lunes, 17 de julio de 2017

Tiempo de esperanza


Mientras miles de españoles se desplazan a sus destinos vacacionales y la interminable ola de calor sigue e haciendo estragos entre los que no tienen la suerte de poder emigrar hacia lugares menos asfixiantes, las bases de la izquierda española vuelven a cruzar los dedos, esperando que esta vez, las reuniones entre los equipos de Podemos y el PSOE consigan romper el maleficio que los acompañó la última vez que intentaron alcanzar acuerdos y por fin, se puedan solucionar los pequeños escollos y los miedos, cuyas consecuencias estamos pagando los ciudadanos, al tener que soportar que Rajoy continúe en el gobierno.
Mucho más distendidos que antaño y habiendo desaparecido de escenas personajes tan siniestros como Hernando, cuya traición a Sánchez merecería un análisis completo, socialistas y podemitas están congregados  esta tarde, para cambiar impresiones sobre la situación de un país, que espera de ellos la valentía de ahondar en profundidad en las muchas cosas que los unen y no en la incidencia de las pocas  cosas que debieran separarles, aunque algunas de ellas, como el tratamiento de la cuestión catalana, tengan una gran importancia en el momento actual, por razones que no merece la pena abordar aquí, pues de sobra ya las conocemos.
Lo cierto es que la realidad paralela que se está viviendo en Cataluña estos días, no puede ni debe enturbiar estas negociaciones largamente esperadas por los votantes que apoyaron con su voto un cambio hacia el progreso y que los interlocutores, liberados ahora de algunas cadenas que les ataban a compromisos incomprensibles, la vez anterior, han de poner toda su buena voluntad en que estos encuentros triunfen, si no quieren defraudar de manera irreversible a los millones de votantes que confiaron en que serían capaces de llevar  a cabo una fuerte oposición conjunta contra el bloque de la derecha, para tratar de sacar a los ciudadanos del abismo en que se encuentran sumidos, desde que Mariano Rajoy asumiera el poder, allá en 2011 y empezara a poner en práctica su tiránica política de recortes sociales y económicos, mientras convivía  íntimamente con miles de corruptos afiliados a su partido, que han protagonizado un saqueo de las arcas públicas de dimensiones gigantescas, haciendo desaparecer recursos necesarios para el bien estar común, como los destinados a la  Educación o la Sanidad y que afectan directamente, para mal, a la vida de todos los españoles.
Otra cuestión que debe abordarse sin demora es la derogación inmediata de una Reforma Laboral que no solo ha dejado sin empleo a cientos de miles de ciudadanos, sino que ha convertido, además, en indignas, las condiciones de trabajo en las que se ven obligados a desenvolverse una gran mayoría de los empleados y que colocan en situación de riesgo a infinidad de familias, a las que a pesar de tener trabajo, les es imposible afrontar los gastos esenciales para la supervivencia, debido a los sueldos irrisorios que perciben, a cambio de cumplir larguísimas jornadas, que podrían compararse en cierto modo, con las que soportan los trabajadores del tercer mundo.
Transformar esta realidad, que resulta ser común a todos los rincones de nuestro territorio, sin distinción de nacionalidades o autonomías ha de convertirse para la izquierda en cuestión prioritaria, si no quiere ser confundida  en sus planteamientos con los que provienen de las filas de la derecha, pues de marcar esa diferencia esencial entre unos Partidos y los otros, dependerá en gran parte el futuro de todo el territorio en que vivimos, hablemos la lengua que hablemos y tengamos las características que tengamos, cada cual, en su lugar de procedencia.
Y fomentar esa esperanza, esa ilusión que nos mueve a levantarnos cada mañana, sin haber perdido la fe en que es posible cambiar nuestro destino, a mejor, depende en gran parte de que estos hombres y mujeres que nos representan y que juraron defender nuestros intereses en los programas que marcaron sus campañas electorales, sean capaces, aunque sólo sea por la excepcionalidad del momento, de cumplir sin paliativos esas promesas en las que creímos y que ya se frustraron anteriormente, por cuestiones meramente partidistas.
Olvidados los malos momentos, volvemos a confiar en que sea posible abrir las ventanas que nos permitan respirar un aire limpio, con el que proseguir un camino con menos obstáculos que el que nos ofrecen Rajoy y sus aliados, con sus políticas totalmente obsoletas.

Suena, en plena canícula, un cierto rumor a libertad. Ya sabemos que a muchos les da miedo, pero si se quiere avanzar, habrá que abandonar el inmovilismo y correr riesgos.

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