La inminente liberación de cincuenta y dos presos políticos deja pasar una bocanada de aire fresco al ambiente enrarecido de la situación en Cuba brindando una esperanza a los opositores al régimen de Fidel Castro.
No se sabe a ciencia cierta qué tipo de ofrecimiento han hecho al presidente en funciones el ministro Moratinos y el cardenal Ortega, pero probablemente tenga que ver con la actitud de Europa ante el rígido bloqueo que Estados Unidos mantiene contra la isla desde hace tantos años.
La imagen absolutamente senil que ofrece en sus últimas apariciones el líder de la revolución quizá permita una modificación progresiva del sistema de gobierno más próximo a las democracias actuales si la transición se realiza sin violencia y los disidentes asentados en Miami no se impacientan tratando de forzar un cambio que acarreará unas consecuencias parecidas al ocurrido en Rusia no hace tantos años.
También habrá que mirar al cono sur esperando la reacción de Hugo Chavez y Evo Morales si la transformación se produce pues es sabido que ambos apoyan sin condiciones el modelo cubano e incluso son fieles imitadores de las estrategias castristas en su manera de gobernar a sus respectivos pueblos.
Esperemos que si todo llega a buen puerto como es de desear, la isla no acabe por convertirse en un mero destino vacacional barato para los estadounidenses y la dejen conservar su propia personalidad y su autonomía para ir saliendo de la miseria en que se encuentra sumida sin el abastecimiento que le niega su tan importante vecino.
Desconozco el papel que pretende jugar la Iglesia católica al ejercer su mediación a favor de los presos de conciencia, pero no sería de extrañar que sus posturas anduvieran cerca del capitalismo yanky o incluso de la influencia de los adinerados disidentes que pueblan en Miami la pequeña Cuba.
Si los cambios se dan antes de la desaparición de Fidel, la teoría de que el comandante padece algo parecido a la demencia senil cobraría cuerpo pues resultaría extraño que después de una larga vida asentado en determinadas actitudes precisamente en la ancianidad se apartara de ellas en lugar de reafirmarse en sus convicciones.
Ahora habrá que esperar la reacción de Obama ante la liberación de los presos y estar atentos a la jugada del coloso de la que puede depender el futuro del magnífico y sacrificado pueblo cubano que como mínimo, merece la oportunidad de rozar un poco la felicidad.
No se sabe a ciencia cierta qué tipo de ofrecimiento han hecho al presidente en funciones el ministro Moratinos y el cardenal Ortega, pero probablemente tenga que ver con la actitud de Europa ante el rígido bloqueo que Estados Unidos mantiene contra la isla desde hace tantos años.
La imagen absolutamente senil que ofrece en sus últimas apariciones el líder de la revolución quizá permita una modificación progresiva del sistema de gobierno más próximo a las democracias actuales si la transición se realiza sin violencia y los disidentes asentados en Miami no se impacientan tratando de forzar un cambio que acarreará unas consecuencias parecidas al ocurrido en Rusia no hace tantos años.
También habrá que mirar al cono sur esperando la reacción de Hugo Chavez y Evo Morales si la transformación se produce pues es sabido que ambos apoyan sin condiciones el modelo cubano e incluso son fieles imitadores de las estrategias castristas en su manera de gobernar a sus respectivos pueblos.
Esperemos que si todo llega a buen puerto como es de desear, la isla no acabe por convertirse en un mero destino vacacional barato para los estadounidenses y la dejen conservar su propia personalidad y su autonomía para ir saliendo de la miseria en que se encuentra sumida sin el abastecimiento que le niega su tan importante vecino.
Desconozco el papel que pretende jugar la Iglesia católica al ejercer su mediación a favor de los presos de conciencia, pero no sería de extrañar que sus posturas anduvieran cerca del capitalismo yanky o incluso de la influencia de los adinerados disidentes que pueblan en Miami la pequeña Cuba.
Si los cambios se dan antes de la desaparición de Fidel, la teoría de que el comandante padece algo parecido a la demencia senil cobraría cuerpo pues resultaría extraño que después de una larga vida asentado en determinadas actitudes precisamente en la ancianidad se apartara de ellas en lugar de reafirmarse en sus convicciones.
Ahora habrá que esperar la reacción de Obama ante la liberación de los presos y estar atentos a la jugada del coloso de la que puede depender el futuro del magnífico y sacrificado pueblo cubano que como mínimo, merece la oportunidad de rozar un poco la felicidad.

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