Mucho tiempo llevaban los periodistas deportivos denunciando
sin éxito la multitud de irregularidades que parecían estar cometiéndose en la
Federación Española de Fútbol y mucho también, sospechando que a través de su
dirección, que ha ostentado Ángel María Villar, por un largo periodo de
veintinueve años, se venían ocultando turbios asuntos relacionados directamente
con una interminable trama de corrupción, que parece haber llegado hoy a su fin, con la detención
del citado Presidente y el registro, que a estas horas aún continúa, de la sede
federativa y otros lugares, en los que la policía podría encontrar la
información necesaria para llevar ante la justicia, a quienes se decida imputar
por estos delitos.
Regularmente, hemos venido leyendo y fundamentalmente oyendo
a través de la radio, el relato esperpéntico de cómo supuestamente se compraban
y vendían cargos y privilegios dentro del máximo organismo representante del
que se considera deporte estrella en este país y de cómo este Presidente, que
durante todo su mandato se ha negado de manera sistemática y ciertamente
sospechosa a hablar con los medios, se
veía una y otra vez, salpicado por una serie de dudas razonables que ponían
claramente en entredicho su manera bastante opaca de actuar y sobre todo, que existiendo
estas razones, conseguía mantenerse en el cargo, casi siempre por el apoyo de
los Grandes Clubs, que sin duda le deben una impagable ayuda, durante el tiempo
que ha durado su mandato.
El silencio ensordecedor impuesto por la Federación en torno
a estas llamativas irregularidades, que por causas que desconozco, al ser poco entendida en la materia, se ha extendido
también al ámbito arbitral, había construido una pantalla protectora en torno
al Presidente de la Federación, que parecía hasta hoy mismo, imposible de
traspasar, a pesar de que la existencia de infinidad de indicios inculpatorios,
le señalaban directamente como posible autor material de ciertos hechos
definitivamente turbulentos.
Pero desde que el
Futbol dejó de ser simplemente un deporte,
para pasar a convertirse en uno de los negocios millonarios más rentables de
cuantos se asientan en el país, la primaria belleza que pudo acompañar a la
práctica limpia del balompié, no sólo ha ido transformando la importancia real
que debiera ceñirse a lo que ocurre en el terreno de juego, sino que ha
convertido a los Clubs en jugosas empresas capaces de ofrecer a sus dueños
substanciosos beneficios, que se han visto sensiblemente incrementados por la
llegada de las retransmisiones televisadas y a los jugadores, en inaccesibles
estrellas que cobran su peso en oro, convirtiéndose en una moneda de cambio de
inestimable valor para quiénes los poseen y se enriquecen con su compraventa,
aunque esto les convierta, a nivel personal, en meros objetos.
Durante los últimos años, hemos visto con estupor, cosas que
resultarían del todo incomprensibles en cualquier otro ámbito laboral, como la
condonación o aplazamiento de las deudas millonarias que los grandes Clubs
tienen con el Estado o la imputación de jugadores de la más grande categoría
profesional, como defraudadores a la Hacienda pública, sin que los unos ni los
otros, hayan pagado con las penas que corresponderían realmente , a estos
delitos monetarios que afectan gravemente la vida diaria de todos los ciudadanos.
Era pues de esperar,
como muchos ya nos habían anunciado, que alrededor de este mundillo, en el que la impunidad parecía ser la norma
compartida por su gente de élite, surgieran avispados personajes sin escrúpulos
dispuestos a aprovechar las innumerables ocasiones que se les brindaban a
través de unos organismos Oficiales realmente muy poco investigados y que la
corrupción se instalara en ellos de manera permanente, con la complicidad de
todos los que han visto y no han denunciado, durante demasiado tiempo, lo que
allí ocurría.
La detención de Villar, que viene finalmente a dar la razón a
los periodistas que se atrevieron a destapar los asuntos que se movían bajo el
amparo de los muros de la Federación y
que no puede, sino causar satisfacción en todos aquellos que exigimos una
justicia igualitaria, no debiera sin embargo, servir para cerrar un capítulo
negro de este deporte nacional, sino para que se abran nuevos y variados
caminos de investigación, que puedan mostrar lo que hay debajo de esa punta de
iceberg, en la profundidad de estas turbias aguas.
Que hayamos tenido que esperar veintinueve años para llegar
adonde estamos hoy, no puede, sino apuntar que en este tema ha habido mucho más
que cierta negligencia y que en este mundo globalizado en el que nos vemos
obligados a vivir, quedan aún cuestiones que por las connotaciones económicas
que conllevan, por norma, no se tocan.
Así ha sido, en el caso de la Federación Española de Fútbol,
durante los años del bipartidismo y sólo
la llegada de nuevos Partidos al poder, ha supuesto un revulsivo para el
inmovilismo que rodeaba este tabú tradicional que tanto dinero mueve, de un
lado para otro.
Para los que creemos
que el Futbol es sin duda, el opio de nuestro pueblo y no logramos entender las
pasiones soeces que últimamente se levantan alrededor de estos negocios
escandalosos, la única exigencia coherente es que termine por conocerse toda la
verdad, que se equiparen las penas impuestas para este tipo de delitos, con las
que se impondrían a los ciudadanos normales, en caso de que las cometieran y
que no haya piedad con los estafadores, corruptos, corruptores, inductores y autores de estas
gravísimas violaciones de la Ley, sobre todo para que sepan, que no existen
islas de impunidad en las que protegerse, sine die, puesto que en el fondo son
ciudadanos, exactamente igual que nosotros, aunque ellos aún no lo admitan.

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