viernes, 22 de marzo de 2013

Un mundo de color



Una pequeña complicación pos operatoria, me mantiene anclada a la silla durante un par de días, en espera de que la espesa niebla que se ha instalado en mi córnea vaya disipándose, a pesar de que el espíritu periodístico que me acompaña a todas partes, arde en deseos de volver a retomar el camino de unas noticias, que se amontonan unas sobre otras, dejando estupefacto al personal, por su inusitado contenido.
Me cuesta la espera, fundamentalmente, porque el corralito de Chipre ha hecho saltar todas las alarmas en el sur de Europa y la gente anda escamada con los acontecimientos, temiendo que algún que otro lunático metido a político, siga el ejemplo y robe con una impunidad legal incomprensible, sus ahorros de toda la vida.
Parece llegado el momento de habilitar un hueco en cada casa, incluso aceptando el riesgo de ser asaltado por ladrones de los de toda la vida, para colocar el poco o mucho capital que cada uno había confiado a una banca  que está demostrando con sus malévolas acciones, que es un peligro permanente para los ciudadanos de a pie y que se merece con todas las de la ley, un escarmiento masivo que la deje en esos números rojos que tan poco le gustan cuando se trata de los nuestros, pero que pueden llegar a ser la única causa que provoque el auténtico cierre de algún que otro de estos negocios, que están costando a los países sangre, sudor y lágrimas, sin que nadie se atreva a mencionar siquiera la magnitud de su fracaso.
Sin confianza ninguna en la palabra de quienes nos gobiernan, los españoles nos sentimos especialmente afectados por los sucesos chipriotas y nos tememos que el hierático Rajoy, si se ve en un auténtico compromiso de liquidez, nos despierte una mañana con el anuncio de un cierre bancario y exigiendo de todos nosotros una contribución económica en forma de porcentaje, del total del peculio que tenemos en la sucursal de la esquina y que casi hasta ayer, parecía estar seguro al amparo de empresas que se consideraban solventes, pero que ahora se ha visto que pueden incluso, llevar a las Naciones a la mismísima bancarrota.
Sin poder escribir, a una le hierve la sangre con solo pensar que esto pueda estar ocurriendo, sin dar lugar a una actuación inmediata de la Justicia, que ni siquiera ha dado muestras de ponerse inmediatamente en marcha para frenar en seco estas tropelías inventadas por las mentes calenturientas de unos cuantos magnates sin nombre, pero que constituyen un auténtico acto de terrorismo contra una indefensa ciudadanía, a punto de estallar violentamente, cansada de ser mancillada por la ineptitud de los políticos.
Además, los casos flagrantes de corrupción que han estando ocupando las portadas de los periódicos españoles en los últimos meses, siguen proporcionando un material inagotable, que daría para escribir varios volúmenes, si uno tuviera la capacidad de novelar las tramas, ya que más parecen pura ficción, que una realidad que esté sucediendo aquí y ahora, ni nadie entienda cómo se ha podido llegar a esta situación, ni se atreva a calcular de cuánto dinero estamos hablando, pues da miedo pararse a intentar un cálculo aproximado de la cifra.
Personalmente y ayudada por una serie de fármacos que parecen estar logrando un pequeño milagro, voy adivinando una luz al final del túnel blanquecino que provoca la inflamación de la córnea y recuperando el recuerdo de la intensidad de los colores que había quedado enterrada tras el grosor de las cataratas y que ahora me asalta como un estallido primaveral, anunciándome la maravilla de un futuro con una visión casi perfecta.
Y me atrevo a escribir, porque en el fondo y a pesar de que muchas veces me abandonen las musas y el tedio se instale entre las paredes de mi casa, motivado por el hastío que provoca la rutina que nos impone la actualidad del mundo, es una necesidad personal esto de construir frases y enlazarlas unas con otras para expresar ideas, que fue lo que siempre quise hacer y sin lo que me costaría trabajo vivir, por el mucho amor que le tengo.
Así que voy a transgredir la costumbre de no trabajar el fin de semana y a hacer esta excepción, sin que sirva de precedente.
Quería deciros que estoy bien y que vuelvo con ímpetu a este mundo de color que gracias a los médicos de la Sanidad Pública española, se ha abierto de nuevo ante mis ojos.
  

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