Mañana, si todo va bien, la medicina pública española hará el
milagro de devolverme la visión perdida
hace tiempo, a casa de una de esas cataratas que nos crecen a casi todos
cuando alcanzamos cierta edad y que es una de las contrapartidas que trae la
veteranía, aunque afortunadamente, casi siempre tiene arreglo.
A pesar de estar en vísperas de una operación, me encuentro
absolutamente tranquila porque sé que estaré en manos de magníficos
profesionales, de esos que ahora tanto critican los gobernantes del Partido
Popular, pero que acumulan un bagaje de envidiable formación y experiencia,
adquirido primero en las aulas y después
en los Hospitales de nuestra Seguridad Social, que ya quisieran para sí, muchos
médicos de esos que funcionan por el mundo, instalados en lujosas consultas
privadas que les reportan tan suculentos beneficios.
No voy a seguir la pauta
marcada por el Rey y voy a dar ejemplo a mis conciudadanos, poniendo la salud
de mis ojos a disposición de estos oftalmólogos, que al no haber dinero de por
medio, harán exactamente lo justo y preciso para sacarme de la nebulosa en que
vivo, sin añadidos de última hora que suban el montante de la minuta que me
cobrarían, si se movieran en el ámbito
de la medicina particular y que, de necesitarlo, me proveerán de cuánto
requiera, con los mejores medios existentes, que son de los que dispone esta
Sanidad de la que ahora se han propuesto privarnos.
Porque ya los he tratado en visitas previas, también me
consta que el trato que recibiré será excelente, a pesar de que en este
Hospital en concreto, los profesionales andan luchando contra la intención de
poner en la calle a más de ochenta trabajadores, como viene ocurriendo
últimamente en otros muchos Centros del País, a los que como sabéis, venimos
apoyando en sus reivindicaciones que son también las nuestras, para que
finalmente esto no suceda y podamos seguir usando de sus servicios, durante
muchos años.
Puede que hasta que alcance un cierto nivel de recuperación,
me sea imposible por unos días, asomarme a esta ventana de comunicación que
tengo con vosotros, pero estoy convencida que será por un breve periodo de
tiempo y que volveré, absolutamente
recuperada y mucho más feliz, al estrenar una visión renovada, de la que hace
ya tiempo carecía.
En mi ausencia, os deseo lo mejor y que sigáis al tanto de
las noticias de interés que puedan sucederse. A ver si entretanto, también se
me agiliza la mente y soy capaz de ofrecer las buenas nuevas que siempre
estoy deseando dar.
Por favor, esperadme.

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