Se cierra el cerco en el levante español sacando a la luz nuevas tramas de corrupción estrechamente relacionadas con las anteriores, salpicando de nuevo a un Partido Popular escandalosamente herido en su honestidad por la avaricia desmesurada de sus más destacados miembros.
A Fabra y Camps se añade ahora el presidente de la Diputación de Alicante, Joaquín Ripoll supuestamente implicado en una malversación relacionada con los servicios de limpieza y que es detenido esta mañana.
Una especie de maldición parece haber poseído a esta parte del territorio español ya que al parecer, ninguno de los representantes democráticamente electos puede demostrar su inocencia en los procesos abiertos contra ellos. La mano negra de la corrupción esquilma las ciudades y pueblos de la comunidad sin dar respiro a la información mientras un día sí y otro también van saliendo a la luz nombres archiconocidos que decidieron tomar un atajo en su propia prosperidad, supuestamente a espaldas de su partido.
En la sede central deben andar subiéndose por las paredes con las historias de estos personajes, sobre todo cuando siempre se consideró a la Comunidad Valenciana como un bastión invencible en el que el Partido Socialista no tuvo nunca la menor oportunidad de alzarse con el triunfo.
Le salen los colores a Soraya Sainz de Santamaría cuando se ve obligada a plantar cara a la prensa y se escuda en la presunción de inocencia agarrándose a ella como a una tabla de salvación en un naufragio.
No se de qué se extraña. El señor Zaplana, de cuyo magisterio proceden todos los imputados, afirmó en cierta ocasión que había entrado en política con la sola idea de enriquecerse. De momento, no sabemos si consiguió su propósito, pero sus instrucciones han sido disciplinadamente obedecidas por quienes le sucedieron en sus cargos.
Se le tuerce el gesto a Rajoy que ya se frotaba las manos acariciando el ansiado poder según augurios de todas las encuestas. Puede que le convenga hacer valer sus influencias con los mandatarios eclesiásticos para organizar una ronda de rogativas que pare en seco este rosario de malas actitudes que le van poniendo obstáculos en el camino de la Moncloa.
Nos entretienen llamando a la insumisión ante la Ley del aborto como intentando que miremos a otro lado que no sean los bolsillos llenos de sus ilustres militantes levantinos.
Y a lo mejor, hasta les sale bien. Quizá la procesión de beatas se decida a linchar a la ministra Aído quemándola en la hoguera inquisitorial en la que debió arder en el mismo instante en que decidió arrastrar a las mujeres al pecado y a la lujuria.
Aunque en realidad les convendría mucho más una pasada de desinfectante agresivo en los lugares que regentan y un poco de humildad para convencerse de que no se pueden celebrar los triunfos hasta que no se tienen en la mano.

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