Parece finalmente probada la relación del caso Bárcenas con
la trama Gurtel , por lo que el juez Ruz reclama los papeles del ex tesorero,
en un intento de probar que su fortuna procede directamente, de maniobras de
extorsión ejecutadas sobre empresarios, que pretendían poder acceder a
determinadas obras públicas.
Que la urdimbre de Gurtel era intrincada ya lo tenía claro el
Juez Garzón cuando ordenó las escuchas que le han costado la carrera y ya
entonces, los múltiples intereses escondidos bajo esta espesa capa de
corrupción, pusieron en marcha la maquinaria necesaria para apartar de
determinadas personas de relevancia cualquier mirada curiosa, que pudiera dar
al traste con el negocio redondo que producía, a tanta gente, magníficos
beneficios.
Si llegamos a enterarnos de toda la verdad y no vuelve a
ocurrir con los magistrados que ahora se encargan de esta complicada
investigación, algo parecido a lo que sucedió con Garzón, las implicaciones de
personajes públicos en esta mafia de
financiación clandestina, podrían llegar a afectar a toda una cadena de
transmisión que empezaría en determinados cargos de poca relevancia, hasta
tocar al mismísimo Gobierno de la Nación, con sus más ilustres representantes
al frente.
Para los jueces, Bárcenas vale más por lo que calla que por
lo que dice y él es plenamente consciente de ello. Su obsesión por evitar la
cárcel y su afán por establecer conexiones con sus antiguos jefes se está
concretando en toda una serie de demandas interpuestas contra el Partido
Popular y su manera de actuar contra él, en los últimos tiempos.
La última se basa en una acusación de maltrato laboral, que
no se sostiene si se tienen en cuenta los veintitrés mil euros que estaba
cobrando mensualmente, pero que podría explicarse si el ex tesorero hubiera
estado siendo amenazado por alguien para que silenciara la información que
supuestamente posee, sobre el asunto de los sobresueldos en negro.
Es sin embargo importantísima esta relación entre casos que
se establece ahora, porque demostraría con toda claridad que ha existido una estrechísima
colaboración entre el PP y los
responsables de la Gurtel, ya que cuando sucedieron los hechos, Bárcenas era
aún un reputado miembro del Partido conservador y todo ocurría entre las
paredes de la Sede de Génova, bajo el mismo techo que a diario alberga a los
dirigentes de esta formación, incluido el actual Presidente de Gobierno.
Mover tal cantidad de capitales sin que ninguna de estas
personalidades advirtiera la gravedad de lo que estaba sucediendo, resulta
francamente increíble o viene a demostrar una ineptitud tal en los dirigentes de
la derecha, que no se puede comprender de qué modo han conseguido llegar a
ocupar los puestos que ocupan, con tan poca inteligencia.
Y al no haberse producido siquiera una triste demanda contra
el ex tesorero y al haber adoptado el PP una estrategia de absoluto silencio
ante los hechos, no queda más remedio que pensar que algo debe haber bajo la
aparente tranquilidad de la que presumen y que no les ha quedado otro remedio
que estudiar en profundidad los pasos a dar en el futuro, si no quieren
desaparecer del panorama político español para siempre y con un deshonor
impensable, para quienes presumen de tan rancio abolengo.
Sin embargo, la sociedad espera apretando los dientes que, al
menos por una vez, la maquinaria policial y judicial no ahorre en medios para
llegar hasta el auténtico fondo del asunto y aguarda con la respiración
contenida que alguien al fin le ofrezca las explicaciones pertinentes, sin
ahorrar detalles, de lo que ha sucedido en esta oscura trama de inmoralidad sin
límites y sobre todo, sin omitir uno solo de los nombres de los implicados de
alguna manera en ella.
Y que sea rápido. Para que no se diluyan en el tiempo las
informaciones y todo termine, como ha solido suceder en casos similares, en una
simple borrasca sin consecuencias, absolutamente injusta para los ciudadanos.

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