domingo, 16 de julio de 2017

El triunfo de Junqueras


En esto del Proceso catalán, como la antigua Convergencia tiene tanto  callar, a causa de la terrible corrupción en que han incurrido una buena parte de sus miembros, corresponde, sin ningún género de dudas, hacerse con la bandera del independentismo a Esquerra Republicana, que capitaneada por Oriol Junqueras y habiendo llevado siempre en su programa la lucha por la secesión, ha encontrado un filón para acercarse por fin al poder, se resuelva como se resuelva el conflicto.
Hemos asistido esta semana a un cambio en las Consellerias de la Generalitat, que algunos medios han calificado de purga, por la coincidencia de que las personas salientes empezaban a generar dudas sobre la conveniencia de celebrar el Referendum, que sin embargo, no ha conseguido convencer a los de Esquerra para aceptar ningún tipo de responsabilidad real, dejando en manos del PdeCAT, lo que pudiera ocurrir en el transcurso de estos meses y sobre todo, con el enfrentamiento con el Gobierno español, que continúa anclado en la postura del inmovilismo, sin aportar ningún tipo de iniciativa, sino es la judicial, para lograr un acercamiento.
Entretanto, Junqueras se pasea por los platós de televisión y las emisoras de radio, inquebrantable en sus principios y ejerciendo como Jefe absoluto del movimiento separatista, aunque sin arriesgar ni un ápice de su bien trabajada popularidad, que sin duda terminará por convertirle en President de la Generalitat, en el caso de que la única salida que quede sea la de convocar nuevas elecciones en Cataluña, en un corto espacio de tiempo.
Porque en el caso hipotético de que el Gobierno español accediera por fin a la celebración legal del Referendum del primero de Octubre, no todos los líderes catalanes llegarían a ese punto con las mismas posibilidades de adjudicarse el ansiado triunfo y habría que decir que Puigdemont sería seguramente quién más perdería en el camino que lleva hasta esas urnas, no sólo porque la responsabilidad de gobierno suele desgastar y bastante, sino también, porque su Partido no se encuentra precisamente en el mejor de los momentos, si uno se atiene a los múltiples frentes judiciales que tienen abiertos por corrupción algunos de los que fueran sus más emblemáticos líderes, como es el caso de los Pujol, que se han convertido, presuntamente, en los mayores defraudadores de las arcas públicas de esa Cataluña a la que tanto decían amar, mientras esquilmaban a la vez sus recursos, sin ningún pudor, como todos hemos conocido.
Así que la cuenta atrás para los de Puigdemont ha empezado y más pronto que tarde tendrán que responder ante su electorado  de todas sus vergüenzas, alisando con ello, el camino imparable que ha iniciado Oriol Junqueras hacia el poder, sin haberse mojado las manos, más allá de las meras palabras, en la preparación del Proceso.
Pero es que si el intento fracasa, si el Referendum queda nuevamente reducido a un mero testimonio sin validez legal y el Gobierno de Puigdemont queda inhabilitado por la naturaleza del naufragio, la necesaria convocatoria de elecciones autonómicas, con Pedro Sánchez e Iglesias necesitando el apoyo de Esquerra para poder mover a Rajoy del Gobierno, potenciaría de manera indispensable la figura de Junqueras como futuro ganador, para luego convertirse en el principal valedor de futuras negociaciones con un Gobierno español, que podría avalar, esta vez sí, la celebración legal de un Referendum.
Quizá por eso, Junqueras prefiere en estos momentos permanecer al margen de cualquier labor de gobierno, manteniendo a los suyos a la expectativa de una perspectiva mejor y  sabiendo que la tentativa del primero de octubre se perderá, aunque seguro de que los únicos perjudicados por el fracaso serán sus actuales socios del PdeCAt, a los que realmente, nunca le unieron ninguno de los principios de su pensamiento.
Por ello, se negó al ofrecimiento de Puigdemont, de ocupar la vicepresidencia y por ello, no consentirá seguramente que ninguno de sus compañeros de un paso al frente al lado de los antiguos convergentes.
La ambición de poder gobernar en soledad, de ser el auténtico motor de la gestión de su ansiada independencia, si se consigue echar a Rajoy, le puede.
Si es válido o no para conseguir sus objetivos, lo sabremos en cuanto haya de cambiar el enardecido discurso que promociona en todos los medios, por la cruda realidad de administrar el territorio al que pertenece.

Pero ese es un capítulo que aún está por escribir y no conviene adelantar acontecimientos.

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