No resulta fácil hablar de lo que está ocurriendo en Podemos,
ni tampoco discernir por cuál de las corrientes que emergen en su interior
decidirse, sobre todo cuando en el momento en el que vivimos, la izquierda
necesita más que nunca caminar en unidad, si es que verdaderamente se quiere
cambiar el rumbo que ha tomado la política en los últimos años, en este querido
País nuestro.
El intercambio de opiniones, de viva voz o a través de las
redes, protagonizado por Iglesias y Errejón, que juntos hicieron saltar la
chispa de la ilusión en una buena parte de los ciudadanos y cuyo ascenso a las
Instituciones consiguió transformar la composición anodina del Parlamento, se
está convirtiendo, más que un debate ideológico perfectamente aceptable cuando
se milita en un Partido que proviene de los movimientos asamblearios del 15M,
en un tira y afloja personal que descorazona considerablemente a todos aquellos
que vimos en Podemos una posibilidad real de salir del gravísimo bache en el
que nos habían sumido los señores del bipartidismo y muy especialmente, los del
Partido Popular, durante los años de mayoría absoluta, en los que ha gobernado
nuestro bienestar humano y social, a golpe de Decreto.
El carisma de ambos líderes no admite discusión y precisamente
por ello, porque el tándem que formaban permitía flexibilizar el amplio abanico
de las diferencias en la izquierda, las cosas han marchado tan bien,
arrastrando a simpatizantes e inscritos de muchas y variadas corrientes, que
hasta ahora habían logrado convivir, a base de diálogo pacífico , en el seno de
esta gran familia que se ha formado, a lo largo y ancho de nuestra geografía.
Puede que el punto de inflexión se diera, aunque nadie
quisiera admitirlo, cuando hubo que hacer frente a las negociaciones con el
PSOE de Pedro Sánchez y la moderación que preconizaba Errejón, como jefe de
campaña, no lograra más que mermar apoyos, a pesar de que IU se sumara al
acuerdo y puede que hasta fuera un error tratar de reprimir la radicalidad
natural del discurso de Iglesias durante sus intervenciones, pero un momento
puntual, no puede ni debe marcar para siempre las relaciones entre los
integrantes de una Formación y es necesario pasar página, si lo que de verdad
se desea, es afrontar nuevos retos.
El estrepitoso fracaso de los socialistas, no ha debido, de
ningún modo, hacer mella en la manera de mirar al futuro que le corresponde a
Podemos y menos aún, arrastrarle con él al mismo abismo de indecisión, de
luchas internas y de ambiciones personales en el que ahora se debate el PSOE y
que podría dar lugar a un hundimiento similar al que sufre este Partido,
dejando huérfanos a los votantes de izquierda.
Si lo que se desea es que de Vista Alegre salga una Formación
reforzada que pueda optar realmente a la consecución del poder, tanto Errejón
como Iglesias, deben aprender a ceder en sus planteamientos y ser capaces, con
inteligencia, pero sobre todo con astucia y mano izquierda, de hallar un camino
de reconciliación que en lugar de mostrar abiertamente las distancias que les
separan, constituya un intento contundente de caminar en unidad, porque ésa y
no otra, es la actitud que de ellos esperan, aquellos que les eligieron.
Ser capaces de conseguirlo, ha de ser absoluta prioridad para
ambos, lejos de disquisiciones teóricas que no ayudan en nada a mejorar la
situación real de los ciudadanos.
Hallar soluciones a los gravísimos problemas que padecemos,
acercar las Instituciones políticas a la gente y procurar devolver la dignidad
sustraída a este sufrido pueblo que tanto esperaba de ellos, ha de ser
argumento suficiente para que ambos reconsideren su empecinamiento personal y
se presten a arbitrar un reencuentro que posibilite en un futuro, una victoria.
Al final, va a ser verdad que existe una profunda brecha
entre la teoría y la praxis. La historia, que tiende a repetirse
periódicamente, lo ha demostrado muchas veces, aunque en el fondo habría que
admitir, que el grueso de la población, de esos cinco millones y pico que
decidieron poner su confianza en Podemos, prestándoles sus votos, poco o nada
entienden de hipótesis intelectualoides y mucho de si pueden o no, volver a
tener sus necesidades primarias cubiertas, pudiendo contar con el apoyo de su
Gobierno.
De pensadores fracasados, está el mundo lleno y aún
continuamos encadenados a las premisas de este capitalismo feroz que está
devorando la tierra, con la ayuda de los grupos más poderosos que avanzan con
férrea unidad, sólo a favor de sus propios intereses.
Así que lo primero es actuar y poco o nada importa quién
lidere este movimiento.
No parece de recibo jugar con las ilusiones que se tejieron
alrededor de Podemos, por cuestiones que escapan a la sagacidad de los que
decidieron sumarse al ejemplo de cambio que se proponía en un principio.
A veces, sólo hay que volver a los orígenes, para entender
que es fácil no cometer errores cuando se parte de la razón y no se abandonan
las líneas que se marcaron, para perderse por senderos que no conducen a
ninguna parte, más que a la desunión y por ende, a la pérdida de confianza con
la que se contaba anteriormente.

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