Hace bien Mariano Rajoy en dar las gracias a los españoles,
cuando se cumplen dos años de su mandato.
Hace bien y no solo por cortesía, sino porque las hemos
merecido de verdad, al soportar sin
recurrir a la violencia, todas las injusticias que sobre nosotros ha
perpetrado, desde que aterrizó en el poder con un montón de promesas
electorales bajo el brazo, de las que no ha cumplido ninguna.
Ningún periodo de la joven Democracia española ha sido tan
nefasto, ni nunca se habían cometido en tan corto espacio de tiempo, tantos
atentados contra los derechos de los ciudadanos, como los que se ha encargado
de traer a nuestras vidas, este Presidente.
A medio camino de su legislatura, Mariano Rajoy gobierna hoy
un país muchísimo más pobre que el que encontró a su llegada y acarrea tras de
sí una especie de indignación general, hasta ahora desconocida, al afectar a
ciudadanos de toda tendencia y pensamiento.
Prometió terminar con la crisis y a pesar de la vana
presunción de haberlo conseguido, en la calle no se percibe otra cosa que un
mayor empobrecimiento. Juró por activa y pasiva, por toda la geografía
española, que emprendería un camino que conseguiría paliar las cifras del
desempleo, que ya entonces empezaban a ser alarmantes y en veinticuatro meses,
en nuestras calles hay un millón doscientos mil parados más, que deben a su
Reforma Laboral, el desamparo en que han quedado sus familias y las paupérrimas
condiciones de futuro que la Ley Wert ha preparado para sus hijos.
Prometió luchar contra la corrupción y él mismo ha resultado
sospechoso de estar implicado en uno de los casos más graves descubiertos hasta
el momento y que afecta a toda la cúpula de su Partido, señalada en los papeles
de Bárcenas de haber estado cobrando suculentos sobresueldos, mientras se nos
exigían a los demás toda una suerte de insufribles sacrificios y se perdonaba a
los evasores de grandes capitales sus pecados, por medio de una Amnistía
fiscal, que ni siquiera ha devuelto a las arcas una mínima parte de lo
sustraído.
Prometió respetar las pensiones y se ha sacado de la manga un
sortilegio, por el que el poder adquisitivo de nuestros mayores ya ha empezado
a mermar, sin que ni siquiera se haya tenido en cuenta que en incontables
casos, se han convertido en el sostén de los núcleos familiares a los que el
fantasma del paro ha dejado sin sustento y la avaricia de la banca sin
vivienda, por causa de los malditos desahucios.
Prometió no tocar Sanidad y Educación, pero ha establecido el
copago de los medicamentos y entregado a la privatización unos cuantos
hospitales, además de haber despedido a una multitud de interinos,
absolutamente necesarios para el buen funcionamiento de los servicios y subido
las tasas universitarias y recortado las becas, hasta lograr que muchos de
nuestro jóvenes se vean en la imposibilidad de continuar con sus estudios, al
carecer sus familias de medios para sufragarlos.
Ha demolido los convenios colectivos e incrementado la
represión ejercida sobre la multitud de manifestantes que han intentado ejercer
su libertad de expresión en las calles, clamando contra las políticas de su
gobierno.
Ha enterrado los excesos de los equipos directivos de la
Banca, empleando un rescate millonario que ahora pesa sobre la espalda de la
ciudadanía, en sanear las cuentas de entidades en bancarrota, que a su vez
habían estado estafando a los españoles con el asunto de las preferentes y ha
puesto por encima los intereses de personajes cuya gestión ha sido un fracaso,
al de toda una sociedad, a la que ni siquiera se le ha correspondido,
concediendo algún tipo de crédito.
Ha hundido a la pequeña y mediana empresa, favoreciendo a los grandes emporios, consintiendo que los
mismos rebajaran las condiciones laborales de los trabajadores hasta niveles
del siglo pasado y defendido a capa y espada los mandatos de una Europa
implacable, sin que se haya notado en ningún momento la “españolidad” de la que
presume, ni el patriotismo que solo emplea, en aburridos enfrentamientos con
Cataluña, que a nadie fuera de allí, interesan.
Se ha escondido de la
prensa, inventando intervenciones televisadas en las que no se permiten
preguntas y se ha negado reiteradamente
a acudir a los llamamientos de los parlamentarios en el Congreso, probablemente
acorralado por las sospechas que le persiguen, desde que su ex tesorero
Bárcenas fue encarcelado y salieron a la luz los papeles que todos conocemos y
que dejan en muy mal lugar a él y a su Partido.
Ha puesto en tela de juicio la inteligencia de los españoles,
mintiendo sistemáticamente en todas sus intervenciones, inventando conceptos
absurdos para definir todas y cada una de las partidas de recortes y
atribuyendo a la mayoría silenciosa un apoyo para su gestión, del todo
incierta, tratando de pulverizar
cualquier atisbo de oposición, desoyendo impasible, el clamor de los
innumerables colectivos que se han estado manifestando en las calles de todas
nuestras ciudades, prácticamente desde su llegada al poder , sin que en ningún
momento haya decrecido el tono de las protestas.
Y ha conseguido como nadie, entristecer a un país, hasta el
punto de hacerle entrar en un permanente estado de shock, afectado por la
política de terror que se ha encargado de ir instalando entre nosotros, día a
día, con el catastrofismo y la oscuridad, por bandera.
Así que lo mínimo que podía hacer en este momento, es
agradecernos encarecidamente que no haya habido un estallido social que le haya
apeado del cargo y la paciencia infinita que ha demostrado este pueblo ante una
gestión que no la merece.
El agradecimiento es recibido hoy por una protesta
estudiantil que deja claro lo que la Sociedad contestaría, si se le diera la
oportunidad de hacerlo.
No podía haberlo hecho peor…y aún le quedan otros dos años
para dejarlo. A ver qué dice cuando le indiquemos el camino hacia la salida.
Porque nosotros, no tenemos nada que agradecerle ni a él, ni a su gobierno.

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