martes, 18 de julio de 2017

La caída de un intocable


Mucho tiempo llevaban los periodistas deportivos denunciando sin éxito la multitud de irregularidades que parecían estar cometiéndose en la Federación Española de Fútbol y mucho también, sospechando que a través de su dirección, que ha ostentado Ángel María Villar, por un largo periodo de veintinueve años, se venían ocultando turbios asuntos relacionados directamente con una interminable trama de corrupción, que parece  haber llegado hoy a su fin, con la detención del citado Presidente y el registro, que a estas horas aún continúa, de la sede federativa y otros lugares, en los que la policía podría encontrar la información necesaria para llevar ante la justicia, a quienes se decida imputar por estos delitos.
Regularmente, hemos venido leyendo y fundamentalmente oyendo a través de la radio, el relato esperpéntico de cómo supuestamente se compraban y vendían cargos y privilegios dentro del máximo organismo representante del que se considera deporte estrella en este país y de cómo este Presidente, que durante todo su mandato se ha negado de manera sistemática y ciertamente sospechosa a  hablar con los medios, se veía una y otra vez, salpicado por una serie de dudas razonables que ponían claramente en entredicho su manera bastante opaca de actuar y sobre todo, que existiendo estas razones, conseguía mantenerse en el cargo, casi siempre por el apoyo de los Grandes Clubs, que sin duda le deben una impagable ayuda, durante el tiempo que ha durado su mandato.
El silencio ensordecedor impuesto por la Federación en torno a estas llamativas irregularidades, que por causas que desconozco, al ser  poco entendida en la materia, se ha extendido también al ámbito arbitral, había construido una pantalla protectora en torno al Presidente de la Federación, que parecía hasta hoy mismo, imposible de traspasar, a pesar de que la existencia de infinidad de indicios inculpatorios, le señalaban directamente como posible autor material de ciertos hechos definitivamente turbulentos.
Pero desde  que el Futbol dejó de ser simplemente  un deporte, para pasar a convertirse en uno de los negocios millonarios más rentables de cuantos se asientan en el país, la primaria belleza que pudo acompañar a la práctica limpia del balompié, no sólo ha ido transformando la importancia real que debiera ceñirse a lo que ocurre en el terreno de juego, sino que ha convertido a los Clubs en jugosas empresas capaces de ofrecer a sus dueños substanciosos beneficios, que se han visto sensiblemente incrementados por la llegada de las retransmisiones televisadas y a los jugadores, en inaccesibles estrellas que cobran su peso en oro, convirtiéndose en una moneda de cambio de inestimable valor para quiénes los poseen y se enriquecen con su compraventa, aunque esto les convierta, a nivel personal, en meros objetos.
Durante los últimos años, hemos visto con estupor, cosas que resultarían del todo incomprensibles en cualquier otro ámbito laboral, como la condonación o aplazamiento de las deudas millonarias que los grandes Clubs tienen con el Estado o la imputación de jugadores de la más grande categoría profesional, como defraudadores a la Hacienda pública, sin que los unos ni los otros, hayan pagado con las penas que corresponderían realmente , a estos delitos monetarios que afectan gravemente la vida diaria de todos los ciudadanos.
Era pues  de esperar, como muchos ya nos habían anunciado, que alrededor de este mundillo, en  el que la impunidad parecía ser la norma compartida por su gente de élite, surgieran avispados personajes sin escrúpulos dispuestos a aprovechar las innumerables ocasiones que se les brindaban a través de unos organismos Oficiales realmente muy poco investigados y que la corrupción se instalara en ellos de manera permanente, con la complicidad de todos los que han visto y no han denunciado, durante demasiado tiempo, lo que allí ocurría.
La detención de Villar, que viene finalmente a dar la razón a los periodistas que se atrevieron a destapar los asuntos que se movían bajo el amparo de los muros de la Federación  y que no puede, sino causar satisfacción en todos aquellos que exigimos una justicia igualitaria, no debiera sin embargo, servir para cerrar un capítulo negro de este deporte nacional, sino para que se abran nuevos y variados caminos de investigación, que puedan mostrar lo que hay debajo de esa punta de iceberg, en la profundidad de estas turbias aguas.
Que hayamos tenido que esperar veintinueve años para llegar adonde estamos hoy, no puede, sino apuntar que en este tema ha habido mucho más que cierta negligencia y que en este mundo globalizado en el que nos vemos obligados a vivir, quedan aún cuestiones que por las connotaciones económicas que conllevan, por norma, no se tocan.
Así ha sido, en el caso de la Federación Española de Fútbol, durante los años del bipartidismo y sólo  la llegada de nuevos Partidos al poder, ha supuesto un revulsivo para el inmovilismo que rodeaba este tabú tradicional que tanto dinero mueve, de un lado para otro.

 Para los que creemos que el Futbol es sin duda, el opio de nuestro pueblo y no logramos entender las pasiones soeces que últimamente se levantan alrededor de estos negocios escandalosos, la única exigencia coherente es que termine por conocerse toda la verdad, que se equiparen las penas impuestas para este tipo de delitos, con las que se impondrían a los ciudadanos normales, en caso de que las cometieran y que no haya piedad con los estafadores, corruptos,  corruptores, inductores y autores de estas gravísimas violaciones de la Ley, sobre todo para que sepan, que no existen islas de impunidad en las que protegerse, sine die, puesto que en el fondo son ciudadanos, exactamente igual que nosotros, aunque ellos aún no lo admitan.

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