Puede que la mayoría de las veces resulte baladí hablar del
tiempo y que sea éste un tema recurrente cuando no se sabe qué decir, pero las
temperaturas que se están alcanzando a lo largo de este verano en este país
nuestro, en el que muchas provincias del centro y el sur están sobrepasando los
45º C, obliga a mencionar el tema como
noticia preferente, quizá porque los efectos del cambio climático que auguraban una buena parte de los expertos parecen estar cumpliéndose, convirtiendo las
ciudades afectadas en auténticos desiertos por los que resulta prácticamente
imposible transitar y en los que las tórridas noches impiden absolutamente el
descanso, si no es posible recurrir al aire acondicionado, para aliviar los
síntomas que padecemos.
Verdad es que toda la vida han existido días estivales en los
respirar no era fácil y que particularmente en el sur, nunca se ha podido vivir
con comodidad durante los meses de Julio y Agosto, pero estas olas de calor,
cada vez más largas e insufribles, que parecen haber llegado para quedarse y
que se suceden unas a otras con una frecuencia bastante inusual, están
empezando a afectar gravemente a la salud física y mental de los ciudadanos,
que ya no saben qué recursos utilizar, para escapar de ellas.
Porque la utilización de los aparatos refrigeradores producen
un efecto rebote que calienta aún más, si cabe,
el ambiente que nos rodea y la contaminación, sobre todo en las grandes
ciudades, convierte el aire en prácticamente irrespirable, como si
desapareciera tras una densa neblina imposible de aclarar, que produce la
sensación de estar contemplando un vasto incendio.
Las previsiones no son nada buenas y los meteorólogos se ven
desbordados por la cantidad de códigos de riesgo que llegan a sus manos cada
día, ofreciendo a quiénes les escuchan, la impresión de que estos records de temperaturas
que estamos batiendo este año, pudiera ir creciendo en tiempos venideros, si
las grandes potencias no hacen nada por detener la tragedia que se nos viene
encima, tomando conciencia real de lo que le estamos haciendo al planeta y
arbitrando soluciones efectivas que reviertan en lo posible, los efectos
terribles que estamos padeciendo.
Si a esto añadimos el estado en que se
encuentran los embalses, por la más que preocupante falta de lluvias y las
increíbles tormentas desencadenadas totalmente fuera de tiempo, el daño
irreparable que se está cometiendo contra las personas y también contra los
frutos que hasta ahora ofrecía naturalmente la tierra, pinta un panorama
desolador que podría acarrear consecuencias muy graves para nuestro país y en
especial para algunas zonas que no son precisamente las más favorecidas, cuando
se habla de economía.
Sin embargo, el acuerdo para frenar el cambio climático ha de
ser necesariamente mundial y las perspectivas actuales, con Trump
pronunciándose en contra de esta concienciación necesaria, por ejemplo, no
favorece en absoluto la búsqueda de
soluciones que habiliten un camino que sin embargo es posible iniciar, aunque
para ello sea preciso hacer una serie de sacrificios imprescindibles, si no
queremos terminar con la vida de nuestro planeta.
De manera que se
impone actuar con sensatez y con visión
de futuro, por encima de las realidades
del presente y propiciar el pensamiento, sobre todo para aquellos que
sólo ansían el enriquecimiento desmedido, de que si el mundo se extingue y que
si se asesinan los recursos naturales que durante milenios la tierra nos
regaló, poco o nada quedará de esta vida actual que tenemos y menos aún de los
planes de incremento patrimonial que mantienen como prioridad, los que manejan
el poder en la sombra.
Mucho se han preocupado estos poderosos en denostar los
pronósticos de los expertos, seguramente para no tener que poner límites a su
inconmensurable ambición, llegando a tachar de locos y agoreros, a los que nos
alertaban del grave peligro que corremos, pero los polos se derriten y los
fenómenos meteorológicos más diversos se desencadenan a diario alcanzando
magnitudes hasta ahora desconocidas por el hombre y provocando terribles e
incontrolables tragedias.
Así que negar la evidencia, volver la espalda a las
negociaciones y acuerdos a los que se debe llegar por el bien común, no es más
que una prueba evidente de la deshumanización que aflige irreparablemente a los
poderosos y que debe ser combatida con urgencia, antes de que los daños ocasionados
a la Madre Tierra, la conviertan en inhabitable.

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