Mientras miles de españoles se desplazan a sus destinos
vacacionales y la interminable ola de calor sigue e haciendo estragos entre los
que no tienen la suerte de poder emigrar hacia lugares menos asfixiantes, las
bases de la izquierda española vuelven a cruzar los dedos, esperando que esta
vez, las reuniones entre los equipos de Podemos y el PSOE consigan romper el
maleficio que los acompañó la última vez que intentaron alcanzar acuerdos y por
fin, se puedan solucionar los pequeños escollos y los miedos, cuyas
consecuencias estamos pagando los ciudadanos, al tener que soportar que Rajoy
continúe en el gobierno.
Mucho más distendidos que antaño y habiendo desaparecido de
escenas personajes tan siniestros como Hernando, cuya traición a Sánchez
merecería un análisis completo, socialistas y podemitas están congregados esta tarde, para cambiar impresiones sobre la
situación de un país, que espera de ellos la valentía de ahondar en profundidad
en las muchas cosas que los unen y no en la incidencia de las pocas cosas que debieran separarles, aunque algunas
de ellas, como el tratamiento de la cuestión catalana, tengan una gran
importancia en el momento actual, por razones que no merece la pena abordar
aquí, pues de sobra ya las conocemos.
Lo cierto es que la realidad paralela que se está viviendo en
Cataluña estos días, no puede ni debe enturbiar estas negociaciones largamente
esperadas por los votantes que apoyaron con su voto un cambio hacia el progreso
y que los interlocutores, liberados ahora de algunas cadenas que les ataban a
compromisos incomprensibles, la vez anterior, han de poner toda su buena
voluntad en que estos encuentros triunfen, si no quieren defraudar de manera
irreversible a los millones de votantes que confiaron en que serían capaces de
llevar a cabo una fuerte oposición
conjunta contra el bloque de la derecha, para tratar de sacar a los ciudadanos
del abismo en que se encuentran sumidos, desde que Mariano Rajoy asumiera el
poder, allá en 2011 y empezara a poner en práctica su tiránica política de
recortes sociales y económicos, mientras convivía íntimamente con miles de corruptos afiliados
a su partido, que han protagonizado un saqueo de las arcas públicas de
dimensiones gigantescas, haciendo desaparecer recursos necesarios para el bien
estar común, como los destinados a la
Educación o la Sanidad y que afectan directamente, para mal, a la vida
de todos los españoles.
Otra cuestión que debe abordarse sin demora es la derogación
inmediata de una Reforma Laboral que no solo ha dejado sin empleo a cientos de
miles de ciudadanos, sino que ha convertido, además, en indignas, las
condiciones de trabajo en las que se ven obligados a desenvolverse una gran
mayoría de los empleados y que colocan en situación de riesgo a infinidad de familias,
a las que a pesar de tener trabajo, les es imposible afrontar los gastos
esenciales para la supervivencia, debido a los sueldos irrisorios que perciben,
a cambio de cumplir larguísimas jornadas, que podrían compararse en cierto
modo, con las que soportan los trabajadores del tercer mundo.
Transformar esta realidad, que resulta ser común a todos los
rincones de nuestro territorio, sin distinción de nacionalidades o autonomías
ha de convertirse para la izquierda en cuestión prioritaria, si no quiere ser
confundida en sus planteamientos con los
que provienen de las filas de la derecha, pues de marcar esa diferencia
esencial entre unos Partidos y los otros, dependerá en gran parte el futuro de
todo el territorio en que vivimos, hablemos la lengua que hablemos y tengamos
las características que tengamos, cada cual, en su lugar de procedencia.
Y fomentar esa esperanza, esa ilusión que nos mueve a
levantarnos cada mañana, sin haber perdido la fe en que es posible cambiar
nuestro destino, a mejor, depende en gran parte de que estos hombres y mujeres
que nos representan y que juraron defender nuestros intereses en los programas
que marcaron sus campañas electorales, sean capaces, aunque sólo sea por la
excepcionalidad del momento, de cumplir sin paliativos esas promesas en las que
creímos y que ya se frustraron anteriormente, por cuestiones meramente
partidistas.
Olvidados los malos momentos, volvemos a confiar en que sea
posible abrir las ventanas que nos permitan respirar un aire limpio, con el que
proseguir un camino con menos obstáculos que el que nos ofrecen Rajoy y sus aliados,
con sus políticas totalmente obsoletas.
Suena, en plena canícula, un cierto rumor a libertad. Ya
sabemos que a muchos les da miedo, pero si se quiere avanzar, habrá que
abandonar el inmovilismo y correr riesgos.

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