miércoles, 7 de noviembre de 2018

La peor sentencia




Finalmente y tras varios días de discusión  el Tribunal Supremo falla a favor de la Banca, en el caso de los impuestos de las hipotecas, en una maniobra sin precedentes que no sólo anula el fallo emitido por sus propios compañeros, por cierto expertos en estos temas, hace sólo unos días, dudando de su capacidad profesional, sino  que también crea en la sociedad española una duda más que razonable sobre la imparcialidad del poder judicial y del principio de igualdad ante la Ley, al que tienen derecho todos los ciudadanos.
En una votación absolutamente igualada que se inclinó del lado de la Banca, precisamente por el voto de Díez Picazo, contra el que Podemos ha tratado sin  éxito de querellarse por prevaricación, los quince votos de los magistrados que estaban en contra de la anterior sentencia, lograron imponerse sobre los catorce que pretendían resolver a favor de los clientes, en una sentencia que ha indignado profundamente a los afectados por este tema e incluso a la Organización de Jueces para la Democracia que exige la inmediata dimisión del presidente del Supremo, Carlos Lesmes y también del citado Díez Picazo, por considerarlos los principales artífices de esta maniobra inaudita.
Tampoco han reaccionado bien la mayoría de los Partidos políticos españoles, a excepción del PP, que ayer tarde evitaba pronunciarse sobre el tema, sin que este hecho pueda sorprendernos en absoluto y una cascada de críticas, a cada cual más dura, ha caído sobre este Tribunal que podría considerarse como un puntal fundamental para que la justicia funcione correctamente, en este país nuestro.
Ya ayer por la tarde, Pablo Iglesias invitaba a los ciudadanos a manifestarse ante el edificio en el que han estado reunidos estos jueces durante casi tres días, manifestando abiertamente su total y absoluta desconfianza en la limpieza de este veredicto, por considerar que los quince magistrados que han ganado la votación se han rendido sin condiciones a las fuertes presiones recibidas desde la Banca.
El fallo se ha reflejado sin embargo en fuertes subidas en la Bolsa, poniendo de manifiesto, como ya sabíamos, que el dinero es el que mueve indefectiblemente este mundo en el que vivimos y la satisfacción de las Entidades bancarias, tampoco se ha hecho esperar, al comprobar que  han ganado una partida en la que se jugaban fundamentalmente, una buena parte de sus beneficios.
Y sin embargo y tal como decíamos ayer, la sensación que queda en la calle es que nos encontramos en una situación de total indefensión ante unas leyes que dependen en exclusividad de la interpretación que quieran darle los jueces y cuya aplicación, que habría de ser estricta y precisa, cuando están en juego los intereses de la gente de a pie que conformamos esta Sociedad, queda supeditada a la opinión personal  e incluso a la inconfesable ideología de unos magistrados, que no por serlo se encuentran en un nivel superior al del resto de los seres humanos y que como tales, pueden cometer gravísimos errores que como en este caso, laceran los intereses de los más humildes.
Estas interpretaciones de la Ley, en muchos casos peregrinas, como podrían ser las de los jueces discrepantes en el caso de la manada y en otros, simplemente inaceptables, como en el asunto de estos impuestos de las hipotecas, se han convertido, sin embargo, en algo inherente a la aplicación de las leyes en este país, en el que empezamos a pensar que las sentencias no se atienen escrupulosamente a lo que dicta la ley, sino a los inclinaciones personales de los encargados de presidir los tribunales, en su mayoría, proclives a ponerse a favor de la parte más poderosa.
Ni que decir tiene, que estas decisiones partidistas, cada vez más frecuentes, en el mundo de la legislatura, producen un gravísimo daño a la imagen de la Justicia, como tal y que provocan en la sociedad un rechazo que roza la repugnancia y una desconfianza general que va, desgraciadamente, in crescendo, situando a los jueces que cumplen con dignidad estrictamente con sus funciones en un plano que no les corresponde  y dejando la sensación de que cierto tipo de tácita corrupción, ha podido apoderarse de un sector mayoritario de los encargados de administrar justicia.
Cuando el refranero español, que suele ser bastante sabio, dice que no sólo hay que ser honrado, sino además, parecerlo, parece estar haciendo alusión a casos como el que hoy estamos tratando, pues no puede evitarse que decisiones como la que se tomó en la tarde de ayer, levanten sospechas sobre la actitud de ciertos jueces, cuyos argumentos no sólo no logran convencer a los profanos en estas materias, sino tampoco a una buena parte de sus `propios compañeros, que discrepan abiertamente y sin cortapisas, de fallos como este.
Sin saber aún cómo reaccionará el gobierno de Sánchez, que se comprometió profundamente con todas las causas sociales, pero esperando cierta contundencia en la respuesta, aunque para ello haya que legislar basándose en nuevos argumentos, todos los ciudadanos nos hemos levantado con la triste impresión de que por muchos abusos que contra nosotros cometa la Banca, jamás seremos capaces de ganar, pues el apoyo judicial que para ello precisaríamos, nos falla estrepitosamente. Es terrible tener que reconocerlo, pero a la vista de los acontecimientos, no podemos pensar otra cosa.







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