jueves, 12 de enero de 2017

Un rayo de luz


Aterrizamos en la realidad, después de haber estado flotando unos días en una especie de ensueño y nos encontramos de bruces con varios temas que nos devuelven la sensación haber perdido toda la importancia que le deben a los seres humanos sus  Gobiernos, pues tanto en el pasado como hoy, no se nos brinda la menor oportunidad de controlar las vicisitudes que ocurren a nuestro alrededor, llegando muchas veces a no tener derecho siquiera, a ser tratados con equidad, por la Justicia.
Falla el Consejo de Estado a favor de las tesis que vienen manteniendo los familiares de los fallecidos en el Yak 42, que a pesar de las múltiples vejaciones sufridas a lo largo de todos los años que han transcurrido desde aquel fatal accidente, se han encargado de mantener vivo el recuerdo en el corazón de los ciudadanos, sin rendirse jamás en su incansable lucha porque salga a la luz la verdad y porque los culpables paguen las imperdonables acciones que se negaron a admitir, a pesar de haber sido, literalmente, arrollados por las evidencias.
Vuelve el nombre de Federico Trillo a las primeras páginas de la prensa, traído a ellas, desde su cómodo retiro de Embajador en Londres, por la contundencia del texto del Consejo de Estado y aún así, poseído tal vez por la misma soberbia que demostrara cuando se empezaron a hilar los argumentos que llevaron a la conclusión de que el avión, no debió nunca haber despegado, continuando por el mismo camino que le condujo a un enfrentamiento sin cuartel, con aquellos que le reclamaban responsabilidades, como Ministro de Defensa que era y sobre todo, sin haber perdido perdón por la espantosa gestión que se hizo posteriormente con las identificaciones de los fallecidos y que todos conocemos, gracias a los emocionados relatos de sus familiares y por algún sector de la prensa.
 A pesar de que todos los grupos políticos en el Congreso, con la excepción del PP, se han apresurado a pedir la destitución inmediata de Trillo de su puesto de Embajador, Mariano Rajoy, enseguida declaró que aquellos hechos ya habían sido juzgados y que además, ya había pasado demasiado tiempo.
Las palabras del Presidente, reabrieron las heridas nunca cerradas de estas familias, que no tardaron en contrarrestar sus palabras con la fuerza incontestable de sus argumentos y ante el revuelo mediático que volvía a poner encima de la mesa, un tema que los populares ya daban por zanjado, a la nueva Ministra, María Dolores de Cospedal, no le ha quedado otro remedio que recibir a los allegados de los muertos, admitir como buenas las conclusiones del Consejo de Estado y comprometerse a reabrir una investigación que jamás se completo, fundamentalmente porque desaparecieron una serie de documentos probatorios, que no volvieron a encontrarse.
Hemos dicho muchas veces que el pasado persigue sin tregua a todos y cada uno de nosotros y que la verdad, tenaz e implacable, acaba imponiéndose siempre sobre la falsedad, colocando inexorablemente a la gente, sean príncipes o mendigos, allá dónde les corresponde, por la naturaleza de sus acciones.
A la hora en que escribo este artículo, Cospedal se enfrenta a un Parlamento, que desgraciadamente para ella no es, ni parecido a aquel en el que el PP dominaba con mayoría absoluta y a la vista de las circunstancias presentes, no le va a quedar otro remedio que admitir, uno tras otro, los gravísimos errores que cometiera, como responsable del Ministerio entonces, su compañero Trillo.
Ya era hora que se pudiera hablar sin tapujos de este escándalo, que en cualquier otro país del mundo hubiera sido un motivo innegable, para que cayera un Gobierno al completo.
Y es momento, aunque sea tarde, aunque algunos de los familiares de aquellos muertos ya no se encuentren entre nosotros y los que aún están aquí, hayan crecido y no sólo en edad, por la injusticia que con los suyos se ha venido cometiendo, primero, de resarcir el mancilladísimo honor robado durante los años de litigio, de ofrecer comprensión y ayuda, en lugar de intolerancia y violencia y después, de exigir implacablemente que el peso de la Ley señale a todos y cada uno de los culpables de aquellos trágicos acontecimientos.
Este Parlamento plural, que hemos elegido los españoles como alternativa a la tiranía de las mayorías absolutas del PP, está obligado a poner todos los medios posibles para que se reabra la investigación, sobre todo, porque está en deuda con todos los ciudadanos, que necesitan saber que ocurrió realmente durante aquellos días y también que ningún delito puede quedar en la impunidad, para poder creer en la Justicia.
Un aplauso, a la tenacidad de los que nunca tiraron la toalla, durante estos años de oscuridad, en los que se les negaba sistemáticamente poder cerrar su historia.
Gracias, por haber vuelto a llamar de nuevo, cada vez que se les cerraba una puerta, por mantener fresca la información en la cabeza de todos los que desde el primer momento estuvimos con ellos  y por ser, en definitiva, titanes que a pesar del inmenso dolor, fueron capaces de pelear con uñas y dientes, por ofrecer un poco de dignidad a sus muertos.
Al fin un rayo de luz, al final del túnel que les ha tocado recorrer a ellos, pero que podía habernos tocado a cualquiera de nosotros.



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