Entra en escena el Juez Bermúdez, a colación de una querella
presentada por Izquierda Unida y el Partido Popular se echa a temblar con el
sólo recuerdo de cómo gestionó el juicio del 11M, sin tener en cuenta ninguno
de los argumentos de complot que esgrimían los conservadores de entonces, para
tratar de borrar las mentiras que habían contado a los españoles.
Entra, de momento, imputando a los empresarios que hicieron
jugosos donativos al PP, que coinciden curiosamente, con la realización de
ciertas obras de envergadura, adjudicadas precisamente, a las empresas que
estos gestionaban.
Entra, con la intención de investigar si esos donativos se corresponden también con los sobresueldos
reflejados en la agenda de Bárcenas y dando a entender que no le temblará el
pulso en imputar a quién considere oportuno, llámese como se llame y ocupe el
cargo que ocupe.
Este Juez, que tuvo una actuación impecable en el proceso de
los atentados y que en ningún momento se dejó influir por las teorías de
conspiración que propugnaba entonces el Gobierno saliente de Aznar , intentando
desesperadamente implicar a ETA en la autoría de los crímenes, para poder
explicar el silencio que mantuvieron hasta las doce de la noche de aquella
jornada de reflexión, procurando perder el menor número posible de votos, en
las elecciones que finalmente, ganó por sorpresa, Zapatero.
Si Bermúdez se queda con el caso, las cosas se ponen bastante
negras para un Partido Popular cada vez más acorralado por las acusaciones de
corrupción, supuestamente fraguadas por el que fue su tesorero durante más de
veinte años y que ahora se ha convertido en el peor enemigo que tuvo jamás la
derecha de este país, desde la llegada de la Democracia.
No le dolerán prendas al juez si el caso llega a manchar al
mismísimo Presidente del Gobierno, por eso, los populares se han apresurado a
desear en voz alta que los procesos debieran ser llevados por una sola persona,
en este caso por Ruz, que hasta ahora se encarga de Bárcenas y de su relación
con la trama Gurtel y que tampoco parece dispuesto a ceder a Bermúdez, su
momento de gloria.
Con toda seguridad, Rajoy y los suyos intentarán por todos
los medios que Bermúdez pierda la batalla, pues a pesar de pertenecer a la
corriente conservadora de la magistratura, por alguna razón, es considerado
entre las filas de los populares como una auténtica bestia negra, contraria a
hacer ningún tipo de concesiones por motivos ideológicos.
La interesantísima lucha que se plantea ahora, potencia en
grado sumo el nerviosismo de la derecha, que está viendo derrumbarse todo el
entramado político que han estado construyendo minuciosamente durante años, por
causa de una sola persona, dispuesta a desvelar la peligrosa información que
acumuló mientras permaneció en su cargo e indignada hasta la saciedad por el
abandono sufrido por parte de los dirigentes conservadores, desde que se
destapó su caso.
Por otra parte, es de esperar que los empresarios ahora
imputados, se animen a decir la verdad sobre sus cuantiosas donaciones, si no
quieren terminar entre rejas y esa
verdad, apunta directamente a lo que podría ser un método de extorsión, a
cambio de trabajo en obras públicas, cuyo montante podría haber enriquecido a
personajes relevantes en particular, además de haber servido para financiar
ilegalmente, las campañas políticas populares de los últimos años.
En el fondo, el grueso de la ciudadanía preferiría que fuera
Bermúdez quién se encargara del caso. No sea que ocurra como otras veces, que
al final los culpables queden impunes y
todo se diluya en una serie de tibias condenas y apelaciones, que acaben
dilatando en el tiempo la resolución del asunto, como ya ha ocurrido con
anterioridad, cuando sonaba en ellos el nombre de algún político en activo.
No sé por qué, me viene a la memoria el caso del Yak 42. Los
familiares de los fallecidos aún andan de pasillo en pasillo, reclamando
justicia.

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