domingo, 22 de enero de 2017

El amo del mundo


Coronado Donald Trump, como nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, el mundo aguarda estupefacto el inicio de su mandato, teniendo la impresión de que el orden establecido durante años y el modo de vida a que estamos acostumbrados en Occidente, empezará a tambalearse preludiando el inicio de una era desconocida que se nutre de malos augurios profundamente ligados al discurso empleado durante la Campaña electoral, por el que acaba de convertirse en el amo del mundo.
La toma de posesión, seguida de manera muy desigual por sus conciudadanos y conducida desde una estética faraónico-hortera absolutamente diferente en el fondo y la forma de la que se siguiera en la de su antecesor Obama y contemplada desde cerca por un público entre entusiasta e incrédulo que se había congregado, sin llegar a creer que un hecho tal estuviera de verdad produciéndose, no contó siquiera con la participación de los habituales famosos que han solido apoyar a todos los candidatos anteriores a éste y hasta el himno hubo de ser interpretado por una adolescente de dieciséis años que fue la única que se atrevió a prestar su voz para tal fin, quizá por no poder haber formado aún una opinión concreta, sobre la personalidad del nuevo Presidente.
Entretanto y no lejos de allí, miles de manifestantes se pronunciaban en contra de Trump, llegando en muchos casos a la violencia y mientras el protocolo continuaba y los Obama se despedían de la Casa Blanca, cientos de miles de mujeres organizaban por todo el país, actos de protesta contra el que por su discurso habitual y sus hechos, ha logrado ganarse a pulso el calificativo de recalcitrante machista.
Nunca antes, la llegada de un Presidente había suscitado en Estados Unidos tal controversia y cabe preguntarse, mirando alrededor, en qué momento, cómo y de qué manera, el pueblo americano empezó a perder el rumbo, atreviéndose a otorgar el poder a un candidato, con el que más de la mitad de su población no está de acuerdo.
Las medidas anunciadas por Trump, su reconocida xenofobia y ese americanismo trasnochado que le ha ayudado tanto a ganar terreno entre los miembros del Tee party y en la América profunda, su declarado nacionalismo  obsoleto y la patética teatralidad con que acomete todos sus actos, no resultan nada tranquilizadoras para los que hasta ahora se habían considerado como socios políticos de USA, que consideran al recién llegado como un intruso procedente del mundo de los negocios, que ha conseguido introducirse por la fuerza del dinero en un oficio del que nada sabe y cuya práctica puede generar para otros países, una profunda negatividad que no están dispuestos a aceptar, de ninguna de las maneras posibles.
Su idea de encerrar a los Estados Unidos en un muro de contención que le separe de cualquier injerencia de otras culturas, el odio que demuestra hacia los millones de extranjeros que durante años se han establecido allí y su afán por explotar únicamente dentro del país todos los recursos y negocios presentes y futuros, sugieren una especie de aislacionismo superpoderoso, que abandona la forma de globalización que ha caracterizado las últimas décadas, mermando el intercambio  entre naciones que para muchas de ellas, resulta necesario para sobrevivir y que sin poder acceder al mercado americano, sufrirían de una muerte lenta.
Las pasiones que levanta en los movimientos ultraderechistas europeos y el repentino acercamiento a Rusia, que parece haberse propuesto, a pesar de que tradicionalmente han mantenido una enemistad irresoluble, parecen sugerir una transformación radical del modo de entender la política que se practicará durante los próximos cuatro años y `podría influir muy negativamente en los resultados que se produzcan en los próximos comicios que se convoquen pronto en el viejo Continente.
Nos guste o no, la influencia de lo que ocurra en esta parte del mundo, habrá también de afectarnos indefectiblemente a nosotros y habremos de prepararnos para ello.
Esto no ha hecho más que empezar y sólo queda rogar que al recién elegido no le sea permitido cumplir la mayor parte de las promesas que ha lanzado durante la sucia campaña que ha protagonizado con tan buena fortuna para sus propios intereses.
Algo va a cambiar en Estados Unidos. Quizá estamos asistiendo al principio de la caída de un Imperio.




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