domingo, 24 de noviembre de 2013

El pretendido cambio del PSOE


Habiendo desandado todo el camino de su historia y colocado ahora por sus errores, en una situación desastrosa en el campo de la política, el PSOE adopta la estrategia de lanzar a la lideresa andaluza, Susana Díaz, como símbolo de una renovación generacional, que el electorado no percibe, recordando aún lo acontecido en la última etapa del gobierno de Zapatero y viendo en Rubalcaba, la continuación de un camino socialdemócrata, más cercano a la ideología de las derechas que a lo que siempre se tuvo por los principios del Socialismo que preconizara Pablo Iglesias.
 El desgaste que sobre el PSOE ha ejercido la crisis y la falta de determinación de Zapatero, cuando decidió obedecer los mandatos que se le imponían desde Europa, pesan como una losa sobre el Partido centenario e impiden al ciudadano confiar en las buenas intenciones de unos dirigentes, más identificados con la típica imagen del poder, que con las necesidades primarias de su pueblo.
Sobran congresos y reuniones y el intento de renacer de las cenizas, queda eclipsado por la memoria que del PSOE actual guardan los votantes, que no encuentran en él, ni la oposición contundente que merece la política del PP, ni el liderazgo necesario para dar una réplica eficaz a las propuestas europeas, que consiga frenar la caída del desempleo en el país, creando los puestos de trabajo que reclaman los ciudadanos para recuperar la dignidad que les han robado los recortes.
Cualquier intento de convencer a la opinión pública de que para renovar un Partido, basta con poner al frente del mismo una cara joven y nueva, ha de fracasar necesariamente, cuando se está traicionando flagrantemente los principios ideológicos que motivaron su creación y la distancia que se tiene con el pueblo es exactamente igual a la que protagoniza el grupo conservador que nos gobierna.
Hace mucho que el PSOE dejó de ser un Partido de izquierdas y de aglutinar al sector menos radical del panorama electoral, que en principio, se negaba a votar a Izquierda Unida, por considerar que representaba a un comunismo obsoleto.
Desde el momento en que se empezaron a rebajar las prestaciones sociales y se decidió recortar los sueldos del funcionariado, abriendo la puerta de todo lo que ha venido después, cualquier parecido con el Socialismo quedó atrás, mientras se entraba a formar parte de los círculos capitalistas que detentaban el poder, actuando en su favor y no en el de lo que exigía el pueblo soberano.
Todo el mundo sabe que la decadencia del PSOE ha sido fraguada minuciosamente por él mismo y que la pérdida de confianza del electorado ha sido ganada, a pulso, desde los despachos de una Moncloa, que entonces habitaba Zapatero.
Costará años que vuelva a recuperarse y para conseguirlo, sus líderes deberían empezar por hacer examen de conciencia, preguntándose a sí mismos, si de verdad son socialistas convencidos y si serían capaces de aceptar todos y cada uno de los principios que caracterizan este pensamiento.
De hacerlo, tendrían que renunciar a muchos de los privilegios que durante años han ido acumulando, cada cual de la manera que ha podido, desde su posición de poder y empezar a entender que cuando se es socialista de verdad, compartir con el más necesitado es una máxima que no admite discusión, por tratarse de la primera regla de obligado cumplimiento.
Dada la situación del país, sería fácil ponerlo en práctica. Y así, cuando los ciudadanos comprueben en carne propia que se predica con el ejemplo, tal vez sea posible empezar a olvidar el pasado de traición que protagonizaron Zapatero y los suyos, llevando a su formación hasta dónde hoy está y a dónde estará mucho tiempo, a pesar del lavado de cara que hacen, dudando de que la Sociedad es inteligente.



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