Paralizado-como está- el país genera una falta de noticias que hace que salten a primera plana banalidades que en otra época ni se plantearía referir ningún periódico.
Pero los señores parlamentarios han tenido un año duro y necesitaban con urgencia un periodo vacacional en el que atribularse con la horrible visión profética del otoño venidero y poder afrontar con energía de principiante la guerra abierta que la población declarará contra ellos en cuanto unos y otros recuperemos la cordura que aporta centrarse cada cual en su sitio.
Nos visita la señora Obama originando un despliegue de seguridad que para sí quisiera el mismísimo presidente, pero trae un séquito de cien personas y la ocupación hotelera de lujo agradecerá sin duda el dispendio de la primera dama del mundo para paliar los efectos de una crisis que también ha rascado en los bolsillos generosos de los ricos.
Siguen las detenciones de miembros de ETA sin que este verano todavía nos hayamos llevado el sobresalto de cargas explosivas colocadas en las playas mientras la prensa informa que el cargo de Otegui peligró en la organización como cabeza de los que encabezaban la vía del diálogo para terminar con la violencia.
La prole borbónica ha desembarcado en Mallorca o mejor dicho, embarcado otra vez en el juego de barquitos regateros con que todos los años hace las delicias de los reporteros del corazón y maldita la gracia que tiene que ni siquiera en un periodo difícil como este sean capaces de renunciar a tan costosos entretenimientos.
El señor Mas se duele sorprendido de las acusaciones de corrupción que rondan a su partido mientras el asunto del Liceo muestra las bambalinas económicas evidenciando que bajo los recios cortinajes de la institución cultural se agolpaba la basura sin que nadie se percatara de ello.
Por fin se atreven los controladores aéreos a pronunciar la palabra huelga, sin bajas médicas de por medio, declarando abiertamente la guerra al ministro Blanco no se sabe muy bien con qué pretensiones aunque resultaría por lo menos chocante que sus reivindicaciones fueran económicas con la que está cayendo.
Desciende el paro con la inestimable ayuda de la hostelería estival, suspenden otra vez todos los políticos en las encuestas y la madre Europa nos da un respiro evidentemente lúdico en sus análisis exhaustivos de nuestras posibilidades monetarias, probablemente cargando pilas para la vuelta al calendario laboral y observando en la oscuridad las evoluciones del gobierno en la materia que nos ocupa.
El presidente dice que renuncia a sus vacaciones. Hace bien si no quiere que el desastre alcance dimensiones de total desastre. O a lo peor, anda elucubrando qué nuevos recortes aplicar a los bolsillos de los contribuyentes en cuanto sus señorías vuelvan a ocupar sus escaños y para que la anunciada huelga general lo englobe todo sin tener un nuevo enfrentamiento con los sindicatos en un Septiembre que se promete épico.
Nadie trabaja en el país, bueno, nadie menos los colaboradores de los programas de corazón que copan todas las posibilidades laborales y hasta hacen horas extra en su fantástico mundo de camas calientes y modelitos de bañador de cincuentonas vergonzantes que no admiten que el tiempo también pasa para ellas.
Pero los señores parlamentarios han tenido un año duro y necesitaban con urgencia un periodo vacacional en el que atribularse con la horrible visión profética del otoño venidero y poder afrontar con energía de principiante la guerra abierta que la población declarará contra ellos en cuanto unos y otros recuperemos la cordura que aporta centrarse cada cual en su sitio.
Nos visita la señora Obama originando un despliegue de seguridad que para sí quisiera el mismísimo presidente, pero trae un séquito de cien personas y la ocupación hotelera de lujo agradecerá sin duda el dispendio de la primera dama del mundo para paliar los efectos de una crisis que también ha rascado en los bolsillos generosos de los ricos.
Siguen las detenciones de miembros de ETA sin que este verano todavía nos hayamos llevado el sobresalto de cargas explosivas colocadas en las playas mientras la prensa informa que el cargo de Otegui peligró en la organización como cabeza de los que encabezaban la vía del diálogo para terminar con la violencia.
La prole borbónica ha desembarcado en Mallorca o mejor dicho, embarcado otra vez en el juego de barquitos regateros con que todos los años hace las delicias de los reporteros del corazón y maldita la gracia que tiene que ni siquiera en un periodo difícil como este sean capaces de renunciar a tan costosos entretenimientos.
El señor Mas se duele sorprendido de las acusaciones de corrupción que rondan a su partido mientras el asunto del Liceo muestra las bambalinas económicas evidenciando que bajo los recios cortinajes de la institución cultural se agolpaba la basura sin que nadie se percatara de ello.
Por fin se atreven los controladores aéreos a pronunciar la palabra huelga, sin bajas médicas de por medio, declarando abiertamente la guerra al ministro Blanco no se sabe muy bien con qué pretensiones aunque resultaría por lo menos chocante que sus reivindicaciones fueran económicas con la que está cayendo.
Desciende el paro con la inestimable ayuda de la hostelería estival, suspenden otra vez todos los políticos en las encuestas y la madre Europa nos da un respiro evidentemente lúdico en sus análisis exhaustivos de nuestras posibilidades monetarias, probablemente cargando pilas para la vuelta al calendario laboral y observando en la oscuridad las evoluciones del gobierno en la materia que nos ocupa.
El presidente dice que renuncia a sus vacaciones. Hace bien si no quiere que el desastre alcance dimensiones de total desastre. O a lo peor, anda elucubrando qué nuevos recortes aplicar a los bolsillos de los contribuyentes en cuanto sus señorías vuelvan a ocupar sus escaños y para que la anunciada huelga general lo englobe todo sin tener un nuevo enfrentamiento con los sindicatos en un Septiembre que se promete épico.
Nadie trabaja en el país, bueno, nadie menos los colaboradores de los programas de corazón que copan todas las posibilidades laborales y hasta hacen horas extra en su fantástico mundo de camas calientes y modelitos de bañador de cincuentonas vergonzantes que no admiten que el tiempo también pasa para ellas.

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