Una pequeña complicación pos operatoria, me mantiene anclada
a la silla durante un par de días, en espera de que la espesa niebla que se ha
instalado en mi córnea vaya disipándose, a pesar de que el espíritu
periodístico que me acompaña a todas partes, arde en deseos de volver a retomar
el camino de unas noticias, que se amontonan unas sobre otras, dejando estupefacto
al personal, por su inusitado contenido.
Me cuesta la espera, fundamentalmente, porque el corralito de
Chipre ha hecho saltar todas las alarmas en el sur de Europa y la gente anda
escamada con los acontecimientos, temiendo que algún que otro lunático metido a
político, siga el ejemplo y robe con una impunidad legal incomprensible, sus ahorros
de toda la vida.
Parece llegado el momento de habilitar un hueco en cada casa,
incluso aceptando el riesgo de ser asaltado por ladrones de los de toda la
vida, para colocar el poco o mucho capital que cada uno había confiado a una
banca que está demostrando con sus
malévolas acciones, que es un peligro permanente para los ciudadanos de a pie y
que se merece con todas las de la ley, un escarmiento masivo que la deje en
esos números rojos que tan poco le gustan cuando se trata de los nuestros, pero
que pueden llegar a ser la única causa que provoque el auténtico cierre de
algún que otro de estos negocios, que están costando a los países sangre, sudor
y lágrimas, sin que nadie se atreva a mencionar siquiera la magnitud de su
fracaso.
Sin confianza ninguna en la palabra de quienes nos gobiernan,
los españoles nos sentimos especialmente afectados por los sucesos chipriotas y
nos tememos que el hierático Rajoy, si se ve en un auténtico compromiso de
liquidez, nos despierte una mañana con el anuncio de un cierre bancario y
exigiendo de todos nosotros una contribución económica en forma de porcentaje,
del total del peculio que tenemos en la sucursal de la esquina y que casi hasta
ayer, parecía estar seguro al amparo de empresas que se consideraban solventes,
pero que ahora se ha visto que pueden incluso, llevar a las Naciones a la
mismísima bancarrota.
Sin poder escribir, a una le hierve la sangre con solo pensar
que esto pueda estar ocurriendo, sin dar lugar a una actuación inmediata de la
Justicia, que ni siquiera ha dado muestras de ponerse inmediatamente en marcha
para frenar en seco estas tropelías inventadas por las mentes calenturientas de
unos cuantos magnates sin nombre, pero que constituyen un auténtico acto de
terrorismo contra una indefensa ciudadanía, a punto de estallar violentamente,
cansada de ser mancillada por la ineptitud de los políticos.
Además, los casos flagrantes de corrupción que han estando
ocupando las portadas de los periódicos españoles en los últimos meses, siguen
proporcionando un material inagotable, que daría para escribir varios
volúmenes, si uno tuviera la capacidad de novelar las tramas, ya que más
parecen pura ficción, que una realidad que esté sucediendo aquí y ahora, ni nadie
entienda cómo se ha podido llegar a esta situación, ni se atreva a calcular de
cuánto dinero estamos hablando, pues da miedo pararse a intentar un cálculo
aproximado de la cifra.
Personalmente y ayudada por una serie de fármacos que parecen
estar logrando un pequeño milagro, voy adivinando una luz al final del túnel blanquecino
que provoca la inflamación de la córnea y recuperando el recuerdo de la
intensidad de los colores que había quedado enterrada tras el grosor de las
cataratas y que ahora me asalta como un estallido primaveral, anunciándome la
maravilla de un futuro con una visión casi perfecta.
Y me atrevo a escribir, porque en el fondo y a pesar de que
muchas veces me abandonen las musas y el tedio se instale entre las paredes de
mi casa, motivado por el hastío que provoca la rutina que nos impone la
actualidad del mundo, es una necesidad personal esto de construir frases y
enlazarlas unas con otras para expresar ideas, que fue lo que siempre quise
hacer y sin lo que me costaría trabajo vivir, por el mucho amor que le tengo.
Así que voy a transgredir la costumbre de no trabajar el fin
de semana y a hacer esta excepción, sin que sirva de precedente.
Quería deciros que estoy bien y que vuelvo con ímpetu a este
mundo de color que gracias a los médicos de la Sanidad Pública española, se ha
abierto de nuevo ante mis ojos.

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