Sin
habernos podido recuperar aún del asunto de la sentencia del Supremo , ni de la
noticia que saltaba ayer por la tarde, cuando María Dolores de Cospedal decidía
dejar su escaño en el Congreso y abandonar la política activa, los ciudadanos nos levantamos hoy con la información de que los mossos han
detenido a un francotirador que fuertemente
armado con varias escopetas y
explosivos, pretendía atentar contra la vida del Presidente Sánchez, al más
puro estilo americano y poniendo como excusa su total desacuerdo con la exhumación
del cadáver de Franco del Valle de los Caídos.
Según
información policial, de momento parece que este individuo podría tratarse de
un lobo solitario que afortunadamente no ha logrado consumar su objetivo,
aunque imagino que el asunto reviste la suficiente gravedad como para que se
continúe investigando si hay alguien más detrás de esta rocambolesca historia
que no hace sino afianzar la idea de que determinados grupos de ultraderecha parecen
estar dispuestos a tratar de boicotear, como sea, esta acción programada por el
Gobierno.
Pedro
Sánchez, que ayer mismo anunciaba, tras conocer la sentencia del Supremo, su intención
de aprobar hoy mismo un Decreto Ley que libre a los españoles, a partir de
ahora, del pago de los impuestos derivados de las hipotecas y que continúa
confiando en poder convencer a los separatistas catalanes de que le apoyen,
para poder aprobar sus presupuestos, ha adoptado una línea de gobierno que
parece tener ostensiblemente enojadas a las tres Formaciones de derechas que
conviven en este momento en el país, cuestión que le está acarreando una serie
incontable de enemigos, cuya sed de venganza empieza a parecer insaciable y más
que evidente.
El
asunto Cospedal, que hace un daño irreparable a la proyectada imagen de
limpieza que Casado pretendía dar al PP, en un intento a la desesperada por
romper con un pasado de corruptelas que sin embargo les perseguirá para siempre
indefectiblemente, no sólo remueve intensamente los malos recuerdos de los
casos de corrupción que costaron a Rajoy y los suyos la pérdida del poder, sino
que los relaciona directamente con oscuras maniobras urdidas en los despachos
de su propia Sede, en la que ya se movía, entre otros, el actual Secretario General
del Partido.
Sin
poder olvidar que Casado se alzó con el poder en las primarias, gracias
precisamente al apoyo que le prestaron los compromisarios que se habían inclinado
antes por Cospedal, para evitar a toda costa que la elección recayera en Soraya
Sáinz de Santamaría, lo natural, ahora que han salido a la luz estas
vergonzosas grabaciones que han provocado la marcha de su socia, por la puerta
de atrás, sería que el líder conservador presentara también su inmediata
dimisión o al menos, convocara un nuevo proceso de primarias que le ratificaran
o no, en su puesto.
Naturalmente,
eso nunca sucederá, pues Cospedal basa su marcha en un deseo de no querer
perjudicar en nada a su partido, aunque todos sabemos que la realidad es que no
podía permanecer de ninguna manera en su puesto, dada la gravedad de las
acciones milimétricamente preparadas que todos hemos podido oír en las
grabaciones y que constituyen una verdadera vergüenza, por la naturaleza de los
medios que se emplearon para conseguir fines del todo inconfesables.
Y
sin embargo, toda la ira del PP, se concentra en sus críticas a Sánchez, sin
reconocer que la mayoría de las veces se encuentran dentro de sus filas, sus
más férreos enemigos ni tampoco que los tiempos en que llenaban plazas de toros,
se han ido para no volver, teniendo en cuenta que las lealtades con las que
parecían contar incondicionalmente, han quedado ahora divididas en tres
facciones encabezadas por líderes distintos, dispuestos a hacerse, empleando
métodos de extrema contundencia, con la mayoría de los votos fijos de la
derecha.
El
frustrado atentado contra Pedro Sánchez viene a demostrar que las derechas de
este país están labrando a pulso un crecimiento rápido y extremo del clima de
crispación entre los ciudadanos y que cuando se juega con fuego, aunque las
intenciones sean meramente de carácter electoralista, a veces terminan por producirse
incendios que luego no hay manera de controlar, pues no todo el mundo posee la
suficiente frialdad emocional que permite reconocer que en política, unas veces
se gana y otras se pierde.
Estos
lodos vienen de los fangos provocados deliberadamente en actos como el celebrado
por Rivera y por VOX, el pasado Domingo en Alsasua y que enaltecen una clase de
patriotismo que insufla en las masas un deseo incontrolable de venganza que nace en el interior de algunos individuos incapaces
de aceptar los principios fundamentales por los que se rige una Democracia y
menos aún, hechos puntuales que como en el caso de la exhumación del dictador,
provocan en ellos la sensación de que poder eliminar de la escena a quiénes
consideran sus peores enemigos, constituyen, a los ojos de sus propios
correligionarios, un acto de puro heroísmo.
Trazar
las líneas entre lo que significa literalmente respetar la libertad de
pensamiento y estas provocaciones
gratuitas que se llevan a cabo bajo el amparo de este inalienable derecho, pero
de manera burda y tácitamente violenta, urgen en estos momentos de delicadeza extrema que vivimos y habría que
clarificar plenamente hasta dónde se puede llegar en la organización de según qué
convocatorias, que quizá deberían ser inmediatamente desautorizadas, por lo que
esconden debajo de esa supuesta intención de pasear un tipo de españolización,
basado en un exhibicionismo feroz de determinados símbolos que en realidad, no
son propiedad exclusiva de quién los porta en calles y plazas.
La
detención de este individuo, por cierto experto en el manejo de armas de fuego,
es la voz de alarma que nos avisa de lo que se podría estar cociendo en estos
momentos en el país, por lo que sería aconsejable, para líderes como Casado y
Rivera, moderar el tono de exaltación que están empleando últimamente en todas
sus intervenciones, pues por mucho que les pese, los Partidos de izquierdas y
también los nacionalistas catalanes y vascos, han sido, exactamente igual que
ellos, elegidos en las urnas por los votos de millones de ciudadanos.
Ignorar
el aviso, continuar calentando el ambiente, como si Pedro Sánchez hubiera
llegado al poder de manera ilegítima, sólo porque está tratando de hacer unas
políticas que a las derechas no les interesan, sería, como despreciar
inaceptablemente la voluntad de una buena parte de esta sociedad, que por
cierto, no les pertenece ni tiene la obligación de pensar de la misma manera
que ellos.
La
violencia, que ha de ser necesariamente denostada en todos los casos, cuando es
empleada para atentar contra los pilares de la Democracia, se convierte en inadmisible
y repulsiva y sólo puede traer consigo, respuestas de similar calibre que
lleven a situaciones caóticas que terminen por lesionar gravemente el Estado de
derecho.

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