Coronado Donald Trump, como nuevo Presidente de los Estados
Unidos de América, el mundo aguarda estupefacto el inicio de su mandato,
teniendo la impresión de que el orden establecido durante años y el modo de
vida a que estamos acostumbrados en Occidente, empezará a tambalearse
preludiando el inicio de una era desconocida que se nutre de malos augurios
profundamente ligados al discurso empleado durante la Campaña electoral, por el
que acaba de convertirse en el amo del mundo.
La toma de posesión, seguida de manera muy desigual por sus
conciudadanos y conducida desde una estética faraónico-hortera absolutamente
diferente en el fondo y la forma de la que se siguiera en la de su antecesor
Obama y contemplada desde cerca por un público entre entusiasta e incrédulo que
se había congregado, sin llegar a creer que un hecho tal estuviera de verdad
produciéndose, no contó siquiera con la participación de los habituales famosos
que han solido apoyar a todos los candidatos anteriores a éste y hasta el himno
hubo de ser interpretado por una adolescente de dieciséis años que fue la única
que se atrevió a prestar su voz para tal fin, quizá por no poder haber formado
aún una opinión concreta, sobre la personalidad del nuevo Presidente.
Entretanto y no lejos de allí, miles de manifestantes se
pronunciaban en contra de Trump, llegando en muchos casos a la violencia y
mientras el protocolo continuaba y los Obama se despedían de la Casa Blanca,
cientos de miles de mujeres organizaban por todo el país, actos de protesta
contra el que por su discurso habitual y sus hechos, ha logrado ganarse a pulso
el calificativo de recalcitrante machista.
Nunca antes, la llegada de un Presidente había suscitado en
Estados Unidos tal controversia y cabe preguntarse, mirando alrededor, en qué
momento, cómo y de qué manera, el pueblo americano empezó a perder el rumbo,
atreviéndose a otorgar el poder a un candidato, con el que más de la mitad de
su población no está de acuerdo.
Las medidas anunciadas por Trump, su reconocida xenofobia y
ese americanismo trasnochado que le ha ayudado tanto a ganar terreno entre los
miembros del Tee party y en la América profunda, su declarado nacionalismo obsoleto y la patética teatralidad con que
acomete todos sus actos, no resultan nada tranquilizadoras para los que hasta
ahora se habían considerado como socios políticos de USA, que consideran al
recién llegado como un intruso procedente del mundo de los negocios, que ha
conseguido introducirse por la fuerza del dinero en un oficio del que nada sabe
y cuya práctica puede generar para otros países, una profunda negatividad que
no están dispuestos a aceptar, de ninguna de las maneras posibles.
Su idea de encerrar a los Estados Unidos en un muro de
contención que le separe de cualquier injerencia de otras culturas, el odio que
demuestra hacia los millones de extranjeros que durante años se han establecido
allí y su afán por explotar únicamente dentro del país todos los recursos y
negocios presentes y futuros, sugieren una especie de aislacionismo
superpoderoso, que abandona la forma de globalización que ha caracterizado las
últimas décadas, mermando el intercambio entre naciones que para muchas de ellas,
resulta necesario para sobrevivir y que sin poder acceder al mercado americano,
sufrirían de una muerte lenta.
Las pasiones que levanta en los movimientos ultraderechistas
europeos y el repentino acercamiento a Rusia, que parece haberse propuesto, a
pesar de que tradicionalmente han mantenido una enemistad irresoluble, parecen
sugerir una transformación radical del modo de entender la política que se
practicará durante los próximos cuatro años y `podría influir muy negativamente
en los resultados que se produzcan en los próximos comicios que se convoquen
pronto en el viejo Continente.
Nos guste o no, la influencia de lo que ocurra en esta parte
del mundo, habrá también de afectarnos indefectiblemente a nosotros y habremos
de prepararnos para ello.
Esto no ha hecho más que empezar y sólo queda rogar que al
recién elegido no le sea permitido cumplir la mayor parte de las promesas que
ha lanzado durante la sucia campaña que ha protagonizado con tan buena fortuna
para sus propios intereses.
Algo va a cambiar en Estados Unidos. Quizá estamos asistiendo
al principio de la caída de un Imperio.

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