jueves, 26 de enero de 2017

En la inopia


Decepcionante, la manera de comportarse del Presidente Mariano Rajoy, en la entrevista que le ha concedido esta mañana a Carlos Alsina, en Onda Cero y en la que ha dejado claro que llevaba un camino marcado, bien por sus asesores o por decisión propia, del que no ha querido apartarse y que no era otro que hacer gala de los supuestos logros conseguidos desde que se hiciera con el poder, en 2011 y presionar para tratar de hacerse con el apoyo del PSOE, para poder salir airoso de la presente legislatura, sin tener que abandonar los intereses políticos que defiende y que no suelen coincidir en nada, con los que mejorarían el nivel de vida de la mayoría de los ciudadanos.
Esquivo y reservado, como suele ser habitual en él, ha evitado contestar a las preguntas que pudieran comprometerle, sobre cualquiera de los múltiples frentes que tiene abiertos, dentro y fuera de su Partido y poco o nada le ha importado ofrecer a los oyentes de la emisora una imagen de ignorancia supina, que no se correspondería en nada con la lógica preparación en los temas de actualidad, que debiera caracterizar a cualquier Presidente.
Muy especialmente, cuando el periodista ha tratado de abordar el tema del juicio de la Gúrtel y de recabar la opinión personal que Rajoy tenía sobre el que constituye uno de los mayores casos de corrupción de los últimos tiempos y que atañe directamente, como imputados, a muchos que ocuparon cargos de relevancia en el seno de su Partido, Mariano Rajoy se ha limitado a contestar escuetamente que su atención se centraba únicamente en la difícil tarea de gobernar, llegando a admitir que desconocía del todo, no sólo el desarrollo del juicio, sino también que los abogados del PP, habían solicitado con anterioridad, que la causa fuera sobreseída.
De nada ha servido la insistencia de Alsina, a quién ni siquiera se ha atrevido a mirar a los ojos abiertamente, llegando a producirse entre los dos, una especie de tenso silencio que denotaba la incredulidad del periodista, ante lo que estaba sucediendo y también que Rajoy prefería dar la impresión de ser un ignorante, que mojarse las manos en un asunto del que prefiere no hablar, quizá por ese miedo a cometer algún error de peso, en la evaluación de unos acontecimientos que, por qué no decirlo, le han tocado demasiado cerca.
Poco importa a Rajoy que los ciudadanos tengan derecho, no sólo a conocer la verdad de lo que ha ocurrido con los caudales de todos, a lo largo de los últimos tiempos, sino también a recibir explicaciones detalladas de parte del que ocupa la Presidencia de su Gobierno y que se encuentra obligado a mantener informado al país, de temas que como este que nos ocupa, constituyen una flagrante violación de la Ley y por eso está siendo juzgado actualmente.
Porque le guste o no a Rajoy, hable o calle, según su voluntad, la Gurtel siempre estará vinculada al PP y a la ambición desmedida que demostraron durante años, muchos de sus relevantes miembros y no habría más que tirar de hemeroteca para comprobar dónde se encuentran las raíces de este caso de corrupción y la cercanía personal que los imputados tenían con el Presidente.
Tratar de convencer a la audiencia de su desconocimiento sobre el tema, suena demasiado a estrategia preparada meticulosamente para huir del compromiso de tener que enfrentarse a los fantasmas que le persiguen, sin ofrecerle siquiera una tregua.
Y habría que aclarar, ya lo hemos dicho muchas veces, que el grado de  inteligencia de los ciudadanos de este país resulta ser mucho más elevado del que se les presume cuando se trata de maquillar asuntos de fea apariencia, por lo que este tipo de maniobras, no hacen, sino mermar considerablemente la credibilidad del interlocutor que las utiliza, dejándole, perdonen la expresión, con el culo al aire, delante de toda la audiencia.
A todos nos consta que Rajoy, lo confiese o no, está mucho más que preocupado por lo que ocurre y pueda ocurrir en el juicio de la Gurtel, o en cualquier otro de los muchos frentes en los que la gente de su Partido, se sienta en los banquillos.

Y más que le van a preocupar, porque en cuanto empiecen a conocerse las sentencias y muchos de los que fueron sus íntimos sean condenados, de facto, por apropiarse de lo ajeno, en algún momento, tendrá que emitir su opinión, pues de lo contrario, pasaría a la historia como el Presidente que menos respeto demostró hacia los medios de comunicación de un país, en  el que afortunadamente para todos, aún rige la libertad de prensa. 

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