domingo, 23 de julio de 2017

Mis queridos lectores:


Tras un intenso año de noticias, que hemos tratado de plasmar como realmente ocurrieron y sin tener que soportar las presiones que infunden los poderes a los medios convencionales, llega la hora del merecido descanso estival, aunque en estos momentos, he de reconocer que el panorama que nos circunda no ha perdido un ápice de interés y que produce cierta desazón abandonar  la tarea diaria, aunque las compensaciones que se ofrecen a cambio, en el plano amistoso y familiar, merezcan realmente la pena.
Quiero, como otras muchas veces hice anteriormente, agradecer la fidelidad de todos los que siendo para mí absolutamente desconocidos, han tenido la deferencia de sentarse a leer mis artículos todos los días y sin los que sería imposible continuar, por aquello de que la vanidad del autor podría verse seriamente afectada y también porque en cierto modo, entre ustedes  y yo, se ha establecido cierta querencia, difícil de explicar al no existir entre nosotros más vínculo que el mensaje que trato de transmitir cuando me siento en la soledad de esta habitación, para contar una noticia.
Mucha gente abomina de la política, convencida de que los que la llevan a la práctica forman parte de un grupo de individuos despiadados, capaces de hacer cualquier cosa por obtener una parcela de poder, pero su razonamiento pierde fuelle desde el instante en que quiéranlo o no, la política maneja sus vidas y las de todos, condicionando  el destino de los pueblos y por tanto, parece lógico que al menos, sepamos a qué atenernos, por medio de la poca o mucha información que se nos transmite, para después tomar las decisiones que consideremos oportunas, acorde con lo que esté ocurriendo.
A ustedes, está claro, y a mí, este mundo de truculencia teatral y luchas encarnizadas, escandaloso y violento, donde los haya, carente de sentimientos y tragicómico, que a veces muestra con crudeza extrema todo lo que los seres humanos son capaces de hacer, nos fascina y es por eso y porque la resignación y la mansedumbre nunca resultaron ser buenas consejeras para el género al que pertenecemos, que muchos decidimos defender la transparencia por encima de la opacidad y atrevernos a opinar libremente sobre la complicada realidad cotidiana que nos aflige, en este mundo globalizado que camina a pasos agigantados, si no se remedia, hacia una rápida auto destrucción, para desgracia de cuántos amamos tanto a la Tierra.
En el plano nacional, ha sido este un año especialmente farragoso, en el que hemos sufrido los efectos de un tsunami de corrupción que no parece tener visos de amainar, a la vista de lo que vamos conociendo, pero también, un periodo en el que se han venido sucediendo una serie de cambios, que preludian, por su intensidad, el final de una era de alternancia en el poder, que no complace en absoluto a las cabezas principales del bipartidismo, pues parecen haberse alineado en un frente común, dejando de lado las diferencias ideológicas que parecían separarles, con tal de no dejar marchar ciertas posiciones de privilegio, que han ostentado durante demasiado tiempo.
Hemos tenido, guerras partidistas llevadas hasta las últimas consecuencias, repetido elecciones, soportado estoicamente el manido discurso de las presunciones de inocencia de los que después resultaron culpables, visto a toda una Infanta, sentarse en el banquillo de los acusados, para declararse por voluntad propia, poco menos que idiota y buscado sin conseguirlo, una explicación lógica, a que el PP continúe en el Gobierno.
Nos han mentido, manipulado e intentado hacer creer historias que resultaban inconcebibles, utilizado en beneficio propio, a través de promesas electorales que nunca se cumplieron, apretado hasta la saciedad, obligándonos a malvivir mientras los corruptos malversaban a manos llenas los recursos que por cierto, eran nuestros y hasta acusado de producir presiones a gente que por causas ajenas a la voluntad de los ciudadanos, simplemente, se ha muerto, tratando de crear una intensa cortina de humo que tape la podredumbre que se cierne impunemente  alrededor y que pone en el punto de mira, a los “prohombres” que en muchos casos no son, más que probados delincuentes.
También hemos tenido alguna que otra alegría, sería imperdonable negarlo, como la irrupción de nuevas Fuerzas en el Parlamento, que por cierto y pese al evidente enojo de los viejos Partidos, han venido para quedarse y con la intención de tratar de transformar este Sistema decididamente deteriorado, por el mal hacer de los que se consideran a sí mismos, salvadores de una Patria, que sin embargo, a todos nos pertenece.
Y en esta tesitura, hemos llegado al verano caliente que estamos  viviendo y en el que por primera vez, las noticias continúan sucediéndose al mismo ritmo vertiginoso, que en épocas más frías, por lo que da cierto recelo marchar, aparcando esta práctica delirante, por unas cuantas semanas, en las que podría suceder cualquier cosa, que lamentaríamos perdernos.
Sin embargo, resultaría incoherente defender los derechos de los trabajadores y renunciar a las vacaciones, al mismo tiempo, por lo que toca, a partir de hoy, desconectar, cerrar el equipo y mirar a los días que se avecinan, con esperanza e ilusión, sin que nada ni nadie estropee esta oportunidad anual de cambiar de paisajes y practicar otras actividades  no relacionadas con el submundo de la política.
Si ustedes están a punto de hacer lo propio, deshiníbanse,  saquen partido de las situaciones que vivan, amen cuánto tengan que amar y déjense llevar, aunque sólo sea brevemente, por la fuerza natural de sus sentimientos. Toquen con la punta de los dedos, la felicidad y no miren atrás, que ya habrá tiempo, cuando volvamos a la rutina, de retomar contactos, luchas e intenciones, para lo que se avecine luego.

Así que me atrevo a mandarles un beso.

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