Se desmorona por momentos la imagen ideal que se tenía sobre
la unidad en Podemos y a medida que pasan los días se van haciendo más
evidentes los terribles desencuentros que se dan entre Iglesias y Errejón, sin
que ninguna de las otras voces autorizadas, como la de Bescansa o Rodriguez,
consigan amainar el temporal que parece haberse desencadenado entre dos
corrientes opuestas, incapaces de hallar un punto intermedio en el que
converger, por el bien de una gente que había puesto todas sus esperanzas en
que se pudiera conseguir un cambio político, sobre todo, incruento.
Los pecadillos veniales que hasta ahora habían cometido estos
líderes, casi siempre motivados por su falta real de experiencia, se han ido
agravando, primero, con los cruces de acusaciones mutuas que se han venido
lanzando a través de las redes sociales y después, a causa de la vanidad que
suele acompañar a todos aquellos que en algún momento de su vida tocan con sus
manos algún tipo de poder, perdiendo la memoria de lo que fueron sus primeros
comienzos e intentando ascender en una escala de valores bien distinta a la que
manejamos el resto de los humanos, por pura inconsciencia.
A mí me parece que a Podemos le sobra en general, juventud y
que adolece, seguramente por voluntad propia, de líderes de peso con una
trayectoria política y humana de la que los recién llegados podrían aprender,
pues nadie nace sabiendo y la experiencia es un grado que solo se adquiere, con
el paso de los años.
Ya sabemos que en general, los viejos políticos,
fundamentalmente los que proceden de los dos grandes Partidos que hasta ahora
se han alternado en el poder, no han sabido evolucionar en el sentido que de
ellos se hubiera esperado y que una gran parte, se han acomodado plácidamente
en un lugar de privilegio, del que no hay manera de apearles, si no es a base
de golpes de efecto, que en cierta medida, remuevan los cimientos de sus
conciencias.
Pero ser mayor, no ha de suponer necesariamente haberse
vendido en algún momento de la vida y el empeño de Podemos en mostrarse como un
Partido dirigido exclusivamente por jóvenes, como si de repente hubieran
desaparecido de la faz del país, todos aquellos que superaron los cincuenta,le
resta una importante fuente de credibilidad y desdeña los sabios consejos que
seguramente podrían recibir los recién llegados y que nada tendrían que ver con
su indiscutible preparación y mucho con la astucia que genera haber vivido
situaciones diversas y lo que se ha aprendido, in situ, de cada una de ellas.
Está muy claro que el camino emprendido por Iglesias y
Errejón no acabará llevando a buen puerto y que o bien por endiosamiento
personal o porque los equipos que conforman su entorno no son capaces de
arbitrar soluciones que convenzan, lo único que puede ocurrir, cuando se
celebre el acto de Vista Alegre, es que una de las dos posturas se acabe
imponiendo a la otra por la fuerza, produciendo un terrible desgaste, en la
idea de lo que tendría que ser Podemos.
Parece, como si se
hubiera olvidado que el Partido procede directamente de los movimientos
asamblearios del 15M, que se caracterizaron por saber encauzar de una forma
abierta y sincera, todas y cada una de las innumerables intervenciones que se
produjeron en las tribunas de las calles y que consiguieron aunar el paso de
los millones de participantes, aunque hubieran llegado allí, desde distintas
procedencias.
Y es precisamente esa unidad, sin cortapisas, la única que
puede salvar los cimientos que se crearon en aquel momento y que constituyeron
la sólida base capaz de mover a los ciudadanos, devolviéndoles la ilusión en el
triunfo de las nuevas ideas.
Haberse convertido en líder de aquella Revolución, ha de ser,
necesariamente, un honor para los que ahora se sientan, gracias a nuestros
votos en el Parlamento y a los que únicamente exigimos, que luchen por hacer
mejor el país, en base a los principios que entonces todos asumimos como
nuestros.
Poco, nada, importan sus nombres. Están dónde están, porque
nosotros quisimos. Y si no son capaces de arbitrar un camino por el que
confluir, tal vez haya llegado el momento de dar un paso atrás. Ni Iglesias ni
Errejón son, para los que creemos en Podemos, imprescindibles.

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