Cada vez que se elige
un nuevo Papa, una tiene la esperanza de que en su primera salida al balcón,
repita el discurso pronunciado por Anthony Quinn en “Las sandalias del pescador”, cuando pone a
disposición de los pobres del mundo, la totalidad de las riquezas vaticanas
Nunca sucede y en su lugar, lo que se repite es el boato que
rodea en sí, al ceremonial establecido
por la Curia y que ya empieza a ser patente unos días antes, cuando se convoca
el Cónclave que terminará con la salida de la fumata blanca.
Esta vez, al ser elegido un Papa argentino, a esa esperanza
nunca cumplida, se sumó por unos momentos, la de que el nuevo vicario de Cristo
procediera de alguna de las muchas corrientes progresistas que han
revolucionado la vida de la Iglesia en Hispano América, pero no ha sido ese el
camino que ha recorrido Bergogglio, que cuenta en su historial con la mancha de
haber apoyado a los dictadores militares que gobernaron en Argentina en los
años setenta y ochenta, en lugar de haberse posicionado, como otros muchos
sacerdotes, del lado de los familiares que buscaban desesperadamente a sus
desaparecidos y cuya máxima representación fueron las Madres de Plaza de Mayo.
Así que también se desvanece la esperanza de que este nuevo
heredero de Pedro, que elige el nombre de Francisco, pudiera representar la
apertura al modernismo que la Iglesia necesita y más bien, nos invade la
sensación de que su periodo de mandato será, probablemente, una simple
continuación de la política ultraconservadora de sus más inmediatos antecesores.
Y aunque es pronto para emitir juicios de valor sobre este personaje
que se incorpora desde hoy a la actualidad de las noticias, mucho nos tememos
que nada cambiará para los necesitados del mundo y que su mirada continuará
seguramente puesta más cerca de la Banca
Vaticana, que de los lugares en que habitan los desheredados de la tierra.
Tiene ante sí, una etapa difícil, plagada de escándalos de
toda índole y muchos errores pasados que remediar, si quiere seguir conservando
la feligresía con que cuenta y que ya había empezado, con anterioridad, a
decrecer peligrosamente, fundamentalmente entre los jóvenes, ahora desesperados
por los efectos de la crisis.
Se abre pues, un nuevo periodo de papado, que los católicos
más identificados con la doctrina real de Cristo, aguardan con los ojos puestos
en un futuro mucho más que incierto.
Según vaya actuando, sabremos si al menos se cumplen algunos
de los sueños que todos ellos tienen para su Iglesia.
De momento, tampoco parece que éste vaya a calzar
precisamente, las viejas sandalias del pobre pescador y sí los carísimos
zapatos fabricados en exclusiva para él, por algún artesano con ansias de
notoriedad que espera a cambio un aluvión de trabajo, esta vez literalmente
llovido del cielo, con el que mejorar su situación personal, quizá necesitada
de este empujoncito.
Ya nos hubiera gustado que se pareciera en algo a Kiril
Lakota, pero parece habrá que esperar nuevas ocasiones, a ver si alguna vez nuestras
esperanzas se cumplen.

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