miércoles, 13 de marzo de 2013

Los zapatos del pescador



Cada vez que se  elige un nuevo Papa, una tiene la esperanza de que en su primera salida al balcón, repita el discurso pronunciado por Anthony Quinn en “Las  sandalias del pescador”, cuando pone a disposición de los pobres del mundo, la totalidad de las riquezas vaticanas
Nunca sucede y en su lugar, lo que se repite es el boato que rodea en sí, al  ceremonial establecido por la Curia y que ya empieza a ser patente unos días antes, cuando se convoca el Cónclave que terminará con la salida de la fumata blanca.
Esta vez, al ser elegido un Papa argentino, a esa esperanza nunca cumplida, se sumó por unos momentos, la de que el nuevo vicario de Cristo procediera de alguna de las muchas corrientes progresistas que han revolucionado la vida de la Iglesia en Hispano América, pero no ha sido ese el camino que ha recorrido Bergogglio, que cuenta en su historial con la mancha de haber apoyado a los dictadores militares que gobernaron en Argentina en los años setenta y ochenta, en lugar de haberse posicionado, como otros muchos sacerdotes, del lado de los familiares que buscaban desesperadamente a sus desaparecidos y cuya máxima representación fueron las Madres de Plaza de Mayo.
Así que también se desvanece la esperanza de que este nuevo heredero de Pedro, que elige el nombre de Francisco, pudiera representar la apertura al modernismo que la Iglesia necesita y más bien, nos invade la sensación de que su periodo de mandato será, probablemente, una simple continuación de la política ultraconservadora de sus más inmediatos antecesores.
Y aunque es pronto para emitir juicios de valor sobre este personaje que se incorpora desde hoy a la actualidad de las noticias, mucho nos tememos que nada cambiará para los necesitados del mundo y que su mirada continuará seguramente puesta más cerca de  la Banca Vaticana, que de los lugares en que habitan los desheredados de la tierra.
Tiene ante sí, una etapa difícil, plagada de escándalos de toda índole y muchos errores pasados que remediar, si quiere seguir conservando la feligresía con que cuenta y que ya había empezado, con anterioridad, a decrecer peligrosamente, fundamentalmente entre los jóvenes, ahora desesperados por los efectos de la crisis.
Se abre pues, un nuevo periodo de papado, que los católicos más identificados con la doctrina real de Cristo, aguardan con los ojos puestos en un futuro mucho más que incierto.
Según vaya actuando, sabremos si al menos se cumplen algunos de los sueños que todos ellos tienen para su Iglesia.
De momento, tampoco parece que éste vaya a calzar precisamente, las viejas sandalias del pobre pescador y sí los carísimos zapatos fabricados en exclusiva para él, por algún artesano con ansias de notoriedad que espera a cambio un aluvión de trabajo, esta vez literalmente llovido del cielo, con el que mejorar su situación personal, quizá necesitada de este empujoncito.
Ya nos hubiera gustado que se pareciera en algo a Kiril Lakota, pero parece habrá que esperar nuevas ocasiones, a ver si alguna vez nuestras esperanzas se cumplen.

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