domingo, 4 de noviembre de 2018

Fabricando nuevos conflictos




Mientras el problema catalán alcanza uno de sus momentos más álgidos, debido al evidente desacuerdo surgido entre la Fiscalía y la Abogacía del Estado, a la hora de atribuir una calificación a los presuntos delitos cometidos por los líderes presos, el argumento que durante meses ha sustentado el discurso de los Partidos de  la derecha española, ahora dividida en tres, por razones que en este instante no vienen al caso, empieza a perder cada vez más relevancia, por la proximidad de los juicios y urgía encontrar un modo de poder seguir perpetuando ese testimonio de supuesto patriotismo de símbolos y banderas, que tan buenos frutos ha venido dando, sobre todo a Rivera y a los suyos, gracias a la impagable colaboración de una Inés Arrimadas que ha sabido ganarse la confianza de un buen número de catalanes que desean continuar formando parte del territorio español y que no se han sentido representados por nadie más que por ella, a lo largo del tiempo que ha durado el proceso.
Casi seguros de que Pedro Sánchez no conseguirá finalmente sacar los presupuestos adelante, tras conocerse que los secesionistas dan por rotos los posible acuerdos a los que podían haber llegado con el Presidente, a causa de la enorme cantidad de años de prisión que pide la justicia para sus líderes presos, PP, Ciudadanos y VOX han supuesto, quizá con un poco de ligereza, que al socialista no le quedará otro remedio que convocar nuevas elecciones y han puesto en marcha todos los resortes a su alcance, para tratar de conseguir los votos de todos aquellos a los que han convencido de que la unidad de España se estaba tambaleando, pero que no acababan de creer que podría producirse una ruptura del todo inminente.
Con el ambiente sumamente enrarecido en Catalunya y los independentistas en las calles reclamando la libertad para sus encarcelados, a Rivera se le ha ocurrido que podría ser una buena idea convocar un acto de reafirmación de su españolidad, nada menos que en Alsasua, una localidad navarra que durante años ha seguido una trayectoria claramente abertzale y que seguramente ha sido elegida precisamente por eso, para comenzar a fabricar un nuevo conflicto que se sume inmediatamente al catalán y que deje claro a esos votantes aun indecisos,  la contundencia del único argumento que ha ofrecido a los Ciudadanos de Rivera, alguna oportunidad de llegar a alcanzar el poder, teniendo que contar o no, con las otras Formaciones de derechas, para poder formar un gobierno.
La idea, que ha sido inmediatamente secundada por los populares y por VOX, que se han paseado por las calles de Alsasua junto Rivera, entre fuertes medidas de seguridad, al ser recibidos por la mayor parte de la población en medio de un clima de rechazo total rayano en la violencia, parece haber logrado sin embargo, una de sus primeras pretensiones y un Albert Rivera crecido por el orgullo de su supuesta hazaña, se ha subido al estrado construido para tal fin, para ofrecer a la concurrencia un discurso enardecido de patrioterismo barato que sin embargo, lograba inflamar los ánimos de los que lo rechazaban desde la distancia, casi al mismo tiempo que el de los que le habían acompañado hasta el territorio navarro, desde  sus diversos puntos de origen.
Logrado el objetivo de su provocación y habiendo puesto la primera piedra para la posible creación de un nuevo problema, Rivera ha ofrecido en directo a todos los españoles lo que podría ser el germen de un levantamiento popular, ahora situado en pleno corazón del País vasco y
Navarra, como un segundo foco de resistencia, olvidando que en este caso en particular, aún no han se han podido cerrar las profundas heridas que dejaron tras de sí más de cuarenta años de enfrentamientos y prácticas de terrorismo que los ciudadanos tratan ahora de superar, pero que bien podrían reabrirse de nuevo, si se ofrecieran excusas que potenciasen un recrudecimiento.
Por segunda vez en pocos meses,  Albert Rivera basa el grueso de su política en supuestos que da por sentados aunque aún no se hayan producido, movido  por su indescriptible ambición de poder y aprovechando las circunstancias desfavorables que sacuden a sus competidores más cercanos, ahora que Casado se ha visto envuelto en las escuchas a Cospedal y VOX no cuenta todavía, más que con una representación casi testimonial, en el espacio que ocupan en este país, los tradicionales votantes de las derechas.
Y sin embargo, el proyecto de Pedro Sánchez todavía podría reconducirse si como parece, Oriol Junqueras estuviera dispuesto a separar el caso de los presupuestos de la cuestión de los presos y el PdeCat de Puigdemont accediera a abstenerse en la votación, para evitar que en nuevas elecciones pudiese ganar la derecha, por lo que este adelanto de intenciones, que deja entrever las verdaderas intenciones de Rivera, bien podría volverse en su contra, regalándole de nuevo, un estrepitoso fracaso
Basar un programa en un único punto, intentar convertir   la confrontación entre ciudadanos,en una vía de acceso al poder, sin mostrar en ningún momento ninguno de los proyectos que su Formación pondría en marcha, en el caso de gobernar, en planos tan importantes como el económico o el social, parece, observado desde fuera, más bien una obsesión compulsivamente instalada en la mente de este político en particular, que no puede o no quiere construir más futuro para nuestra sociedad, que ese en el que siempre han de estar presentes, los símbolos y las banderas.
En contraposición a su propia manera de comportarse, la aversión que siente hacia los emblemas y las insignias que otros exhiben como suyas, evidencia un autoritarismo feroz que niega por sistema, el respeto a la libertad de pensamiento que tanto reclama para los que comparten su ideario, como si fuera el único que pudiera tener cabida en un país tan diverso como el nuestro.
Caer en su provocación, acudir al ojo por ojo y diente por diente, que sería quizá la respuesta más fácil que pudiera esperarse en un caso de estas características, constituiría, sin embargo, un error que podría acarrearnos gravísimas consecuencias, pues ese es precisamente el objetivo que pretende conseguir quién lleva soñando con ocupar la Moncloa, convertido en salvador de España, desde hace mucho tiempo.
Obligatoriamente habría que advertir a los votantes de centro y también a los que pertenecen a una derecha civilizada que asume que en el juego de la democracia, unas veces se gana y otras se pierde, que Rivera constituye, sin lugar a dudas, un peligro cada vez mayor y que lo único que podría esperarse de su triunfo, si alguna vez llegara a consumarse, sería tener que vivir bajo el yugo de un autoritarismo feroz que en nada ayudaría a mantener la convivencia pacífica entre personas que por derecho, son fieles a su propia ideología, posicionándose claramente a favor de las izquierdas o las derechas, pero nunca dispuestas a someterse a la tiranía del pensamiento único que parece personificar Rivera.
Tener o no tener una idea de patria basada fundamentalmente en la exhibición de determinados colores, despreciar abiertamente y sin dar una oportunidad al diálogo a los demás, abominando de la conciliación necesaria para lograr la resolución de los conflictos, es un argumento que por desgracia, conocemos muy bien los que tuvimos la mala suerte de tener que malvivir en los años de oscuridad de la dictadura franquista.
Lo que hemos visto hoy en Alsasua y lo que oímos cada vez con mayor frecuencia de los labios de Albert Rivera, indefectiblemente nos traslada a esa etapa de niebla y de forzoso silencio.
Excuso decirles que no nos gustaría nada tener que repetir la experiencia.    


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