cincuenta
millones de Euros y si en las cuentas
bancarias rezaba algún otro titular, aparte de Bárcenas, es una incógnita que,
de momento, ninguno de nosotros puede resolver.
Pero sí que podemos hacernos la sencilla pregunta de si el
puesto de tesorero, en cualquiera de los partidos del arco político, da para conseguir
tanto ahorro.
Y si es así ¿cuánto habrán llegado a ahorrar todos aquellos
que ocupaban un cargo, por encima de Bárcenas?
Y sobre todo ¿dónde estarán ahora, los frutos de tales ahorros?.

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