La sentencia que inhabilita a Artur Mas, durante dos años,
para la ocupación de cualquier cargo público, aunque le absuelve del cargo de
prevaricación, al igual que a Ortega y Rigau, sus compañeros, añade leña al
fuego del problema catalán, convirtiendo
de facto a los condenados, en los primeros mártires reales de la causa independentista y propiciando que las
críticas al Estado español sean ampliamente justificadas por mucha de la gente
que hasta ahora se mostraba escéptica y que de seguro serán, a partir de este
preciso momento, convencidas de que se trata de una vía para frenar el proceso
iniciado por éstos y otros muchos secesionistas.
Los mensajes lanzados con inusual rapidez desde los círculos
catalanes de los partidarios de la
consulta y que muestran un total desacuerdo con la sentencia emitida esta misma
mañana, ponen de relevancia el sentimiento generalizado que avala esta teoría y
sirven de sostén para poder entender con claridad meridiana, que cualquier
movimiento que realicen los independentistas, a partir de hoy, irá fuertemente
avalado por el sufrimiento que supuestamente se infringe sobre estos tres
condenados, poniendo incluso en cuestión que la libertad de expresión funcione
plenamente en esta Democracia, a la que ya se ha calificado, literalmente, como
de low cost.
Si la intención del
Gobierno central, que basa toda su defensa de la unidad del Estado, hasta
ahora, en la vía judicial, era la de atemorizar a los líderes catalanes que se
atrevieron a convocar y llevar a cabo el referéndum del 9 de Noviembre, ya les
garantizo yo que el fracaso está asegurado, pues al negarse a mantener
verdaderos contactos y negociaciones en igualdad, con los principales
representantes de los movimientos separatistas, acabarán por conseguir que todo
se les vuelva en contra, ahora, con el motivo real de haber provocado una
fanática admiración por estos tres primeros mártires, a los que seguramente
seguirán otros y que podrían ser considerados como abnegados defensores de una
identidad catalana, bastante denostada por cierto, por los principales líderes
del PP, en todas y cada una de sus intervenciones sobre el tema.
Se da a los residentes en Cataluña en general y muy
particularmente a los indecisos, que no eran capaces de discernir de qué parte
estaba la razón, cierta justificación para pensar que la libertad de opinión es
en su territorio severamente castigada por la acción de la justicia y que por
el mero hecho de pertenecer a cualquier Formación que lleve en su programa el
deseo de que Cataluña alcance la independencia, está asegurado el
enfrentamiento con una Ley, creada desde un principio para favorecer únicamente
los intereses de quienes se apoyan en la Constitución, para defender la
Integridad del Estado.
Esta vía legal, que en ningún momento propicia que se
explique a los catalanes las ventajas y desventajas de separarse de España,
como si para independizarse bastara con firmar un mero documento, reafirma sin
embargo, los temores, reales o fingidos, de todos los que optaron por reclamar
el derecho a decidir de los que habitan en Cataluña y les coloca un paso por
delante de quiénes ahora dirigen nuestros destinos desde Madrid y que son, en
cierta medida, tanto o más nacionalistas que aquellos contra los que dicen
luchar, amparándose en la Ley existente, como única arma para ganar esta
batalla.
Su perniciosa intransigencia, acaba de subir a los altares a
Mas, y a los que le acompañaron en su aventura aquél 9 de Noviembre,
insuflándoles nuevas fuerzas para proseguir en el camino emprendido, acompañados
ahora de un sinfín de admiradores venidos de todos los lugares de Cataluña y
que seguramente les considerarán, por su valor al enfrentarse a sus enemigos,
como héroes de un pensamiento que cada vez se extiende con mayor celeridad, en
un territorio que afectado gravemente por la crisis, no encuentra salida que
solucione sus verdaderos problemas de fondo.
Entretanto y por mucho que le pese a los conservadores,
incapaces de habilitar un diálogo eficaz que suavice los ánimos de una y otra
parte, el conflicto, sigue enquistándose peligrosamente en una sociedad
fuertemente dividida por sus sentimientos territoriales, a uno y otro lado de
este muro invisible, tras el que se fomenta, y creo que de una manera
consciente, aunque no podría demostrarlo, un sentimiento de odio cerval, que
costará sudor y lágrimas deshacer, pues está echando profundas raíces.
La sentencia de hoy, añade a lo ya plantado, una gran dosis
del abono necesario para que la floración se produzca con trepidante celeridad
y sea posible recoger los ansiados frutos sin demora y por sorpresa.
Un tanto más, que acaban de apuntarse Mas y los suyos, pero
no se podía esperar otra cosa, teniendo en frente a tales ineptos.

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