miércoles, 12 de julio de 2017

Negocios electorales


Finalmente, se celebran los actos de conmemoración del asesinato de Miguel Ángel Blanco, con ciertos abucheos hacia la intervención de manuela Carmena, en Madrid, generando un clima de desunión que no se veía desde hace tiempo en cuestiones relativas al terrorismo, que en el ámbito nacional parece haber desaparecido desde que ETA anunciara el abandono de las armas, en aquella aparición de la que todos desconfiamos al principio, pero que luego resultó ser cierta.
La sociedad española y muy particularmente la vasca respiró tímidamente con aquel anuncio y a medida que han ido transcurriendo los años, aquella convivencia que parecía imposible, se ha ido paulatinamente normalizando, aunque queden, no se puede negar, muchas heridas aún abiertas y algunos se nieguen a reconocer la evidencia de que la violencia terminó, por suerte y para siempre.
Uno se pregunta, no obstante, por qué cada cierto tiempo, el PP decide remover las conciencias de los ciudadanos, bien atribuyéndose un mérito que no le corresponde en absoluto, en la desaparición de la banda, bien convocando a los familiares de las víctimas para celebrar algún acto conmemorativo del estilo de los que hoy se llevan a cabo por todo el país, como si al desaparecer ese enemigo que durante más de cincuenta años mantuvo en jaque a la Sociedad en general, hubieran perdido una de las bazas principales que han garantizando en cierto modo,  su permanencia en el poder, quedando  huérfanos de un argumentario que les ha dado múltiples  y apetecidos frutos, a lo largo de su trayectoria política.
Porque quieran o no, la aparición en escena de los familiares de las víctimas de ETA, por la razón que sea, suele venir acompañada en todos los casos, por una extensa polémica y acaba por servir para levantar irreconciliables enemistades entre  Partidos de un signo o de otro, logrando que se olviden, al menos durante unos días, otras cuestiones menos relacionadas con los sentimientos, como la corrupción, el paro o los recortes.
No se podría decir lo propio cuando las tragedias suceden a otras personas, menos cercanas al PP y hoy mismo hemos leído con estupor que el Ayuntamiento de Guadalajara reclama a Ascensión Mendieta los gastos del levantamiento de la fosa común en que se encontraron recientemente los restos de su padre, como si el dolor experimentado durante más de ochenta años por los familiares de los represaliados por el franquismo, hubiera de ser necesariamente diferente al que padecen éstas víctimas de primera clase, a las que el PP ofrece toda su ayuda, por supuesto, sin reclamar a cambio costo alguno, por el gasto ocasionado en ninguno de los actos a los que asisten.
Tampoco hemos visto jamás que se organice ningún evento conmemorativo de la muerte de aquellos defensores de la Democracia que lucharon contra los golpistas durante la guerra civil y ni siquiera que sean, por parte del PP, reconocidos como víctimas de una barbarie, que sin embargo, todos sabemos que existió y que en un buen número de casos, continúa existiendo, al negarse a sus familiares reiteradamente la posibilidad de recuperar los restos que aún permanecen enterrados en muchas cunetas del país y que constituyen una vergüenza en la opinión de mayoría de los ciudadanos.
Debe ser que los conservadores creen que estas otras víctimas no han sufrido bastante o quizá lo que ocurre, es que sus historias desgarradoras que se han prolongado hasta hoy, afectando a más de tres generaciones, no aporta la posibilidad de un enaltecimiento de la política practicada por el PP, ni reporta votos agradecidos a perpetuidad, como ocurre en el caso de las familias de los caídos en los atentados de ETA.
Así que realmente, ese interés que demuestra permanentemente el PP por airear el dolor de las víctimas, depende en gran parte, de la procedencia de los autores de los atentados y casi en su mayoría, de la ideología defendida por las Asociaciones creadas para defender su recuerdo.
Verán, si yo fuera familiar de un fallecido a manos de ETA, me negaría tajantemente a que mi dolor fuera recurrentemente utilizado como moneda de cambio, pues consideraría una profunda falta de respeto, que el sufrimiento de tanta gente fuera considerado únicamente como un negocio electoral.
La angustia, la amargura de haber perdido a alguien en estas espantosas circunstancias, a manos de quién haya sido, han de ser necesariamente iguales, independientemente de las circunstancias en que se hayan producido las muertes.
Esto, que la gente de bien tiene meridianamente claro, no parece entenderlo el PP. Es una pena que haya que estar recordándoselo permanentemente.



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