jueves, 13 de julio de 2017

Ola de calor


Puede que la mayoría de las veces resulte baladí hablar del tiempo y que sea éste un tema recurrente cuando no se sabe qué decir, pero las temperaturas que se están alcanzando a lo largo de este verano en este país nuestro, en el que muchas provincias del centro y el sur están sobrepasando los 45º C,  obliga a mencionar el tema como noticia preferente, quizá porque los efectos del cambio climático  que  auguraban una buena parte de los expertos  parecen estar cumpliéndose, convirtiendo las ciudades afectadas en auténticos desiertos por los que resulta prácticamente imposible transitar y en los que las tórridas noches impiden absolutamente el descanso, si no es posible recurrir al aire acondicionado, para aliviar los síntomas que padecemos.
Verdad es que toda la vida han existido días estivales en los respirar no era fácil y que particularmente en el sur, nunca se ha podido vivir con comodidad durante los meses de Julio y Agosto, pero estas olas de calor, cada vez más largas e insufribles, que parecen haber llegado para quedarse y que se suceden unas a otras con una frecuencia bastante inusual, están empezando a afectar gravemente a la salud física y mental de los ciudadanos, que ya no saben qué recursos utilizar, para escapar de ellas.
Porque la utilización de los aparatos refrigeradores producen un efecto rebote que calienta aún más, si cabe,  el ambiente que nos rodea y la contaminación, sobre todo en las grandes ciudades, convierte el aire en prácticamente irrespirable, como si desapareciera tras una densa neblina imposible de aclarar, que produce la sensación de estar contemplando un vasto incendio.
Las previsiones no son nada buenas y los meteorólogos se ven desbordados por la cantidad de códigos de riesgo que llegan a sus manos cada día, ofreciendo a quiénes les escuchan, la impresión de que estos records de temperaturas que estamos batiendo este año, pudiera ir creciendo en tiempos venideros, si las grandes potencias no hacen nada por detener la tragedia que se nos viene encima, tomando conciencia real de lo que le estamos haciendo al planeta y arbitrando soluciones efectivas que reviertan en lo posible, los efectos terribles que estamos padeciendo.
 Si  a esto añadimos el estado en que se encuentran los embalses, por la más que preocupante falta de lluvias y las increíbles tormentas desencadenadas totalmente fuera de tiempo, el daño irreparable que se está cometiendo contra las personas y también contra los frutos que hasta ahora ofrecía naturalmente la tierra, pinta un panorama desolador que podría acarrear consecuencias muy graves para nuestro país y en especial para algunas zonas que no son precisamente las más favorecidas, cuando se habla de economía.
Sin embargo, el acuerdo para frenar el cambio climático ha de ser necesariamente mundial y las perspectivas actuales, con Trump pronunciándose en contra de esta concienciación necesaria, por ejemplo, no favorece en absoluto la búsqueda  de soluciones que habiliten un camino que sin embargo es posible iniciar, aunque para ello sea preciso hacer una serie de sacrificios imprescindibles, si no queremos terminar con la vida de nuestro planeta.
 De manera que se impone actuar con sensatez y  con visión de futuro, por encima de las realidades  del presente y propiciar el pensamiento, sobre todo para aquellos que sólo ansían el enriquecimiento desmedido, de que si el mundo se extingue y que si se asesinan los recursos naturales que durante milenios la tierra nos regaló, poco o nada quedará de esta vida actual que tenemos y menos aún de los planes de incremento patrimonial que mantienen como prioridad, los que manejan el poder en la sombra.
Mucho se han preocupado estos poderosos en denostar los pronósticos de los expertos, seguramente para no tener que poner límites a su inconmensurable ambición, llegando a tachar de locos y agoreros, a los que nos alertaban del grave peligro que corremos, pero los polos se derriten y los fenómenos meteorológicos más diversos se desencadenan a diario alcanzando magnitudes hasta ahora desconocidas por el hombre y provocando terribles e incontrolables tragedias.

Así que negar la evidencia, volver la espalda a las negociaciones y acuerdos a los que se debe llegar por el bien común, no es más que una prueba evidente de la deshumanización que aflige irreparablemente a los poderosos y que debe ser combatida con urgencia, antes de que los daños ocasionados a la Madre Tierra, la conviertan en inhabitable.

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