Como
si el mundo judicial no estuviera ya suficientemente revuelto y su credibilidad
tan debilitada a ojos de una ciudadanía que ha perdido totalmente la confianza
en su funcionamiento, Jueces y Fiscales convocan ahora una huelga para el 19
del presente mes, en la que tratarán de mostrar su total desacuerdo con el modo
y la forma en que ha sido elegido el Presidente del CGPJ, por el que dicen no
sentirse representados en absoluto.
Reclamando
una participación más activa en la elección de cargos judiciales y una
independencia total para el poder judicial que ha quedado completamente en
entredicho por el intrusismo continuo en sus labores, por parte de los
políticos, estos profesionales, probablemente desencantados también con la
marcha de los asuntos legales que han quedado profundamente debilitados al
haberse producido ciertos acontecimientos sin precedentes, se ponen el mundo
por montera y se lanzan a las calles, como queriendo formular una declaración
de principios que ratifique su
compromiso con la práctica de las profesiones que eligieron, queriendo dejar
claro que quienes actualmente aparecen como sus principales representantes, no
coinciden en nada, con la naturaleza de su pensamiento.
Ha
de ser necesariamente verdad que no todos los jueces y fiscales de este país
han quedado contaminados por la manipulación que se intenta desde el mundo de
la política, del poder judicial y que una buena parte de ellos probablemente no
estarían dispuestos a condescender con las sugerencias que se les hacen desde
las más altas esferas, pero la realidad cotidiana, lo que se opina en general
en la calle, termina por salpicarles en igual medida, haciéndoles perder
igualmente una credibilidad que posiblemente, a nivel estrictamente personal,
nunca pusieron en juego.
Es
lógico pues, que renieguen de esos representantes que son elegidos, mano a
mano, por los dos principales Partidos políticos y que en justicia, reclamen
participar activamente en esas elecciones, siendo ellos como son, precisamente
los que mejor conocen los entresijos de su mundo particular y la valía
profesional de todos y cada uno de sus compañeros.
La
huelga, que supone un grito desgarrador que denuncia el terrible deterioro que
está sufriendo el mundo judicial y la escasa separación de poderes que existe
actualmente en un país, dónde debieran primar siempre los principios de la Democracia,
viene a corroborar a su vez, lo que los ciudadanos venimos observando a diario,
desde hace demasiado tiempo, sin que tengamos opción a poder actuar, como nos
gustaría, para garantizar la independencia de la Justicia.
Que
jueces y fiscales no pueden ser del todo apolíticos, ya lo asumimos y sabemos,
pero que sus ideologías personales y la lealtad hacia los Partidos que las
representan, se antepongan a los principios por los que debe regirse su
profesionalidad, resulta ser del todo inaceptable, sobre todo cuando se trata
de garantizar la igualdad que todos merecemos ante la Ley, sin que esta pueda
ser manchada por determinadas interferencias.
Yo
añadiría que quizá la mejor manera de elegir a los representantes judiciales fuera
precisamente el Sufragio Universal y que en la misma medida en que se convocan
elecciones para escoger de forma directa
a nuestros cargos políticos, también podrían organizarse otras encaminadas
únicamente a esta función, que de manera tan directa atañe a todos y cada uno
de los ciudadanos.
Seguramente
así, muchas de las barbaridades que están ocurriendo en los tribunales de
justicia se verían frenadas por el temor de estarse jugando el puesto en las
próximas elecciones y sobre todo, de algún modo, jueces y fiscales quedarían
del todo liberados de las presiones políticas que ahora reciben, al no ser los
políticos de turno los encargados de asignar determinados puestos de vital
importancia.
La
poca credibilidad que queda a la Justicia en este país, no va a corregirse
desde luego, con la celebración de la huelga, pero sí podría decirse que de su
éxito podría depender que los políticos se aviniesen a reflexionar un poco más,
sobre la responsabilidad que tienen en el debilitamiento de la imagen de su
imparcialidad.

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