El triunfo de los trabajadores , tras la huelga de los
servicios de limpieza de Madrid, pone directamente en entredicho la solución
por la que apostaba el PP, capitaneado por la Alcaldesa Ana Botella y deja
claro que la insumisión de los huelguistas, negándose a aceptar las condiciones
impuestas por la patronal, duele y mucho, a los dirigentes del partido
conservador, que ya creía haber doblegado por medio de una política de terror,
las aspiraciones laborales y de derechos de todos los españoles.
La frustración de comprender que lejos de acatar con
obediencia sus designios, aún queda en nosotros el espíritu de lucha necesario
para defender todo aquello que consideramos justo, ha llevado directamente al
discurso de que la Ley de Huelga debe ser revisada, dando a entender que en
breve, se endurecerán legalmente las condiciones para que se puedan iniciar
paros libremente, cuando se considere que los puntos exigidos por los dueños de
las Empresas resultan inaceptables para los asalariados y que las negociaciones
han llegado a un punto muerto, sin que
se alcance la resolución de un conflicto.
Este endurecimiento que se propone y que atenta directamente
contra los principios democráticos que establecen el derecho libre a la huelga,
no hará sino sumarse a otra serie de condicionamientos que el PP está
procurando establecer, en su denodada lucha para que los trabajadores de este
país sean despojados paulatinamente de todo aquello que estando establecido por
ley, pudiera beneficiarles en la consecución de mejoras, en su relación con las
empresas.
El descrédito que los Sindicatos se han labrado con su
nefasta actitud, en los últimos tiempos, ha contribuido de manera clara y
contundente para que el gobierno Rajoy piense que los asalariados se encuentran
en este momento en la indefensión necesaria para que no les quede otro remedio
que aceptar todo aquello que su Reforma Laboral y sus políticas de recortes
establezcan, al no poder contar con el apoyo que hasta hace poco representaba
la fuerza sindical, en cada uno de los trances en que era imposible un acuerdo.
Craso error, porque a su vez, los trabajadores de hoy , al
ser plenamente conscientes de su soledad y de que han sido abandonados a su
suerte por las Centrales Sindicales, demasiado apegadas a las subvenciones
recibidas por parte de los gobiernos, han empezado a afrontar el nacimiento de
una nueva era, en la que únicamente con su unión y sin responder a las
consignas de ningunas siglas, tendrán que combatir por sus derechos económicos
y sociales, de una forma mucho más dura de lo que se les aconseja desde los
sindicatos, si quieren obtener algún tipo de éxito.
Los problemas laborales han dejado de ser un enfrentamiento
entre centrales mayoritarias y patronal, para convertirse directamente en una
lucha encarnizada entre la sociedad a secas y los dueños de las Empresas, sean
privadas o públicas, e independientemente de quienes sean los que propugnan
ciertas decisiones que nos colocarían al borde de una quiebra personal,
inadmisible y virulenta.
No crea Rajoy que endureciendo el derecho a la huelga
terminará con las manifestaciones que están invadiendo la vida cotidiana del
país, ni que conseguirá acallar la voz de los ciudadanos, absolutamente hartos
del camino de las reformas que ha emprendido, con tanta dureza.
Muy al contrario, las prohibiciones y la represión nunca
lograron el principal propósito que con ellas se pretendió, en principio. Más
bien, hicieron que quienes ni siquiera se habían planteado una participación
activa en determinados actos, se replantearan su postura de silencio,
considerando que se vulneraba con esas imposiciones su libertad y decidiendo
sumarse a todos aquellos que ya se encontraban al frente de la lucha, al
considerar que se les estaba hurtando una gran parte de sus derechos.
La ira contenida que demuestra hoy Ana Botella, en sus
declaraciones sobre la resolución de la huelga y su intento fallido por
atribuir el éxito de la misma a la reforma Laboral de Rajoy, la convierten en
un personaje esperpéntico que no sabe perder.
No señora Botella, no. No es Rajoy quien ha conseguido con su
política que no haya habido despidos en este conflicto. Es la perseverancia de
los trabajadores, que en ningún momento aceptaron lo que usted proponía y
soportaron estoicamente trece largos días de inactividad, la que ha forzado a
la patronal a reconsiderar los puntos del acuerdo.
Esta es la verdad y como tal debe ser aclarada, para que ni
usted se llame a error, ni a nosotros nos quede la más mínima duda del camino a
seguir, en otros casos similares a éste.

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