Parodiando aquella famosa frase pronunciada precisamente por
Federico Trillo, a micrófono abierto, cuando era Presidente del Congreso de los
diputados, manda huevos que hayan tenido que pasar más de catorce años para que
un Presidente de gobierno del PP reciba a los familiares de las víctimas del
Yak 42, una historia de terror que ha mantenido viva la lucha por el
esclarecimiento de una verdad, que los políticos directamente relacionados con
los acontecimientos, han tratado infructuosamente de enterrar bajo una espesa capa de oscurantismo
y de silencio.
Este cambio de actitud, que empezó a percibirse cuando la
nueva Ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, accedió a reunirse con
las familias y en el que ha tenido mucho que ver la heterogénea composición del
actual Parlamento, no representa sin embargo, que se vaya a hacer todo lo
posible por reabrir una investigación que se abandonó incomprensiblemente,
dejando innumerables incógnitas por resolver, como sería el deseo de estos
incansables luchadores, a los que ahora se dan nuevas esperanzas, pero a los
que no quedan claras las intenciones reales de este Gobierno.
Sin poder cerrar un duelo que se mantiene fresco en sus
corazones, incluso con más crudeza que el mismo día que se produjo la tragedia, los familiares de
los militares fallecidos, acuden a esta nueva puerta que se les abre,
escarmentados por el trato vejatorio que durante todo este tiempo han recibido
y exigiendo, porque ya no les queda nada más que perder, primero, que aparezcan
los contratos de los aviones que desaparecieron misteriosamente, en la etapa de
Trillo y después, que se trate por todos los medios de impedir la incorporación
al Consejo de Estado del ex Ministro, al que siempre consideraron como primer
responsable de lo que ocurrió y de los sucesos que después se derivaron de la
espantosa gestión de su tragedia.
No se puede olvidar que Mariano Rajoy reaccionó, hace sólo
unos días, a la pregunta de un periodista sobre lo ocurrido con el Yak42,
diciendo que consideraba el caso resuelto y que además, ya había pasado mucho
tiempo, como dando por buenas las conclusiones que entonces presentara el
Ministerio que dirigía Trillo, a quién se premió después, nombrándole Embajador
en Londres, eximiéndole así de cualquier responsabilidad, no sólo en la
contratación de aviones que no se encontraban en situación de volar, sino
también de la terrible confusión que se provocó con la identificación de los
cuerpos.
Sin que sepamos aún qué piensa decir u ofrecer el Presidente
a quienes se van a reunir con él esta mañana, la indiferencia demostrada por el
PP, durante estos catorce años, ante el profundo dolor de las familias que
perdieron en este accidente a sus seres queridos, no parece augurar que en
ningún caso se atreva ahora a darles la razón y menos aún, que se atreva a
indagar profusamente en algo que de llegar a esclarecerse hasta sus últimas
consecuencias, podría perjudicar seriamente no sólo la imagen de su Partido,
sino que también pondría en tela de juicio la falta absoluta de ética de algunos
personajes que han sido pilares en el PP, aunque ahora hayan quedado relegados
a puestos de retaguardia, si bien conservando un honor, que quizá nunca
merecieron.
Expectantes, los ciudadanos aguardamos, más que lo que pueda
ocurrir en el encuentro, las medidas que puedan tomarse a continuación y que
debieran ser contundentes, si de verdad se quiere cerrar esta herida abierta en
el corazón de los familiares de los militares fallecidos entonces y también de
todos los españoles.
Este negro episodio de nuestra historia reciente, merece ser
clarificado, sin que se ahorren medios en conseguirlo y caiga quien caiga en el
intento.
Lo merecen, los que han luchado sin rendirse jamás, durante
estos últimos catorce años, contra un gigante de incomprensión que no ha hecho
otra cosa, más que mancillar los nombres de sus muertos y sobre todo, para que
sea imposible que hechos como estos
puedan llegar a repetirse jamás, porque las vidas de las personas, militares o
no, han de estar necesariamente por encima de las finanzas y de los turbios
negocios que se mueven en las trastiendas, sin que la mayoría de las veces,
lleguemos a saberlo.

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