Mientras
los principales líderes de los llamados países civilizados se reúnen en Paris,
para conmemorar los cien años de la
firma de Armisticio que terminó con la Primera Guerra mundial, encabezados por
un Macron que ha basado su discurso en un enaltecimiento de la paz , en medio
de un clima claramente marcado por el cruce de miradas de algunos de los
asistentes, que uniéndose a un acto pretendidamente pacifista, contradicen a
diario con sus actitudes, aquellas ideas que pretendidamente enaltecen, como
demuestra universalmente, la marcha que están tomando a diario, determinados conflictos.
Algunos
de ellos, como Donal Trump, que se ha sumado a este recordatorio como a regañadientes, visiblemente disgustado
por la idea lanzada por el Primer Ministro francés, acerca de la necesidad de
la creación de un ejército propio que garantice la seguridad europea, podría
considerarse como el protagonista principal de un nada deseado retorno al
nacionalismo feroz que se jacta de ejercer una defensa a ultranza de la gente
oriunda de su propio territorio, esgrimiendo el falaz argumento de que todos
aquellos que intentan cruzar sus fronteras, en busca de una vida mejor, son de
manera generalizada, peligrosos delincuentes y se ha convertido, desde que
llegara al poder, en el protagonista principal de una nueva casta de políticos
con idas peligrosamente cercanas a las que preconizara el fascismo, aunque aún
no se atrevan a presentar una oposición clara y contundente a la celebración de
eventos como éste, quizá porque la opinión de la prensa, a la que tanto tratan
de denostar en sus apariciones públicas, les importa y mucho, aunque se nieguen
a reconocerlo.
Con
la guerra de Siria latente, el asesinato de Khassoggi aún candente, miles de personas ahogándose a diario en los
mares que rodean a este Continente nuestro que les niega sistemáticamente el
asilo o la caravana de la libertad que marcha hacia Estados Unidos a pie, en un
recordatorio actual de aquella otra que narrara Steinbeck en “Las uvas de la
ira” y otros graves problemas que afligen en la actualidad a este mundo
supuestamente globalizado en el que vivimos, parece del todo imposible hacer
referencia al significado real de la palabra paz y menos aún, cuando en el
discurso se omite intencionadamente la existencia de estos otros conflictos,
que manchan por la naturaleza de su crueldad, la pretendida limpieza del expediente
que estos destacados líderes mundiales intentan representar ante los ciudadanos, como si
realmente fueran valedores de los valores éticos que debieran acompañar a
cualquier movimiento pacifista que se precie, o al deseo real de alcanzar una verdadera estabilidad que evite a los
seres humanos que pueblan el planeta, toda clase de sufrimientos.
Aparentemente
convencidos de que el futuro de todos nosotros se encuentra en sus manos y negando
la evidencia de que la hegemonía del poder económico que dirige con mano de
hierro nuestros destinos, desestima también y de qué forma, todas las normas
por las que se rigen los movimientos pacifistas, la foto de este grupo tan variopinto, en el que se han mezclado hoy
junto a Macron, Merkel, Putin o Trump,
junto a otros personajes de segunda fila, como el propio Presidente español,
que también se encontraba presente, en compañía de los Reyes, por cierto, no
significa para la sociedad en general, más que un gesto carente de contenido
ideado únicamente con la intención de reforzar la supuesta buena voluntad que
algunos quieren mostrar, olvidando que vivimos en un momento en el que el
acceso a la información hace posible que todos conozcamos al detalle lo que
está ocurriendo a nuestro alrededor y contemos por ello con elementos
suficientes, para poder tomar partido.
No
se puede evocar a la paz, mientras se refuerzan las fronteras con muros o
concertinas que impiden el paso de los que huyen desesperadamente de los
efectos de las guerras, el hambre u otro tipo de violencia, ni tampoco
vanagloriarse de haber conseguido mantener una estabilidad entre naciones,
mientras la gente muere atrapada y sin
salida en países convertidos en escombreras, a causa de los efectos provocados
por las bombas, en ofensivas que se prolongan en el tiempo, convirtiéndose en
batallas eternas, ni se puede, como ha ocurrido en el discurso de Macron esta
mañana, poner más énfasis en la remembranza de un hecho acaecido cien años
atrás, que en la espantosa situación que se ven obligadas a soportar millones de
personas, en el momento en el que vivimos.
Claro
que estos conflictos considerados de carácter menor, por la mayoría de estos
líderes a los que salvaguardan las excelentes relaciones que mantienen con los
poderes del dinero, deben seguramente ser considerados, como efectos
colaterales de un mundo en el que las diferencias de clases son cada vez más
fuertes y por tanto, poco o nada importa lo que pueda ocurrir a los más
desfavorecidos, mientras los de arriba sean capaces de mantenerse en un status
privilegiado que beneficie de manera considerable la obtención de jugosos intereses.
No
quería dejar pasar la ocasión de dejar constancia de que en el mundo existimos
aún muchos a los que no nos pasan inadvertidas los auténticos propósitos de este tipo de actos tan representativos de
lo que ahora se ha dado en llamar postureo y que en cierta medida, ponen en
duda nuestra inteligencia personal y nuestro conocimiento de lo que está
ocurriendo a nuestro alrededor, calificándonos tácitamente como simples patanes
sin cultura, incapaces de ver más allá que lo que se circunscribe en nuestro
ámbito más cercano, como si la conciencia de los seres humanos hubiera sido
borrada deliberadamente por estos “prohombres” que dicen representar nuestros
más íntimos intereses.
Hacer
como que no existen esas otras realidades a las que aludimos y no luchar
denodadamente y sin tregua para cambiarlas dice mucho de la verdadera talla de estos mandatarios del primer mundo, como
personas y como políticos, aunque para su desgracia, aún queden voces que
denuncien las situaciones que con tanto ahínco tratan sin éxito de ocultar y
ojos que observan milimétricamente cada
detalle de lo que ocurre en todas partes, dejando testimonios gráficos de ello.

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