No hay muchas oportunidades de ver a tres ex Presidentes del
Gobierno español, que nunca se llevaron especialmente bien, reunidos, pero la
deriva que están tomando los acontecimientos en Cataluña nos ha ofrecido hoy
esa excepcional ocasión, sentando a González, Áznar y Zapatero en un mismo foro
de opinión y analizando una cuestión que a día de hoy, sólo debiera
preocuparles como meros ciudadanos corrientes, pues hace años que abandonaron
las tareas de Gobierno.
Pero de todos es sabido que no es plato de gusto para quiénes fueron
estrellas absolutas de la política española,
verse obligados a renunciar a su antiguo protagonismo, por lo que
periódicamente, los tres personajes mencionados suelen aparecer ante los medios
intentando sentar cátedra sobre determinadas cuestiones, como si su experiencia
pasada les hubiera concedido de por vida, estar en posesión de la verdad y no
hubiera otras opciones que tomar que la que ellos plantean, convencidos que de
llevarse a la práctica, tendrían asegurado el éxito.
Nadie parece reconocer en esta España que su tiempo pasó, ni
que los acontecimientos que se producen en un momento de la Historia, casi
nunca tienen nada que ver con los que ocurrieron anteriormente, por lo que los
consejos vertidos por estos ex Presidentes, que por cierto han cambiado
considerablemente desde que dejaron el cargo que ocuparon, tienen sólo la
validez que se les quiera dar, teniendo en cuenta que se encuentran,
teóricamente, retirados de las prácticas políticas y varios de ellos, hasta
claramente enfrentados con quiénes dirigen ahora, sus propios Partidos.
La sugerencia de Felipe González, que hace ya tiempo que a
todos nos parece que ha sufrido una tremenda derechización que le hace del todo
irreconocible, sobre la posible aplicación del artículo 155 en Cataluña, si
Puigdemont y los suyos persistieran en la idea de la independencia y que ha
contado, asómbrense, con el inmediato apoyo de Áznar, que se ha atrevido casi a
exigirlo, por la supuesta excepcionalidad del momento, no hace, sino embarrar
aún más las malas relaciones ya existentes entre el Gobierno representado por
Rajoy y los independentistas catalanes, que bien podrían interpretar estas
palabras como una amenaza que posibilite presentarse ante su pueblo, como
mártires de la causa que defienden.
Sólo Zapatero, un poco más comedido en sus afirmaciones y de
hecho, enfrentado a González últimamente por las críticas que ha venido
haciendo sobre su mediación en Venezuela, parece haber apostado por el diálogo
como única salida para la resolución del conflicto, quizá porque siempre fue el
más moderado de los tres y también por su implicación personal en la aprobación
del Estatuto de Cataluña.
Perfectamente atildados, enfundados en trajes, a simple
vista, de gran calidad y auto convencidos de pertenecer a un selecto club de
expertos en política, en el que sólo tienen la suerte de entrar quiénes por
méritos lo merecen, la impresión que han dado esta mañana estos tres ex
Presidentes a los ciudadanos ha sido la de que con el paso del tiempo, sus
abismales diferencias políticas han quedado aparcadas en el pasado en el que
convivieron, dando paso a un acercamiento tan evidente, que no deja adivinar ya
a qué Partido pertenece en la actualidad cada cual y que los hace absolutamente concordantes con la línea
que predican los líderes conservadores europeos, muy lejana del pensamiento de
la izquierda.
Pensar que hace sólo
unos años oíamos a José María Áznar, desde la tribuna del Congreso, aquella
famosa frase de “váyase Señor González” o a Zapatero acusar directamente a el
ex Presidente del Gobierno conservador de la participación española en la
Guerra de Irak, en contra de la opinión de los ciudadanos y de la suya propia,
según dijo, se ha convertido a día de hoy, vista la deriva que ha tomado este
trío de ases, desde su salida del poder, en una mera anécdota que por sí misma
hace dudar de la credibilidad de una clase política que, afortunadamente, quedó
atrás, aunque a ellos les cueste tanto reconocerlo.
Las risas en el set y la complicidad demostrada gestualmente
esta mañana entre quiénes a todos nos parecieron enemigos irreconciliables para
siempre, son la demostración palpable de que en política, no sólo se puede
cambiar de opinión, según soplen los vientos, sino que si éstos son favorables,
se puede incluso, renunciar a los principios más fundamentales, con toda
naturalidad, como si las personas que una vez votaron la opción que entonces se
les ofrecía, no merecieran el más mínimo de los respetos.
Eso se llama, en lenguaje llano, perder la dignidad. Quizá
por eso, las opiniones de estos tres individuos, importan a los ciudadanos de
hoy, un pito.

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