No falla. Cada cierto tiempo, el ex Presidente José María
Aznar busca alguna razón para saltar a la primera página de los periódicos, sin
haber aprendido aún a resignarse con la pérdida de popularidad mediática que
acarrea el abandono de un puesto de la importancia del que ocupó, hasta que en
2004 fue derrotado por Zapatero.
Tras las críticas que emitió hace unos meses contra la
política seguida por su propio partido, colocando a Rajoy en la incómoda
tesitura de tener que explicar a los suyos los entresijos de su manera de
gobernar, si quería evitar un cisma de incalculables consecuencias, acaba ahora
de publicar un libro en el que vuelve a retomar el tema de la autoría del 11M,
culpando al CNI de haberle confundido en su primera valoración de un tema, que
para Aznar supone una herida incurable que no se cerrará hasta que no consiga
admitir que el atentado fue una consecuencia directa de su decisión de formar
parte de los países que declararon la guerra a Irak, capitaneados por el entonces
presidente estadounidense Bush, tal como recuerda la foto de las Azores.
Mucho se empeñó el entonces Presidente en inculcar la idea de
que la matanza de los trenes había sido obra de ETA, a pesar de que desde el
primer momento los indicios señalaban al terrorismo islamista como único
participante en los hechos, y todos recordamos como hasta altas horas de la
noche de la jornada de reflexión, previa a las elecciones del día siguiente y
presionado por un clamor popular que reclamaba su derecho a conocer la verdad,
a Ángel Aceves no le quedó otro remedio que admitir lo que la prensa llevaba
horas dando como cierto y que después se comprobaría en su totalidad, por medio
de las investigaciones policiales.
Se habló entonces incluso, de un ofrecimiento de los
servicios de inteligencia de Israel, que estaban convencidos de que los
islamistas se encontraban detrás del trágico suceso, que fue “amablemente”
rechazado por Aznar, en un intento a la desesperada de no perder las
elecciones, teniendo que salir por la puerta de atrás, acusado tácitamente por
la ciudadanía, de haber provocado con su política, el ataque de los
terroristas.
Perder aquellos comicios de manera tan deshonrosa debió ser,
para la reconocida altivez de Aznar, un borrón en su expediente que no ha
podido perdonar nunca y por eso, no desaprovecha ninguna ocasión para intentar
crear una duda razonable sobre la autoría de los atentados, incluso habiendo
llegado a inventar una teoría de
conspiración, que situaría al PSOE, que venció inesperadamente en aquellas
elecciones, en el mismo nivel de indignidad de los que detonaron las bombas,
con el único objetivo de conseguir el poder.
Pero los hechos fueron los que fueron y el posterior proceso se
encargaría de demostrar con toda claridad que ni ETA tuvo nada que ver en el
11M, ni hizo falta ninguna conspiración para que la voluntad popular apeara a
Aznar de un sillón de mando, que había ido perdiendo con su actitud de
servilismo hacia Bush, al mismo tiempo que desoía el grito ensordecedor de los españoles
que clamaban para que no se sumara a la guerra.
Y sin embargo, a pesar de haber transcurrido casi diez años,
no perdona y consciente de que a sus más fieles seguidores les agrada que aún
se polemice con lo que sin duda fue el error más grande de su carrera política,
de vez en cuando, se permite volver a poner en duda aquella verdad, enervando
los espíritus ardientes de los recalcitrantes defensores de la derecha más
conservadora, a la vez que deja en evidencia su innegable afán de protagonismo.
No cuenta, sin embargo, con la evidencia de que los españoles
tienen memoria.
Tampoco ninguno de nosotros podemos olvidar aquel trágico
once Marzo, ni las razones que condujeron a que las cosas ocurrieran así,
porque aquellos fueron, por primera vez, nuestros muertos y su recuerdo merece
también, como el de las víctimas de ETA que tanto defiende el PP, la
consideración de que la verdad prevalezca, por encima de consideraciones
políticas y de la relevancia de ciertos personajes que siempre estarán, a su
pesar, ligados a esa verdad por sus acciones…y por sus omisiones.

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