La magnífica entrevista que Jordi Évole (Salvados, La Sexta)
realizó a Pedro Crespo, el considerado número dos de la trama Gurtel y ex
secretario general del PP gallego y que se emitió ayer Domingo por la noche,
vino a corroborar punto por punto todo lo declarado por Bárcenas y volvió a
colocar al Partido de Rajoy en el punto de mira, al reconocer Crespo también
que los “donativos” de los empresarios en dinero negro eran considerados una
práctica habitual, igual que lo era el cobro de sobresueldos, por parte de los líderes de la
formación conservadora, por mucho que ahora se afanen en negar ambas cosas.
La descripción de cómo entraba el dinero en las sedes del PP
no pudo ser más minuciosa, llegando incluso a resaltar que existía entre los
donantes y los receptores, una especie de pacto entre caballeros, por lo que ni
siquiera se contaba el montante recibido, confiando plenamente ambas partes, en que todo estaría bien, sin
hacer falta comprobación alguna.
Reconoció también que para ninguna empresa era posible
ejecutar una obra pública, sin pasar previamente por caja y que la cantidad de
dinero que se donaba de manera ilegal, solía multiplicarse ampliamente ante la
llegada de las elecciones, sin que a nadie en el PP le extrañara el modo en que
se producían dichas entregas, pues todo el mundo las consideraba algo
absolutamente natural, al menos en el Partido al que pertenecían.
También afirmó con contundencia que muchos de los que
califican a Bárcenas como delincuente tienen mucho por qué callar y corroboró
que el contenido de los papeles del ex tesorero era absolutamente cierto,
añadiendo que él también conservaba algún documento escrito que corroboraba la
existencia de esta financiación ilegal y el cobro de sobresueldos en B, en este
caso, por parte de líderes del PP gallego.
Sin admitir que el caso Gurtel, en el que está imputado, hubiera existido, recurrió, cómo no, a la
manida teoría de la conspiración urdida, dijo, en el despacho del número dos de
Rubalcaba y auguró que solo unos cuantos se “comerían este marrón”, porque al
PP ahora le convenía limpiar su imagen y que en el caso Bárcenas, los asuntos
de la financiación ilegal y los sobresueldos, serían sobreseídos, el próximo Diciembre.
En ningún momento mostró Crespo signos de nerviosismo y sí
una total seguridad en que lo que contaba era una certeza conocida por todos en
el PP, incluido el Presidente de Gobierno y toda la cúpula actual, aunque ahora
les urgiera desembarazarse de estos hechos y por eso negaran de manera tajante
tales prácticas rutinarias y su implicación personal en ellas.
La entrevista dejó boquiabiertos a los espectadores y una vez
más, hay que reconocer el mérito de Évole en su manera de hacer periodismo, ya
que demuestra que también en estos tiempos difíciles, se puede ofrecer una
información valiente a la ciudadanía, sin tener que depender de vasallaje
alguno que limite la libertad de
expresión de los periodistas, aunque la costumbre demuestre que el partidismo
condiciona casi en su totalidad al cuarto poder y que la verdad ha pasado a un
segundo plano a la hora de informar, para casi todos los profesionales del
género.
Tuvo de novedoso el reportaje, que corroboró punto por punto
las tesis de Bárcenas, por lo que ya no son uno, sino dos, los ex militantes
del PP que reconocen la existencia de mucho dinero negro en las arcas de los
populares y que explicaría con bastante claridad la cantidad que aparece en las
cuentas de Bárcenas en Suiza y que pudiera ser una manera de blanquear el
capital procedente de los “donativos”, aunque en este caso, sólo apareciera su
nombre en el banco helvético.
Sin saber si al final Crespo y Bárcenas decidirán aunar
fuerzas en la defensa de su teoría, la credibilidad de las afirmaciones que los
populares han hecho en los últimos tiempos, incluso ante la justicia, queda
absolutamente en entredicho y merecería una investigación a fondo, incluso
aconsejando la imputación de los líderes, para poder llegar al esclarecimiento
total del asunto.
Y es que no estamos hablando de un Partido pequeño sin
importancia en el ámbito nacional, sino de la formación que está gobernando
España en este momento y cuyos líderes ocupan cargos de vital importancia, que
abarcan desde la misma Presidencia de gobierno, hasta el último de los
Ministerios y de cuya labor y limpieza al realizarla, depende el porvenir de la
Nación y el transcurrir de nuestras vidas.
Por mucho menos, Nixon se vio obligado a dimitir en Estados
Unidos.
¿Qué más tiene que ocurrir para que Rajoy se vaya?

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