En esto del Proceso catalán, como la antigua Convergencia
tiene tanto callar, a causa de la
terrible corrupción en que han incurrido una buena parte de sus miembros,
corresponde, sin ningún género de dudas, hacerse con la bandera del
independentismo a Esquerra Republicana, que capitaneada por Oriol Junqueras y
habiendo llevado siempre en su programa la lucha por la secesión, ha encontrado
un filón para acercarse por fin al poder, se resuelva como se resuelva el
conflicto.
Hemos asistido esta semana a un cambio en las Consellerias de
la Generalitat, que algunos medios han calificado de purga, por la coincidencia
de que las personas salientes empezaban a generar dudas sobre la conveniencia
de celebrar el Referendum, que sin embargo, no ha conseguido convencer a los de
Esquerra para aceptar ningún tipo de responsabilidad real, dejando en manos del
PdeCAT, lo que pudiera ocurrir en el transcurso de estos meses y sobre todo,
con el enfrentamiento con el Gobierno español, que continúa anclado en la
postura del inmovilismo, sin aportar ningún tipo de iniciativa, sino es la
judicial, para lograr un acercamiento.
Entretanto, Junqueras se pasea por los platós de televisión y
las emisoras de radio, inquebrantable en sus principios y ejerciendo como Jefe
absoluto del movimiento separatista, aunque sin arriesgar ni un ápice de su
bien trabajada popularidad, que sin duda terminará por convertirle en President
de la Generalitat, en el caso de que la única salida que quede sea la de
convocar nuevas elecciones en Cataluña, en un corto espacio de tiempo.
Porque en el caso hipotético de que el Gobierno español
accediera por fin a la celebración legal del Referendum del primero de Octubre,
no todos los líderes catalanes llegarían a ese punto con las mismas
posibilidades de adjudicarse el ansiado triunfo y habría que decir que
Puigdemont sería seguramente quién más perdería en el camino que lleva hasta
esas urnas, no sólo porque la responsabilidad de gobierno suele desgastar y bastante,
sino también, porque su Partido no se encuentra precisamente en el mejor de los
momentos, si uno se atiene a los múltiples frentes judiciales que tienen
abiertos por corrupción algunos de los que fueran sus más emblemáticos líderes,
como es el caso de los Pujol, que se han convertido, presuntamente, en los
mayores defraudadores de las arcas públicas de esa Cataluña a la que tanto
decían amar, mientras esquilmaban a la vez sus recursos, sin ningún pudor, como
todos hemos conocido.
Así que la cuenta atrás para los de Puigdemont ha empezado y
más pronto que tarde tendrán que responder ante su electorado de todas sus vergüenzas, alisando con ello, el
camino imparable que ha iniciado Oriol Junqueras hacia el poder, sin haberse
mojado las manos, más allá de las meras palabras, en la preparación del
Proceso.
Pero es que si el intento fracasa, si el Referendum queda
nuevamente reducido a un mero testimonio sin validez legal y el Gobierno de
Puigdemont queda inhabilitado por la naturaleza del naufragio, la necesaria
convocatoria de elecciones autonómicas, con Pedro Sánchez e Iglesias
necesitando el apoyo de Esquerra para poder mover a Rajoy del Gobierno,
potenciaría de manera indispensable la figura de Junqueras como futuro ganador,
para luego convertirse en el principal valedor de futuras negociaciones con un
Gobierno español, que podría avalar, esta vez sí, la celebración legal de un
Referendum.
Quizá por eso, Junqueras prefiere en estos momentos
permanecer al margen de cualquier labor de gobierno, manteniendo a los suyos a
la expectativa de una perspectiva mejor y
sabiendo que la tentativa del primero de octubre se perderá, aunque
seguro de que los únicos perjudicados por el fracaso serán sus actuales socios
del PdeCAt, a los que realmente, nunca le unieron ninguno de los principios de
su pensamiento.
Por ello, se negó al ofrecimiento de Puigdemont, de ocupar la
vicepresidencia y por ello, no consentirá seguramente que ninguno de sus
compañeros de un paso al frente al lado de los antiguos convergentes.
La ambición de poder gobernar en soledad, de ser el auténtico
motor de la gestión de su ansiada independencia, si se consigue echar a Rajoy,
le puede.
Si es válido o no para conseguir sus objetivos, lo sabremos
en cuanto haya de cambiar el enardecido discurso que promociona en todos los
medios, por la cruda realidad de administrar el territorio al que pertenece.
Pero ese es un capítulo que aún está por escribir y no
conviene adelantar acontecimientos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario