Nos guste o no, estamos obligados al acatamiento de las decisiones judiciales si queremos convivir en un estado de derecho. Resulta fácil hacerlo cuando el fallo de sus señorias concuerda con nuestro criterio o nos da la razón en aquello por lo que litigábamos engrandeciéndonos el ego frente a la parte contraria en el pleito.
Después de un sinfín de avatares, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña hace bueno el refrán de ¨nunca llueve a gusto de todos¨.
Era de esperar que los propios catalanes manifestaran su recelo considerando que el texto final se queda corto frente a sus expectativas de futuro y es incluso lógico que conforme a derecho, planten batalla en un intento de llegar al punto deseado a la mayor brevedad posible, aunque sea por otro camino.
Tampoco el PSOE ha vencido en esta batalla si al documento presentado le recortan los jueces más de un artículo considerando una clara inconstitucionalidad en la redacción de los mismos.
Todos han tenido oportunidad y lo han hecho, de pronunciarse sobre la sentencia e incluso de matizar según ideología, lo que debiera haber sido y no es, según el punto de vista de quien está en el uso de la palabra.
Pero las manifestaciones de la señora Cospedal contra el Presidente Montilla, son en sí una fuente reveladora de cómo una desavenencia puede convertirse en una manifestación de rencor que distorsiona conscientemente la realidad amoldándola a nuestra propia conveniencia.
Llama la número dos del PP al señor Montilla fascista o marxista, sobreentendiéndose que en su interior la señora Cospedal considera que existe una igualdad entre ambas ideologías,
Resulta inaceptable en quien pretende tomar el relevo del gobierno de este país un desconocimiento tan grave de la historia y la comparación entre dos tendencias tan contrarias hiere los sentimientos de quienes creen en la filosofía del socialismo, que jamás se aproximaría a los métodos aplicados por el nazismo en cualquiera de sus manifestaciones mientras que estuvo en el poder.
Olvida sin embargo la portavoz del partido popular que muchos de los integrantes de sus filas proceden claramente de defensores de la dictadura franquista que por cierto, se codeaba con los líderes de los movimientos fascistas que incluso ayudaron al dictador en su glorioso alzamiento nacional.
Pregunte la señora Cospedal por ejemplo en Guernica , donde le aclararán sin ningún género de dudas que nada tienen que ver los unos con los otros y puede que ilustren la aclaración con el recuerdo de la legión Cóndor cuya procedencia no ha lugar a discusión.
Asusta pensar qué será de la libertad de pensamiento si esta señora llega a algún puesto de responsabilidad en el gobierno porque a lo peor algunos tendremos que callar por imposición nuestra simpatía por la doctrina de Carlos Marx e incluso puede que ordene borrar su historia de todos los libros de Filosofía.

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