lunes, 5 de noviembre de 2018

El rastro de las palabras




Tras haberse hecho público el contenido de  nuevas grabaciones de las conversaciones de Villarejo, a María Dolores de Cospedal no le ha quedado otra salida que presentar esta mañana la dimisión de su cargo en la Ejecutiva del PP, argumentando que lo hace por no perjudicar a su Partido, aunque esto no parece importarle demasiado, cuando decide conservar el escaño que ocupa en el Congreso, como supuesta representante electa en las urnas, por una buena parte de los españoles.
Acorralada por el rastro que han dejado sus reuniones con el ex Comisario y por la naturaleza de las peticiones que aparecen en las grabaciones que está filtrando la prensa estos días, en las que se la oye pedir claramente una investigación sobre  la vida personal del hermano del entonces Ministro, Alfredo Pérez Rubalcaba y otra sobre los movimientos de su compañero de Formación, Javier Arenas, con el que siempre tuvo una mala relación por todos conocida, su salida se ha visto precipitada inesperadamente, ahora que pensaba haberse asentado como un elemento imprescindible al lado de Pablo Casado, al que se agarró como a una tabla de salvación en cuanto entendió que sería el ganador de las primarias y al que prestó inmediatamente su apoyo para evitar el triunfo de Soraya Sáinz de Santamaría.
La deuda adquirida por Casado con esta mujer, que ha sido durante muchos años considerada como un puntal básico en el Partido Popular  y que se ha caracterizado por  una acumulación de cargos que en cierta medida traspasaba todas las líneas de la ética, no le ha impedido tener que forzar su dimisión, pues como ya hemos dicho muchas veces, en esto de la Política, no existen las amistades verdaderas y eternas.
Como un jarro de agua fría ha debido sentarle a la ex Ministra y a su marido tener que abandonar el primer plano de la escena política por la puerta de atrás, tanto, que ha decidido hacerlo a través de un comunicado, sin querer o poder atreverse a enfrentarse a las preguntas de los profesionales de los medios, a pesar de que muchos de ellos aún tenían hoy la osadía de continuar defendiendo su inocencia, llegando al extremo de pedir insistentemente la dimisión de la Ministra Delgado, como si la comida a la que asistió con Villarejo fuera comparable en importancia a esta especie de oscura trama de vigilancias, gestada en los despachos de Génova.
No esperaba Cospadal durar tan poco en la nueva Ejecutiva de Casado y menos aún por una causa tan desagradable como ésta, aunque puede intuirse por su actitud que no debe tener la conciencia tranquila, sobre todo si está segura de que existe mucho más material del que se ha publicado hasta ahora y por ese motivo, se guarda las espaldas conservando un escaño en el Congreso que le asegura un aforamiento que la protegería en el caso de que la justicia considerara en algún momento imputarla, pues la gravedad de los hechos que se relatan, seguramente lo aconsejaría.
Entretanto, el silencio de Pablo Casado sobre el tema evidencia la que ha debido ser una de las mayores decepciones que se ha llevado en su vida, pues en honor a la verdad, habría que decir que jamás hubiera conseguido llegar dónde está, de no haber sido por el apoyo que  le supusieron los votos que Cospedal había recibido de parte de una buena parte de compromisarios, a los que aconsejó sumarse a la candidatura de Casado, cuando quedó claro que ella no tenía la menor posibilidad de ganar los comicios.
Pero la evidencia de las publicaciones aparecidas durante los últimos días no han permitido al recién llegado otra alternativa que forzar esta dimisión que seguramente le ha dolido en el alma, pero que de no haberse producido, podría haber lesionado gravemente la imagen de limpieza que necesita imperiosamente transmitir, para poder dejar atrás el escabroso pasado de  los casos de corrupción que han perseguido al PP, durante los últimos años.
Cospedal era seguramente, uno de los últimos eslabones que recordaban a diario que determinadas cosas habían sucedido y su permanencia en la Ejecutiva se encontraba estrechamente relacionada mucho más  con la gratitud que con las preferencias personales de Casado, que con toda seguridad, estará deseando librarse de cualquiera de estos personajes que pertenecieron a una época de la Formación que sería mejor poder olvidar, a la mayor brevedad posible.
A veces, la vida ofrece inesperadas sorpresas que por una suerte de azar colocan a cada cual en su sitio, devolviendo a otros lo que perdieron en el camino y estamos seguros de que la dimisión forzosa de Cospedal ha debido complacer de manera especial a Soraya Sainz de Santamaría, que en justicia sería quien debería estar ocupando el sitio que le arrebató casado, gracias al incondicional apoyo de su más ferviente enemiga.
Que Cospedal continúe manteniendo el escaño no puede sino parecernos una prueba evidente de que está dispuesta a luchar por no perder los privilegios que le ofrece permanecer en primera línea de juego, pero como ya hemos dicho reiteradamente, todos nos convertimos en esclavos de nuestras palabras y el rastro que éstas dejan, pueden perseguirnos durante toda nuestra vida.
La marcha de este singular icono del PP y sobre todo los motivos que han forzado su salida, ofrece al Gobierno de Pedro Sánchez un buen argumento con el que contratacar las críticas que su gestión está recibiendo por parte de los ultraconservadores de Casado, pues deja al descubierto que en esto de las cloacas del poder, el PP se lleva la palma, aunque hasta ahora pudiera pensarse, por ejemplo, que algunos personajes del PSOE, habrían sido los principales artífices de esta suerte de maniobras oscuras, de las que todos abominamos, naturalmente.
Tanto acusar a Rubalcaba de estar detrás de una serie de asuntos turbios literalmente encaminados a minar la imagen de los populares y ahora resulta que se ha convertido en una víctima, demostrando que la verdad termina por aparecer en cualquier momento, ofreciendo segundas oportunidades a quienes creíamos que lo tenían todo perdido.




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