Sin
que nadie se hubiera atrevido, hasta ahora, a poner freno a su desmedida
ambición y contando con el apoyo de una controvertida sentencia que ha puesto
en la calle a cientos de miles de personas, los Bancos se frotaban las manos en
la creencia de que podrían continuar abusando de la confianza de sus clientes,
a los que han estado maltratando reiteradamente, con cláusulas inadmisibles y
presuntas estafas de capital que han ayudado
considerablemente a aumentar un volumen de beneficios con los que ni siquiera
han tenido la decencia de empezar a devolver el rescate que ha endeudado a
todos los españoles.
Seguros
de que estando la justicia de su parte el debate sobre los impuestos de las
hipotecas quedaría paralizado y contando con la aquiescencia de determinados
Partidos políticos que les han consentido campar libremente por sus respetos, durante
muchísimos años, el Decreto dictado por Sánchez, aun siendo del todo
insuficiente por no contemplar la retroactividad, ha supuesto un punto y aparte
en el tipo de relaciones entre el poder político y la banca, dando a entender
que a partir de ahora, habrá de olvidarse de llevar a cabo acciones de dudosa
legalidad en total impunidad, pues probablemente será severamente vigilada,
fundamentalmente porque tiene una deuda con los españoles, desde que entre
todos nos viéramos obligados a rescatarla de la ruina que se le venía encima, a
causa de la espantosa gestión que habían llevado a cabo, con los depósitos de
todos los ciudadanos.
Sin
embargo, parece difícil y bastante improbable que estas entidades financieras
se rindan a la aplicación del Decreto sin luchar y mucho nos tememos que en
breve empiecen a aplicar nuevas normas en la concesión de hipotecas, que como siempre, acaben
perjudicando al bolsillo de sus clientes, es decir, a todos nosotros.
Las
manifestaciones que se llevaron a cabo el sábado por la tarde en todo el país,
a las puertas de los tribunales de Justicia, constituyen, no obstante, un aviso que
clarifica meridianamente que una buena parte de la sociedad no está dispuesta a
tolerar más engaños por parte de la banca, ni es proclive a acatar las
sentencias que perjudiquen claramente sus intereses, a favor de los más
poderosos, lo que querría decir que una buena mayoría de la gente estaría
dispuesta a luchar porque le fueran respetados todos y cada uno de sus derechos
y sobre todo, por conseguir cambiar la naturaleza de una Justicia, claramente
orientada hacia el lado que conviene a los intereses de los más poderosos.
Tampoco
el Gobierno parece dispuesto a seguir amparando el despotismo que estas
entidades han venido demostrando contra los firmantes de las hipotecas, a los
que no han tenido ningún problema en desahuciar, en cuanto se ha producido el
impago de un par de recibos, sin contemplar las razones que fueran, demostrando
que los gravísimos efectos que nos ha
traído a todos esta crisis, no ha afectado en modo alguno a este poderosísimo
sector, que ha continuado obteniendo altísimas rentabilidades, incluso en los
peores y más amargos momentos.
La
puesta en marcha del nuevo Decreto, no puede quedarse en un mero gesto de oposición
al poder de la banca, sino que debe, necesariamente, acompañarse de una vigilancia
que no de tregua a estos Organismos para organizar nuevas fórmulas de
enriquecimiento y aunque para ello haya que crear un cuerpo de inspectores
dedicado exclusivamente a este fin, bien vale la pena intentarlo, si se
consigue de una vez, poner freno al descaro con que se mueven y manifiestan
estas Entidades que sobreviven, no lo olvidemos, gracias a los depósitos de sus
clientes.
Leía
yo el otro día una propuesta que me pareció interesante y sencilla de poner en
práctica, si todos nosotros quisiéramos y que no es otra que la de retirar, el
mismo día, cada uno, cien euros, de nuestras cuentas bancarias, como aviso de
lo que podría ocurrir, si en un momento determinado decidiéramos llevarnos
todos nuestros ahorros a casa, en respuesta a los abusos que durante años hemos
sufrido.
La
fórmula, que podría parecer en principio un poco populista, no supondría sin
embargo, ningún perjuicio, para los usuarios de estas Entidades en concreto y
sí mucho para los que ignorando reiteradamente los problemas que acucian a las
personas, han debido creer que lo que allí se encuentra depositado es de su
exclusiva propiedad y que por tanto pueden disponer del montante total, para
cualquier fin que en un momento determinado les parezca oportuno.
Esta
sería una manera de decirles que no. Que el dinero que custodian a cambio de
recibir de nuestra parte jugosas comisiones, es de nuestra absoluta pertenencia
y que por tanto podríamos, si quisiéramos, reclamarlo en su totalidad, para
traérnoslo a casa, si así lo decidimos libremente, por las razones que fueran.
De
nosotros depende pues, que la banca funcione o se arruine, como cualquier otro
negocio y probablemente ha llegado el momento de recordárselo, para que vayan
abandonando la idea de que nuestra fidelidad es eterna.

No hay comentarios:
Publicar un comentario