jueves, 7 de marzo de 2013

Las tramas se entrelazan



Parece finalmente probada la relación del caso Bárcenas con la trama Gurtel , por lo que el juez Ruz reclama los papeles del ex tesorero, en un intento de probar que su fortuna  procede directamente, de maniobras de extorsión ejecutadas sobre empresarios, que pretendían poder acceder a determinadas obras públicas.
Que la urdimbre de Gurtel era intrincada ya lo tenía claro el Juez Garzón cuando ordenó las escuchas que le han costado la carrera y ya entonces, los múltiples intereses escondidos bajo esta espesa capa de corrupción, pusieron en marcha la maquinaria necesaria para apartar de determinadas personas de relevancia cualquier mirada curiosa, que pudiera dar al traste con el negocio redondo que producía, a tanta gente, magníficos beneficios.
Si llegamos a enterarnos de toda la verdad y no vuelve a ocurrir con los magistrados que ahora se encargan de esta complicada investigación, algo parecido a lo que sucedió con Garzón, las implicaciones de personajes públicos  en esta mafia de financiación clandestina, podrían llegar a afectar a toda una cadena de transmisión que empezaría en determinados cargos de poca relevancia, hasta tocar al mismísimo Gobierno de la Nación, con sus más ilustres representantes al frente.
Para los jueces, Bárcenas vale más por lo que calla que por lo que dice y él es plenamente consciente de ello. Su obsesión por evitar la cárcel y su afán por establecer conexiones con sus antiguos jefes se está concretando en toda una serie de demandas interpuestas contra el Partido Popular y su manera de actuar contra él, en los últimos tiempos.
La última se basa en una acusación de maltrato laboral, que no se sostiene si se tienen en cuenta los veintitrés mil euros que estaba cobrando mensualmente, pero que podría explicarse si el ex tesorero hubiera estado siendo amenazado por alguien para que silenciara la información que supuestamente posee, sobre el asunto de los sobresueldos en negro.
Es sin embargo importantísima esta relación entre casos que se establece ahora, porque demostraría con toda claridad que ha existido una estrechísima colaboración  entre el PP y los responsables de la Gurtel, ya que cuando sucedieron los hechos, Bárcenas era aún un reputado miembro del Partido conservador y todo ocurría entre las paredes de la Sede de Génova, bajo el mismo techo que a diario alberga a los dirigentes de esta formación, incluido el actual Presidente de Gobierno.
Mover tal cantidad de capitales sin que ninguna de estas personalidades advirtiera la gravedad de lo que estaba sucediendo, resulta francamente increíble o viene a demostrar una ineptitud tal en los dirigentes de la derecha, que no se puede comprender de qué modo han conseguido llegar a ocupar los puestos que ocupan, con tan poca inteligencia.
Y al no haberse producido siquiera una triste demanda contra el ex tesorero y al haber adoptado el PP una estrategia de absoluto silencio ante los hechos, no queda más remedio que pensar que algo debe haber bajo la aparente tranquilidad de la que presumen y que no les ha quedado otro remedio que estudiar en profundidad los pasos a dar en el futuro, si no quieren desaparecer del panorama político español para siempre y con un deshonor impensable, para quienes presumen de tan rancio abolengo.
Sin embargo, la sociedad espera apretando los dientes que, al menos por una vez, la maquinaria policial y judicial no ahorre en medios para llegar hasta el auténtico fondo del asunto y aguarda con la respiración contenida que alguien al fin le ofrezca las explicaciones pertinentes, sin ahorrar detalles, de lo que ha sucedido en esta oscura trama de inmoralidad sin límites y sobre todo, sin omitir uno solo de los nombres de los implicados de alguna manera en ella.
Y que sea rápido. Para que no se diluyan en el tiempo las informaciones y todo termine, como ha solido suceder en casos similares, en una simple borrasca sin consecuencias, absolutamente injusta para los ciudadanos.

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