domingo, 9 de julio de 2017

Un gesto insuficiente


Parece que la mediación de Zapatero, en el conflicto de Venezuela, ha empezado a dar algunos frutos y al líder de la oposición Leopoldo López le ha sido conmutada su condena en la cárcel, por un arresto domiciliario, acallando de algún modo las críticas que acusaban al ex Presidente español de estar del lado de Maduro, críticas que compartían algunos pesos pesados de su Partido, como Felipe González, por ejemplo.
  El gesto, que abre una posible vía de negociación que pueda solucionar lo que está ocurriendo en el país hispanoamericano,  no podía ser aplazado por más tiempo, pues la opinión internacional por el caso de los presos políticos venezolanos, auguraba que más pronto que tarde podría producirse alguna acción que potenciara directamente la salida de Maduro del poder y que evidentemente, estaría avalada, como en tantas otras ocasiones, por las principales potencias de Occidente.
 Lo que sí es verdad es que la situación allí se está convirtiendo en insostenible y que sean quiénes sean los que están detrás de la oposición venezolana, claramente identificada con la derecha más conservadora, el único camino para la pacificación inmediata del conflicto, serían unas elecciones generales en las que el pueblo pudiera expresarse con total libertad y que los perdedores tuvieran que acatar el resultado de las mismas, ganase quien ganase.
Aquel momento del triunfo general del chavismo, hace ya tiempo que pasó y como ha sucedido  otras veces a lo largo de la Historia, la muerte de un determinado líder termina de raíz con la etapa que protagonizó mientras vivió y que nunca podría prolongarse tal cual, si el poder es asumido por alguien que no está preparado para afrontar la gobernabilidad y la enorme cantidad de problemas que trae consigo relevar a un personaje carismático al que nunca se podrá suplantar, por mucha voluntad que se tenga.
La progresiva caricaturización de Maduro, su grotesca manera de actuar ante los medios y las medidas excepcionales que viene tomando en los últimos tiempos, se han convertido en el caldo de cultivo perfecto para que la derecha aumente a diario la presión ejercida contra su persona y sobre todo, para que los dueños de los grandes intereses económicos extranjeros, intenten abrir una puerta por la que penetrar a un país, que hasta ahora resultaba inexpugnable, por lo que su apoyo incondicional a la oposición y la influencia ejercida sobre los medios de comunicación partidistas, no puede ser más evidente.
Puede que si los ánimos se serenaran y se pusiera en libertad a los presos políticos encarcelados, aportando cierta normalidad a la situación que se vive en las calles venezolanas, los motivos que aducen los detractores del movimiento chavista quedaran reducidos a la nada, ofreciendo a los que se encuentran ideológicamente al lado de los que aún gobiernan, una oportunidad de ganar limpiamente unas nuevas elecciones, en el caso de que finalmente fueran convocadas, pero Maduro, sobra.
La semi libertad de Leopoldo López, aporta un poco de esperanza a los que ven en el diálogo la única vía para la solución del problema y por ahí habría que incidir si se quiere conseguir que finalmente Maduro ceda de buen grado a marcharse, como ya debiera haber hecho, hace bastante tiempo.
 Cuando ya se han vivido unos años, por desgracia, se han visto demasiadas cosas similares a ésta y el recuerdo de lo que pasó, por ejemplo, en Chile o Argentina, tras unos disturbios muy parecidos a los que están sucediendo en Venezuela, vuelve a la memoria, sin que se pueda evitar  la evocación de la durísima represión surgida de los golpes de Estado protagonizados por Pinochet y Vileda, contra todos los que en algún momento apoyaron a la izquierda y que se saldó con un negro balance de muertes y desapariciones, que no querríamos que se repitieran en Venezuela, de ninguna de las maneras.
Para que esto no vuelva a suceder y para que la izquierda venezolana pueda preservar su derecho a seguir existiendo, la renuncia voluntaria de Maduro,  parece inaplazable.

Ojalá y no tengamos que lamentar su tozudez en permanecer en el poder y que todo pueda arreglarse por la vía de la buena voluntad, para que aunque solo sea  por una vez, podamos celebrar el triunfo de la diplomacia sobre la fuerza bruta. El pueblo venezolano, merece que se haga el intento.

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