domingo, 4 de julio de 2010

La familia feliz




Se queja la derecha de la entrada en vigor de la ley del aborto. Se manifiesta rodeada de sotanas y vocifera a favor de la vida exhibiendo sus numerosas familias en la cabecera de las manifestaciones, mostrando orgullosos a sus hijos afectados de síndrome de Dawn enarbolando banderitas de España en un ambiente festivo de canciones de sacristía y con los principales representantes de sus fuerzas vivas capitaneando toda la operación alegando inconstitucionalidad, como en todo aquello que no les interesa.
Asume la derecha el papel de defensora exclusiva de un ambiente familiar sin conflicto, más aseado y educado que el de la zarrapastrosa izquierda que enseña a sus descendientes el libertinaje inadecuado de las relaciones sexuales abiertas en el seno de sus hogares desestructurados por los divorcios o creados por un solo miembro, e incluso por personas del mismo sexo que han perdido el recato para ocultar sus vergüenzas en los armarios apolillados de antaño.
Es no obstante paradójica la queja viniendo de quien viene, sobre todo si la imagen sin mácula que presentan es un reflejo de la realidad que se encargan de pregonar desde sus púlpitos cristianos y si es cierta la total comunicación con los hijos de la que presumen sin recato en los foros de las emisoras católicas que tanto juego dan a sus exigencias trasnochadas de puritanismo absoluto.
En su caso, seguramente jamás se verán en la tesitura de encontrarse con una hija adolescente embarazada que apele a la incomprensión familiar para abortar por propia voluntad en una decisión en solitario. En su caso, y según la doctrina que enarbolan, sus hijas adolescentes tendrán prohibidas las prácticas sexuales hasta que contraigan matrimonio y en el caso hipotético de que ocurrieran, dada la capacidad de comprensión de tan afanosos progenitores, el fruto del pecado sería criado en la familia probablemente como hijo suyo procurando enterrar que tan vergonzoso acontecimiento pudo llegar a suceder manchando con su inmundicia un apellido tan notable.
Quizá recluyan a la niña en uno de esos retiros regentados por modélicas monjas para que aprenda la lección de no volver a salir del rebaño al que fue asignada por la mano divina y se vuelva mucho más piadosa y preparada para formar un nuevo núcleo familiar exactamente igual al que pertenece y del que nunca debió descarriarse.
Visto esto, ignoro por qué tanto cacareo contra una ley que acoge a quienes llegan a ella libremente y a nadie obliga por la fuerza a ninguna práctica contra su voluntad.
Tal vez sea que molesta sobremanera cualquier cosa que oriente a la mujer hacia otro camino que el que marcaron y establecieron todos aquellos que detentaron el poder durante los años oscuros en los que ´a nada podíamos aspirar fuera de lo que la dominación machista imponía por decreto.
Y hasta puede que llegado el caso, nos volvieran a impedir votar, abrir cuentas en los banco, viajar sin permiso del marido y por supuesto, utilizar anticonceptivos que truncan la misión específica para la que fuimos creadas.

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