El Presidente de la Comunidad de Murcia, que ha declarado hoy
como imputado ante el Juez, ha intentado eludir la responsabilidad que se le
reclama en este caso de corrupción, culpando descaradamente a los técnicos y
funcionarios encargados de las obras en cuestión, alegando que su misión nunca
fue más allá de lo meramente político, como si ocupar un cargo de poder, no
llevara consigo la obligación de estar al tanto, aprobar o desechar, todo
aquello que ocurre en las Instituciones.
Esta moda a la que se han apuntado reputados miembros del PP,
de culpabilizar al funcionariado español de todos los males que suceden en
áreas como la sanitaria, la educativa o cualquier otra en la que se ocupen
puestos de trabajo obtenidos por oposición, se está convirtiendo, como se dice
ahora, en viral y cada vez que se hace público un nuevo escándalo relacionado
con malas prácticas llevadas a cabo, presuntamente, por determinados políticos,
resulta muy útil avivar la leyenda negra que persigue a los funcionarios
españoles, en su mayoría, responsables, comprometidos y cumplidores de sus
labores, muchas veces, más allá de lo que les correspondería realmente.
Ya oímos a esperanza Aguirre cebarse contra el profesorado
español, poco menos que calificándoles de vagos y vividores, justo antes de que
se les rebajaran los sueldos y se les incautara una paga extraordinaria de
Navidad, que aún no se les ha devuelto en su totalidad, o criticar
abiertamente, junto a otros muchos de sus ilustre y engominados compañeros, a
los participantes en las mareas blancas que salieron a la calle contra los
recortes que se estaban y están practicando en la sanidad y que hacen que la
salud de los ciudadanos y sus bolsillos, en general, hayan mermado
considerablemente.
Tampoco se han librado de esta moda infecta, los funcionarios
que ocupan cargos en los Ayuntamientos y muy particularmente si sus laborees se
desarrollan en el área del Urbanismo, que tan buenos beneficios ha reportado,
según sentencias conocidas, a una cantidad ingente de políticos condenados,
cuya primera intención fue, como ahora ocurre con el Presidente de Murcia,
echar balones fuera, tildando de inútiles a los encargados de gestionar los
papeles de las obras llevadas a cabo en las ciudades y los pueblos.
El manido argumento, que se cae por sí sólo, en cuanto que en
las imputaciones que hacen los jueces,
curiosamente no aparecen estos funcionarios señalados directamente por el dedo
acusador de sus mandos, mientras que los que acaban siendo juzgados son siempre
los políticos, siembra sin embargo, una desagradable duda en la ciudadanía en
general, pues ya desde los años del franquismo, en los que los funcionarios
eran elegidos a dedo, por su afinidad con el régimen, se ha ido creando
alrededor de ellos una inquina que no ha sido en absoluto superada con el paso
del tiempo, a pesar de que desde que llegara la Democracia, todo el funcionariado
haya de superar necesariamente una
oposición, para ocupar cualquier tipo de puesto.
Muchos de ellos, como es el caso de profesores y
profesionales sanitarios, han demostrado con creces su afán por salvar el
sistema, durante los años de esta interminable crisis, enfrentándose a la
brutalidad de los recortes aplicados en estas áreas por el Gobierno de Mariano
Rajoy, como una auténtica casta de valientes. Han peleado con uñas y dientes
por alumnos y enfermos enfrentándose abiertamente, en Hospitales, Escuelas y la
calle, a las imposiciones que se pretendían desde el poder, llegando a ganar
batallas que en principio parecían perdidas y que han beneficiado, aunque no
sepamos agradecerlo, a todos y cada uno de nosotros .
Ninguno de ellos merece por tanto el trato vejatorio que se
les dispensa desde las altas Instancias políticas, ni tienen por qué soportar
los exabruptos que salen de la boca de determinados líderes sin conciencia, que
les han convertido, por mera diversión o por la necesidad de ocultar otras
cosas, en una diana sobre la que lanzar dardos envenenados, cada vez que se
destapa una corruptela directamente relacionada con algún miembro del PP, como
si fuera un colectivo maldito al que hubiera que erradicar, mientras otros se
llenan los bolsillos con el dinero de todos los españoles.
En defensa de la decencia del funcionariado, de su honradez y
hasta de su inagotable paciencia al soportar estas inagotables presiones a que
se les somete, sin orden ni concierto, habría que decir, que gracias a ellos y
su labor, el país, ha seguido funcionando a pesar de la crisis, durante estos
últimos tiempos. Nuestros hijos han continuado aprendiendo. Nuestros enfermos se
han ido curando. Nuestros pobres, han sido atendidos, en relación con el
bajísimo presupuesto de que se dispone, por los Servicios sociales y la
Investigación sigue reportándonos inmensas alegrías, a pesar de los pocos medios
con los que se cuenta para lograr avances. Han funcionado, todas las
ventanillas de los Organismos Oficiales, la policía, acude si se la necesita y
los bomberos han apagado los fuegos que han ocurrido, con mayor o menor
presteza, aunque continúan en la lucha, por una falta de material que dificulta
su labor considerablemente.
Habría que preguntarse, dadas las circunstancias, si se
podría decir lo mismo de nuestros políticos.

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