Nueve días ha tardado Donald Trump, en poner en marcha unas
cuantas de sus más polémicas promesas electorales, como si le faltara tiempo
para justificarse ante un electorado cuya verdadera ideología supone todo un
enigma y como intentando demostrar que es capaz de hacer realidad todos
aquellos mensajes explosivos que lanzó, a lo largo y ancho de su vasto País,
cambiando el rumbo de una serie de acontecimientos que no sólo preocupan a
EEUU, sino también al resto del mundo.
Empeñado en hacer visible la fuerza con la que ahora cuenta,
por ocupar uno de los cargos más importantes de cuántos existen en la tierra,
borrar en la medida de lo posible, el paso de su antecesor, Obama, por la
Presidencia, parece haberse convertido en su prioridad más absoluta y poco o
nada le importa, si con ello se convierte en detractor del medio ambiente, como
en el caso de los oleoductos, o transforma en enemigos cervales de su Nación, a
países que hasta ahora se consideraban aliados de USA, como es el caso de su
vecino México, con quién ha iniciado un litigio, a causa del muro, de
incalculables consecuencias.
Pero sin duda lo peor,
ha sido impedir el libre tránsito de los ciudadanos provenientes de siete
países musulmanes, por Estados Unidos, llegando incluso a detener en las
aduanas a los pocos valientes que se atreven a llegar hasta los aeropuertos, aunque
las aerolíneas de las naciones en cuestión, ya se están encargando de filtrar
escrupulosamente, el embarque de estos viajeros.
Traspasando todos los límites de las leyes internacionales y
violando gravemente los principios de la propia ética, sobre la libertad de
circulación, Trump dice pretender acabar del todo con el riesgo de terrorismo
islamista, aunque provoque con su actitud un efecto rebote que ponga en pie de
guerra a la enorme comunidad islámica que ya vive en EEUU.
Todos hemos oído las declaraciones
que durante la Campaña ha venido haciendo este candidato republicano, ahora
convertido en inesperado Presidente, que ha llegado a decir, en una especie de
incomprensible delirio, que la única manera de acabar con ISIS sería la de
liquidar a los familiares de los terroristas, equiparando su pensamiento con el
de los radicales a los que pretende combatir, sin ahorrar en bombas,
literalmente.
Llama la atención, sin embargo, que en la lista de países
vetados no se encuentre Arabia Saudí, al que se considera como el principal
financiador de las armas utilizadas por ISIS, quizá porque los intereses comerciales
establecidos entre este país y EEUU, pesa más en la balanza, que las supuestas
buenas intenciones de Trump, inexplicablemente.
Pero este afán de cumplir escrupulosamente con las medidas
estrella de su Campaña puede tratarse de una cortina de humo que oculte las
verdaderas intenciones del recién estrenado Presidente y sobre todo, lo que
hará, durante el resto de la legislatura que ahora empieza y que podría tener
que ver mucho más con el mundo de los negocios a gran escala a los que siempre
se ha dedicado, que con el bienestar de unos seres humanos, americanos o no, a
los que desde luego, no respeta.
Peligrosamente cerca de los movimientos ultraderechistas
europeos y empeñado también en un acercamiento con Putin e incluso con el líder
de Coirea del Norte, con el que ha manifestado su intención de hablar, la
política de Trump parece encaminada a un nacionalismo carpetovetónico, que choca
frontalmente, por ejemplo, con la globalización defendida por Europa, por lo
que la inquietud de los líderes de las principales naciones del viejo
continente, va creciendo considerablemente, a medida que van pasando los días.
Françoise Hollande, ya se ha atrevido a sugerir que se debe
luchar con contundencia contra la que podría ser, a partir de ahora, la
política norteamericana y de seguro, no le faltará el apoyo de sus socios
comunitarios, que ven peligrar los intereses de la Unión, a la que Trump acusa
directamente, de estarse aprovechando, en varios frentes, de los recursos
norteamericanos.
Y aunque en su propio país está encontrando una contestación,
hasta ahora desconocida a pocos días de la llegada de un nuevo Presidente, nada
hace presagiar que este carismático personaje tenga previsto, en este inicio de
mandato, abandonar su intención de continuar cumpliendo una a una, todas sus
macabras promesas.
Pasar por alto lo que está ocurriendo, no puede convertirse,
en ningún caso, en una salida para el Continente europeo y más que nunca, aquí
y ahora, es necesaria la unidad para poder combatir con urgencia, tamaño
despropósito.
El peligro que supone que una gran parte del poder de la
tierra se encuentre en las manos de un individuo como éste, recuerda y mucho, episodios pasados de la
historia que no trajeron, precisamente, paz a este mundo nuestro.
Entonces fueron los judíos, hoy son los musulmanes, pero la
xenofobia, el odio insuflado a la población de occidente, contra un colectivo
concreto, no puede, sino acarrear, por una y otra parte, un reguero de
violencia indeseable e irreflexiva, que ninguno de nosotros desea.
Los cuatro años venideros, marcarán el rumbo de nuestra
futura historia y no creo que a nadie le guste ser recordado como protagonista
de un periodo de involución del que seguramente costará sangre, sudor y
lágrimas, salir, si no se cambia pronto esta dinámica tenebrista.

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