Acaba de cerrarse un nuevo proceso de oposiciones para Enseñanza Secundaria sin que una vez más, se corrijan los imperdonables fallos que se dan en esta convocatoria y que causan un grave perjuicio a los recién licenciados que decidieron concursar en ellas.
Esta vez, la crisis ha mermado severamente el número de plazas convocadas y como siempre, la igualdad de oportunidades ha brillado por su ausencia favoreciendo descaradamente a los interinos en la adjudicación de los puestos.
Es de lógica que un joven que acaba de terminar la carrera carezca de experiencia y por añadidura también de los puntos que se van acumulando durante los años trabajados. Sin embargo, se ven obligados a concursar a la par que individuos con un currículum profesional abultado que a la hora de concurrir al concurso de méritos, ya les ha reportado una parte importantísima de la nota frente al máximo de tres que pueden conseguir los novatos a base de hacer cursos homologados y ver mermadas sus posibilidades económicas. Por si esto fuera poco, últimamente a los interinos se les ha eximido de hacer la segunda parte del examen oral a cambio de la presentación de un informe que al ser calificado siempre por compañeros, suele obtener la máxima valoración sin que nadie pueda discutirlo.
Las diferencias entre los participantes de las oposiciones, constituye a mi modo de ver un claro agravio comparativo, ya que incluso con el mejor de los expedientes académicos, los jóvenes no pueden en ningún caso competir con quienes haciendo uso de la interinidad, acumulan una trayectoria que ya por edad, es imposible de alcanzar por quien empieza.
No se premia la cultura del esfuerzo, ni se contemplan las horas de estudio que los chavales han dedicado durante al menos un año, a la preparación ilusionada de la oposición y al final, incluso obteniendo sobresaliente en el examen escrito, las plazas en propiedad son siempre para quienes no es la primera vez que concursan, como si no haber aprobado en otras ocasiones tuviera premio.
Sería urgente que en las convocatorias venideras se separaran las plazas convocando para los interinos en régimen interno y para los que no lo son en concurso abierto y en igualdad de condiciones, como marca la misma Constitución que nos rige. De esta manera habría muchos menos sueños rotos y las personas que se han dejado el aliento en el camino probablemente verían recompensado su esfuerzo.
No sé si habría lugar a denuncia en esta merma de derechos que han de sufrir quienes serán nuestro futuro, pero sería conveniente estudiarlo por lo que conlleva de injusto y doloroso.
Y sobre todo, habría que contemplar como primordial en la obtención de plaza los conocimientos reales que de una asignatura tiene quien oposita. Lo agradecerían sin duda los futuros alumnos que nada tienen que ver con la fuerza del sindicato de interinos y mucho con lo que se les pueda transmitir y con el poso que les pueda quedar para el resto de sus vidas.
Esta vez, la crisis ha mermado severamente el número de plazas convocadas y como siempre, la igualdad de oportunidades ha brillado por su ausencia favoreciendo descaradamente a los interinos en la adjudicación de los puestos.
Es de lógica que un joven que acaba de terminar la carrera carezca de experiencia y por añadidura también de los puntos que se van acumulando durante los años trabajados. Sin embargo, se ven obligados a concursar a la par que individuos con un currículum profesional abultado que a la hora de concurrir al concurso de méritos, ya les ha reportado una parte importantísima de la nota frente al máximo de tres que pueden conseguir los novatos a base de hacer cursos homologados y ver mermadas sus posibilidades económicas. Por si esto fuera poco, últimamente a los interinos se les ha eximido de hacer la segunda parte del examen oral a cambio de la presentación de un informe que al ser calificado siempre por compañeros, suele obtener la máxima valoración sin que nadie pueda discutirlo.
Las diferencias entre los participantes de las oposiciones, constituye a mi modo de ver un claro agravio comparativo, ya que incluso con el mejor de los expedientes académicos, los jóvenes no pueden en ningún caso competir con quienes haciendo uso de la interinidad, acumulan una trayectoria que ya por edad, es imposible de alcanzar por quien empieza.
No se premia la cultura del esfuerzo, ni se contemplan las horas de estudio que los chavales han dedicado durante al menos un año, a la preparación ilusionada de la oposición y al final, incluso obteniendo sobresaliente en el examen escrito, las plazas en propiedad son siempre para quienes no es la primera vez que concursan, como si no haber aprobado en otras ocasiones tuviera premio.
Sería urgente que en las convocatorias venideras se separaran las plazas convocando para los interinos en régimen interno y para los que no lo son en concurso abierto y en igualdad de condiciones, como marca la misma Constitución que nos rige. De esta manera habría muchos menos sueños rotos y las personas que se han dejado el aliento en el camino probablemente verían recompensado su esfuerzo.
No sé si habría lugar a denuncia en esta merma de derechos que han de sufrir quienes serán nuestro futuro, pero sería conveniente estudiarlo por lo que conlleva de injusto y doloroso.
Y sobre todo, habría que contemplar como primordial en la obtención de plaza los conocimientos reales que de una asignatura tiene quien oposita. Lo agradecerían sin duda los futuros alumnos que nada tienen que ver con la fuerza del sindicato de interinos y mucho con lo que se les pueda transmitir y con el poso que les pueda quedar para el resto de sus vidas.

¡¡¡Pero qué razón llevas!!! Sigue siendo así de injusto, para todos. Un abrazo
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