Decepcionante, la manera de comportarse del Presidente
Mariano Rajoy, en la entrevista que le ha concedido esta mañana a Carlos
Alsina, en Onda Cero y en la que ha dejado claro que llevaba un camino marcado,
bien por sus asesores o por decisión propia, del que no ha querido apartarse y
que no era otro que hacer gala de los supuestos logros conseguidos desde que se
hiciera con el poder, en 2011 y presionar para tratar de hacerse con el apoyo
del PSOE, para poder salir airoso de la presente legislatura, sin tener que
abandonar los intereses políticos que defiende y que no suelen coincidir en
nada, con los que mejorarían el nivel de vida de la mayoría de los ciudadanos.
Esquivo y reservado, como suele ser habitual en él, ha
evitado contestar a las preguntas que pudieran comprometerle, sobre cualquiera
de los múltiples frentes que tiene abiertos, dentro y fuera de su Partido y
poco o nada le ha importado ofrecer a los oyentes de la emisora una imagen de
ignorancia supina, que no se correspondería en nada con la lógica preparación
en los temas de actualidad, que debiera caracterizar a cualquier Presidente.
Muy especialmente, cuando el periodista ha tratado de abordar
el tema del juicio de la Gúrtel y de recabar la opinión personal que Rajoy
tenía sobre el que constituye uno de los mayores casos de corrupción de los
últimos tiempos y que atañe directamente, como imputados, a muchos que ocuparon
cargos de relevancia en el seno de su Partido, Mariano Rajoy se ha limitado a
contestar escuetamente que su atención se centraba únicamente en la difícil
tarea de gobernar, llegando a admitir que desconocía del todo, no sólo el
desarrollo del juicio, sino también que los abogados del PP, habían solicitado
con anterioridad, que la causa fuera sobreseída.
De nada ha servido la insistencia de Alsina, a quién ni
siquiera se ha atrevido a mirar a los ojos abiertamente, llegando a producirse
entre los dos, una especie de tenso silencio que denotaba la incredulidad del
periodista, ante lo que estaba sucediendo y también que Rajoy prefería dar la
impresión de ser un ignorante, que mojarse las manos en un asunto del que
prefiere no hablar, quizá por ese miedo a cometer algún error de peso, en la
evaluación de unos acontecimientos que, por qué no decirlo, le han tocado
demasiado cerca.
Poco importa a Rajoy que los ciudadanos tengan derecho, no
sólo a conocer la verdad de lo que ha ocurrido con los caudales de todos, a lo
largo de los últimos tiempos, sino también a recibir explicaciones detalladas
de parte del que ocupa la Presidencia de su Gobierno y que se encuentra
obligado a mantener informado al país, de temas que como este que nos ocupa,
constituyen una flagrante violación de la Ley y por eso está siendo juzgado
actualmente.
Porque le guste o no a Rajoy, hable o calle, según su
voluntad, la Gurtel siempre estará vinculada al PP y a la ambición desmedida
que demostraron durante años, muchos de sus relevantes miembros y no habría más
que tirar de hemeroteca para comprobar dónde se encuentran las raíces de este
caso de corrupción y la cercanía personal que los imputados tenían con el
Presidente.
Tratar de convencer a la audiencia de su desconocimiento
sobre el tema, suena demasiado a estrategia preparada meticulosamente para huir
del compromiso de tener que enfrentarse a los fantasmas que le persiguen, sin
ofrecerle siquiera una tregua.
Y habría que aclarar, ya lo hemos dicho muchas veces, que el
grado de inteligencia de los ciudadanos
de este país resulta ser mucho más elevado del que se les presume cuando se
trata de maquillar asuntos de fea apariencia, por lo que este tipo de
maniobras, no hacen, sino mermar considerablemente la credibilidad del
interlocutor que las utiliza, dejándole, perdonen la expresión, con el culo al
aire, delante de toda la audiencia.
A todos nos consta que Rajoy, lo confiese o no, está mucho
más que preocupado por lo que ocurre y pueda ocurrir en el juicio de la Gurtel,
o en cualquier otro de los muchos frentes en los que la gente de su Partido, se
sienta en los banquillos.
Y más que le van a preocupar, porque en cuanto empiecen a
conocerse las sentencias y muchos de los que fueron sus íntimos sean
condenados, de facto, por apropiarse de lo ajeno, en algún momento, tendrá que
emitir su opinión, pues de lo contrario, pasaría a la historia como el
Presidente que menos respeto demostró hacia los medios de comunicación de un
país, en el que afortunadamente para
todos, aún rige la libertad de prensa.

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