Debe haber una gran dosis de verdad en la creencia de que una inmensa soledad acompaña siempre al poderoso. Las circunstancias que rodean a quien por voluntad propia o por imposición se ve obligado a regir los destinos de otros han de ser sin género de duda, diferentes a las que acompañan a la gente corriente.
El dilema de tomar decisiones graves que afecten en parte o en su totalidad, a las personas que de ti dependen no ha de ser plato de gusto y a pesar de los privilegios que acarrean determinados cargos, supone a veces una lucha interior de la que difícilmente se podrá salir sin haber dejado algo profundamente íntimo en el camino.
En esta tesitura debe haberse encontrado ciertamente el Presidente Obama hasta llegar a la conclusión de recurrir la ley Arizona contra la inmigración a pesar de entender el riesgo que supondría para su popularidad, un revés en los tribunales si fallan en contra del recurso.
Es mucho mas sencillo entender que existe una discriminación racial cuando por razones físicas uno es capaz de ponerse en la piel del otro y es evidente que la procedencia de los antecesores de Obama podría haber influido con un peso decisivo en la inclinación de la balanza.
De todos es sabido que no es fácil ser diferente en Estados Unidos y el color de la piel del presidente actual no deja de ser una anécdota entre la tradición racista de la América profunda.
Las imágenes del asesinato de un joven hispano en la frontera a manos de la policía norteamericana seguramente han herido mucho más la susceptibilidad de quien `por razones obvias y de haber nacido en otro momento, podría perfectamente haber protagonizado esta historia y es probable que incluso desoyendo los consejos siempre fríos de sus asesores, en esa soledad del poderoso, en conciencia, un cierto escalofrío le haya recorrido la piel.
Verdaderamente, el contenido de la ley Arizona escandaliza a quienes creemos en la igualdad de oportunidades y pone en entredicho el espíritu democrático del que tanto presumen los estadounidenses enarbolando su carta de derechos.
Habrá ocasión de repasar la situación angustiosa que viven los que se atreven a entrar ilegalmente en las fronteras del país mas poderoso del mundo, pero si ya corrían un gravísimo riesgo, la ley Arizona nubla cualquier atisbo de oportunidad a golpe de pistola legalizando los abusos de poder hasta convertirlos en crímenes a sangre fría.
Esperemos que al menos la batalla legal sea larga dilatando en el tiempo la entrada en vigor de este proyecto sibilino y que con un poco de suerte, no alcance a ver la luz permitiendo a quienes se atreven a cruzar la línea fronteriza buscando una vida mejor, el derecho a ser considerados al menos, personas y no obstáculos que ensombrecen la imagen mítica de la riqueza y la felicidad.

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