miércoles, 25 de enero de 2017

Pecados capitales


Se desmorona por momentos la imagen ideal que se tenía sobre la unidad en Podemos y a medida que pasan los días se van haciendo más evidentes los terribles desencuentros que se dan entre Iglesias y Errejón, sin que ninguna de las otras voces autorizadas, como la de Bescansa o Rodriguez, consigan amainar el temporal que parece haberse desencadenado entre dos corrientes opuestas, incapaces de hallar un punto intermedio en el que converger, por el bien de una gente que había puesto todas sus esperanzas en que se pudiera conseguir un cambio político, sobre todo, incruento.
Los pecadillos veniales que hasta ahora habían cometido estos líderes, casi siempre motivados por su falta real de experiencia, se han ido agravando, primero, con los cruces de acusaciones mutuas que se han venido lanzando a través de las redes sociales y después, a causa de la vanidad que suele acompañar a todos aquellos que en algún momento de su vida tocan con sus manos algún tipo de poder, perdiendo la memoria de lo que fueron sus primeros comienzos e intentando ascender en una escala de valores bien distinta a la que manejamos el resto de los humanos, por pura inconsciencia.
A mí me parece que a Podemos le sobra en general, juventud y que adolece, seguramente por voluntad propia, de líderes de peso con una trayectoria política y humana de la que los recién llegados podrían aprender, pues nadie nace sabiendo y la experiencia es un grado que solo se adquiere, con el paso de los años.
Ya sabemos que en general, los viejos políticos, fundamentalmente los que proceden de los dos grandes Partidos que hasta ahora se han alternado en el poder, no han sabido evolucionar en el sentido que de ellos se hubiera esperado y que una gran parte, se han acomodado plácidamente en un lugar de privilegio, del que no hay manera de apearles, si no es a base de golpes de efecto, que en cierta medida, remuevan los cimientos de sus conciencias.
Pero ser mayor, no ha de suponer necesariamente haberse vendido en algún momento de la vida y el empeño de Podemos en mostrarse como un Partido dirigido exclusivamente por jóvenes, como si de repente hubieran desaparecido de la faz del país, todos aquellos que superaron los cincuenta,le resta una importante fuente de credibilidad y desdeña los sabios consejos que seguramente podrían recibir los recién llegados y que nada tendrían que ver con su indiscutible preparación y mucho con la astucia que genera haber vivido situaciones diversas y lo que se ha aprendido, in situ, de cada una de ellas.
Está muy claro que el camino emprendido por Iglesias y Errejón no acabará llevando a buen puerto y que o bien por endiosamiento personal o porque los equipos que conforman su entorno no son capaces de arbitrar soluciones que convenzan, lo único que puede ocurrir, cuando se celebre el acto de Vista Alegre, es que una de las dos posturas se acabe imponiendo a la otra por la fuerza, produciendo un terrible desgaste, en la idea de lo que tendría que ser Podemos.
 Parece, como si se hubiera olvidado que el Partido procede directamente de los movimientos asamblearios del 15M, que se caracterizaron por saber encauzar de una forma abierta y sincera, todas y cada una de las innumerables intervenciones que se produjeron en las tribunas de las calles y que consiguieron aunar el paso de los millones de participantes, aunque hubieran llegado allí, desde distintas procedencias.
Y es precisamente esa unidad, sin cortapisas, la única que puede salvar los cimientos que se crearon en aquel momento y que constituyeron la sólida base capaz de mover a los ciudadanos, devolviéndoles la ilusión en el triunfo de las nuevas ideas.
Haberse convertido en líder de aquella Revolución, ha de ser, necesariamente, un honor para los que ahora se sientan, gracias a nuestros votos en el Parlamento y a los que únicamente exigimos, que luchen por hacer mejor el país, en base a los principios que entonces todos asumimos como nuestros.
Poco, nada, importan sus nombres. Están dónde están, porque nosotros quisimos. Y si no son capaces de arbitrar un camino por el que confluir, tal vez haya llegado el momento de dar un paso atrás. Ni Iglesias ni Errejón son, para los que creemos en Podemos, imprescindibles.



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