El nuevo Ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, llegado al
gabinete de Mariano Rajoy, después de haber llevado la Alcaldía de Sevilla, se
trajo consigo para que formara parte de su equipo a Gregorio Serrano, que había
ocupado diversos cargos en el Ayuntamiento de la citada ciudad y al que colocó
al frente de la DGT, puesto que actualmente ocupa.
Se dice que a los dos les une una profunda amistad que
procede de sus años de colaboración en la Capital andaluza y que por ello, a
nadie extrañó que Zoido le trasladara consigo a Madrid, al considerarle un
hombre de su total confianza, al que deseaba tener cerca como un apoyo seguro en un destino, que para el
Ministro resultaba ser absolutamente nuevo.
La historia ha empezado a complicarse cuando los medios han
publicado que al Director General de Tráfico le ha sido adjudicado directamente
un piso en el interior de una Casa Cuartel de la Guardia Civil y que ya se han
iniciado en la citada vivienda una serie de grandes obras para su acondicionamiento, sin que
hasta el momento se sepa cómo ha podido saltarse la larga lista de espera que
existe para estas concesiones, sobre todo porque nunca ha pertenecido, ni
pertenece en la actualidad, al Cuerpo creado por el Duque de Ahumada, en 1844.
Poco han tardado los
representantes de los miembros de la Guardia Civil en denunciar la
irregularidad que supone otorgar una vivienda gratis a Serrano en uno de estos
emplazamientos y más aún, que se le haya concedido inmediatamente un permiso de
reformas que según fuentes consultadas, resulta casi imposible obtener en
condiciones normales, mientras miles de miembros del cuerpo se agolpan en
copiosas listas de espera y muy fundamentalmente si son considerados de bajo
rango, dentro de la Institución citada.
El escándalo, que le
ha estallado ayer en la cara al Ministro del Interior y que de momento, como en
otros muchos casos anteriores, se ha escudado en el desconocimiento de los
hechos, para no tener que responder al acoso de la prensa, supone sin embargo,
un caso más de presunta corrupción, pues estas viviendas forman parte de un
patrimonio nacional, costeado por todos los españoles, a través de sus
impuestos.
De momento, Serrano guarda un prudente silencio,
probablemente porque daba por hecho que la protección de su amigo Zoido
resultaría suficiente para que estos hechos no trascendieran y no sería de
extrañar que la estrategia de dejar pasar el tiempo, fuera la aconsejada desde
el PP, para que como otras muchas veces, el asunto caiga en el olvido.
Pero teniendo en cuenta que el sueldo de Serrano debe rondar
los 85.000 euros anuales y comparándolo con los emolumentos que perciben los
miembros de la Guardia Civil, resulta absolutamente incomprensible que se
adjudique una vivienda gratis al primero, mientras los que aguardan
pacientemente su turno, como miembros del cuerpo, tengan que costearse un
alquiler, que para ellos puede suponer una enorme desmejora de su nivel de
vida.
Las reacciones de los demás grupos políticos no se han hecho
esperar y más pronto que tarde, no quedará más remedio que depurar las
responsabilidades pertinentes, pues para que se haya dado esta situación, ha
debido obligatoriamente existir una orden directa de algún alto cargo o no
tendría ningún sentido que las obras, que por cierto van a costar 50.000 euros,
hayan comenzado a ejecutarse en el citado inmueble.
Y puede que en el pasado este tipo de acciones pasaran
desapercibidas debido a la tranquilidad que suponía gozar de mayoría absoluta
en el Parlamento, pero ahora, con la fragmentación surgida de las últimas
elecciones, la exigencia de que se ofrezcan inmediatamente explicaciones en el
Congreso se ha convertido en algo rutinario y el Gobierno no podrá eludir, por
mucho que lo quiera, evitar la comparecencia de Zoido en el Hemiciclo.
La indignación de la ciudadanía, no puede ser mayor, dado el
gravísimo problema que existe actualmente con la vivienda en un país, en el que
miles de familias han sido desahuciadas sin contemplaciones durante los últimos
años, sin que se les haya ofrecido, en general, ninguna alternativa ocupacional
que solucione un problema, que se está convirtiendo en endémico.
La verdad, si Serrano llegara a ocupar esa vivienda, el
agravio comparativo que se produciría, no sólo con los miembros del cuerpo,
sino también con la gente en general, podría considerarse casi un delito, como
de Ley sería, que con esos 85.000 euros que percibe, no sólo se costeara su
alquiler, sino hasta que ayudara a los que menos tienen, que son muchos y a los
que no es la primera vez que se jacta de servir, en esos discursos ofrecidos,
que podemos consultar en la Hemeroteca.
No cabe otro calificativo. Vergonzoso.

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