El Debate sobre el Estado de la Nación ha empezado como era de esperar, con críticas durísimas para la trayectoria del presidente Zapatero.
El líder de la oposición con oratoria de cierto corte decimonónico, ha optado por empezar su exposición ofreciendo una serie de citas textuales de la cabeza visible del país que han resultado luego diametralmente opuestas a las promesas que en ellas se contenían.
Son los políticos poco cuidadosos en sus afirmaciones a micrófono abierto sin percatarse de que siempre uno es esclavo de sus palabras y que en la época que corre, los medios de comunicación guardan escrupulosamente memoria exacta de cuanto acaece y es muy fácil acceder a cualquier información de este tipo, incluso después de transcurrido el tiempo.
Pierde el presidente por goleada, ya que apoyar sus insostenibles medidas en materia económica resulta difícil hasta para los suyos, pero causa enorme sorpresa ver al señor Rajoy convertido en garante de los derechos sociales mencionando las dificultades de los más desfavorecidos como si la formación de la que procede hubiera repentinamente abrazado la doctrina socialista invirtiendo sospechosamente el papel que le toca representar.
Se lo ha puesto tan a tiro de piedra Zapatero, que hasta un niño de tres años le ganaría la mano en el debate sólo con enumerar las renuncias ideológicas que acostumbra a practicar últimamente.
Ni un solo apoyo para sus disparatadas teorías deja muy claro el hartazgo de la Cámara y subyace un deseo a veces manifestado y otras no, de que la Legislatura termine y se convoquen nuevas elecciones.
No están contentos ni siquiera los socorridos partidos nacionalistas. Los catalanes abominan de la sentencia del Tribunal Constitucional contra su flamante Estatut y los vascos de la política de Patxi López a quien no perdonan la pérdida de su largo reinado, ni su intransigencia con los radicales a los que ellos no se atrevieron nunca a frenar,
La izquierda naturalmente, ve un giro descarado a la derecha en las políticas económica y social y defiende la movilización de los trabajadores haciendo una mención directa a la legitimidad sindical para convocar una huelga general ante la clarísima merma de derechos que les ha caído encima por decreto.
La pérdida de confianza del pueblo español, que tantas esperanzas puso en su día en este presidente, se refleja meridianamente en las intervenciones de sus representantes y el clima político parece haberse hecho irrespirable sin que haya visos de solución de no se produce un milagro de dimensiones extraordinarias.
Sin embargo, el gobierno no da la impresión de tener la intención de marcharse a no ser que lo exigiera Europa o se produjera una llamada de Obama, como ha ocurrido en otras ocasiones, pero la imagen que ofrece a los que queremos mirar es de una inseguridad mayestática más cercana a un estado agónico que a una posible recuperación que pudiera sacarlo del atolladero en que se encuentra inmerso.
Sinceramente, en cuanto pase el verano y la falsa ilusión de crecimiento en el empleo se desvanezca haciendo crecer las listas de parados, creo que no quedará para Zapatero otra salida que tirar la toalla y si como es de suponer, el partido popular vence en los próximos comicios, habrá que ir apuntando las promesas del señor Rajoy no sea que al final acabe también por desdecirse de ellas y no haya otro remedio que recordarle que es muy fea la costumbre de criticar a otro aquello que uno mismo practica.
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