El triunfo de la selección española en el mundial de Sudáfrica ha refrescado la mala imagen de Zapatero que hasta se ha permitido reír a carcajadas en los jardines de su residencia mientras saltaba junto a los jugadores aclamados por la afición.
La resaca de la borrachera de vanidad que ha sacudido el país en la jornada de ayer, le viene como anillo al dedo para hacer comparaciones de corte económico e incluso parece haber influido en los rostros acartonados del principal partido de la oposición que al menos, le ha concedido una tregua de veinticuatro horas en su acoso, para alabar a los triunfadores en tan glorioso evento.
Los medios informativos de cualquier tendencia tampoco han emitido en la jornada de ayer ninguna otra noticia, así que el día 12 de Julio del año actual quedará grabado en la memoria del presidente como el más tranquilo de su carrera política.
Incluso ha podido contemplar algo que jamás creyó llegar a ver: una unidad nacional absolutamente lejana de ideas nacionalistas, uniformada como la China maoísta, de rojo, echada a la calle con las mismas consignas y sin que tan siquiera los incidentes acaecidos hayan sido otros que un abuso incontrolado de la cerveza o algún desmayo debido a las altas temperaturas.
Miraba eso sí, el aurífero trofeo con ojos de querer exigir un trozo en contribución a la crisis, pero la cálida paz de la jornada pronto le sedujo a participar en ella abandonando por unas horas su ingrato papel de recaudador para disfrutar del ambiente.
No se había visto cosa igual en toda la historia de nuestra democracia y es probable que los ex presidentes que le antecedieron en el cargo incluso hayan llegado a envidiar con cierta malicia este regalazo que le ha traído el viento africano hasta las mismas puertas de la Moncloa.
Lástima que la felicidad, como todo lo que concierne al ser humano, acabe por ser efímera y la alegría por los triunfos de los otros remedien sólo en parte nuestros males porque cuando despertamos del dulce sueño, la realidad vuelve a atacarnos con el mismo desgarro del que por un momento, conseguimos huir.
Ya esta mañana, las declaraciones de sus contrincantes en la vida política evidenciaban que el baño de masas de ayer no había sido más que un paréntesis en su tremenda soledad aunque por un instante, albergara la ilusión de que los vítores y los aplausos eran solamente para él.

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