domingo, 11 de noviembre de 2018

Esos otros conflictos




Mientras los principales líderes de los llamados países civilizados se reúnen en Paris, para conmemorar  los cien años de la firma de Armisticio que terminó con la Primera Guerra mundial, encabezados por un Macron que ha basado su discurso en un enaltecimiento de la paz , en medio de un clima claramente marcado por el cruce de miradas de algunos de los asistentes, que uniéndose a un acto pretendidamente pacifista, contradicen a diario con sus actitudes, aquellas ideas que pretendidamente enaltecen, como demuestra universalmente, la marcha que están tomando a diario, determinados conflictos.
Algunos de ellos, como Donal Trump, que se ha sumado a este recordatorio  como a regañadientes, visiblemente disgustado por la idea lanzada por el Primer Ministro francés, acerca de la necesidad de la creación de un ejército propio que garantice la seguridad europea, podría considerarse como el protagonista principal de un nada deseado retorno al nacionalismo feroz que se jacta de ejercer una defensa a ultranza de la gente oriunda de su propio territorio, esgrimiendo el falaz argumento de que todos aquellos que intentan cruzar sus fronteras, en busca de una vida mejor, son de manera generalizada, peligrosos delincuentes y se ha convertido, desde que llegara al poder, en el protagonista principal de una nueva casta de políticos con idas peligrosamente cercanas a las que preconizara el fascismo, aunque aún no se atrevan a presentar una oposición clara y contundente a la celebración de eventos como éste, quizá porque la opinión de la prensa, a la que tanto tratan de denostar en sus apariciones públicas, les importa y mucho, aunque se nieguen a reconocerlo.
Con la guerra de Siria latente, el asesinato de Khassoggi aún candente,  miles de personas ahogándose a diario en los mares que rodean a este Continente nuestro que les niega sistemáticamente el asilo o la caravana de la libertad que marcha hacia Estados Unidos a pie, en un recordatorio actual de aquella otra que narrara Steinbeck en “Las uvas de la ira” y otros graves problemas que afligen en la actualidad a este mundo supuestamente globalizado en el que vivimos, parece del todo imposible hacer referencia al significado real de la palabra paz y menos aún, cuando en el discurso se omite intencionadamente la existencia de estos otros conflictos, que manchan por la naturaleza de su crueldad, la pretendida limpieza del expediente que estos destacados líderes mundiales intentan  representar ante los ciudadanos, como si realmente fueran valedores de los valores éticos que debieran acompañar a cualquier movimiento pacifista que se precie, o al deseo real de alcanzar  una verdadera estabilidad que evite a los seres humanos que pueblan el planeta, toda clase de sufrimientos.
Aparentemente convencidos de que el futuro de todos nosotros se encuentra en sus manos y negando la evidencia de que la hegemonía del poder económico que dirige con mano de hierro nuestros destinos, desestima también y de qué forma, todas las normas por las que se rigen los movimientos pacifistas, la foto de este grupo tan  variopinto, en el que se han mezclado hoy junto a Macron, Merkel, Putin o  Trump, junto a otros personajes de segunda fila, como el propio Presidente español, que también se encontraba presente, en compañía de los Reyes, por cierto, no significa para la sociedad en general, más que un gesto carente de contenido ideado únicamente con la intención de reforzar la supuesta buena voluntad que algunos quieren mostrar, olvidando que vivimos en un momento en el que el acceso a la información hace posible que todos conozcamos al detalle lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y contemos por ello con elementos suficientes, para poder tomar partido.
No se puede evocar a la paz, mientras se refuerzan las fronteras con muros o concertinas que impiden el paso de los que huyen desesperadamente de los efectos de las guerras, el hambre u otro tipo de violencia, ni tampoco vanagloriarse de haber conseguido mantener una estabilidad entre naciones, mientras  la gente muere atrapada y sin salida en países convertidos en escombreras, a causa de los efectos provocados por las bombas, en ofensivas que se prolongan en el tiempo, convirtiéndose en batallas eternas, ni se puede, como ha ocurrido en el discurso de Macron esta mañana, poner más énfasis en la remembranza de un hecho acaecido cien años atrás, que en la espantosa situación que se ven obligadas a soportar millones de personas, en el momento en el que vivimos.
Claro que estos conflictos considerados de carácter menor, por la mayoría de estos líderes a los que salvaguardan las excelentes relaciones que mantienen con los poderes del dinero, deben seguramente ser considerados, como efectos colaterales de un mundo en el que las diferencias de clases son cada vez más fuertes y por tanto, poco o nada importa lo que pueda ocurrir a los más desfavorecidos, mientras los de arriba sean capaces de mantenerse en un status privilegiado que beneficie de manera considerable la obtención de jugosos intereses.
No quería dejar pasar la ocasión de dejar constancia de que en el mundo existimos aún muchos a los que no nos pasan inadvertidas los auténticos propósitos  de este tipo de actos tan representativos de lo que ahora se ha dado en llamar postureo y que en cierta medida, ponen en duda nuestra inteligencia personal y nuestro conocimiento de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, calificándonos tácitamente como simples patanes sin cultura, incapaces de ver más allá que lo que se circunscribe en nuestro ámbito más cercano, como si la conciencia de los seres humanos hubiera sido borrada deliberadamente por estos “prohombres” que dicen representar nuestros más íntimos intereses.
Hacer como que no existen esas otras realidades a las que aludimos y no luchar denodadamente y sin tregua para cambiarlas dice mucho de la verdadera talla  de estos mandatarios del primer mundo, como personas y como políticos, aunque para su desgracia, aún queden voces que denuncien las situaciones que con tanto ahínco tratan sin éxito de ocultar y ojos que observan  milimétricamente cada detalle de lo que ocurre en todas partes, dejando testimonios gráficos de ello.





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