Una dolorosísima lesión en los hombros me ha impedido
cualquier tipo de actividad durante la última semana y la condena del reposo,
mientras se iban sucediendo una serie de trepidantes acontecimientos políticos
a mi alrededor, sin poder escribirlos, me causa una frustración que sólo alivia
esa especie de droga que son los relajantes musculares y que en mi caso, conducen a una somnolencia
permanente, que al menos consigue paliar la angustia de la inactividad que me
consume entre los rincones de la casa.
Medianamente recuperada y a la espera de un diagnóstico un
poco más certero, lo primero que hago es escribir, pues mis lectores habituales
han debido pensar que había decidido cerrar el blog sin haberme despedido
siquiera y por ello, les ofrezco esta explicación y mis disculpas, porque a
veces flaquea la salud y nada puede hacerse por evitarlo.
Dicho esto y dejando a un lado el terrible atentado de
Londres, que me parece, como todos los demás, sucedan dónde sucedan, un ejemplo
de que algunos hombres han sido incapaces de evolucionar y que continúan
eligiendo la razón de la fuerza, sobre la fuerza de la razón, las cosas en
nuestro país, se mantienen en su línea de siempre y las noticias sobre las que
no he podido escribir durante esta última semana, no difieren en nada de las
que ya todos esperábamos que sucedieran, como sin duda habrán podido comprobar
todos los que siguen a diario la actualidad
y de algún modo, se implican en ella.
Se han dado, sin embargo, dos cosas significativas en estos días y que podrían dar una idea aproximada de
lo que puede ocurrir en el futuro que se nos viene encima en los próximos
meses. Una es, que Mariano Rajoy no ha aprendido nada de esa primera derrota
parlamentaria que no le permitió seguir
adelante con su plan sobre los estibadores y que se ha tomado, pero que muy
mal, tener que dar marcha atrás en una cuestión que de haber abordado cuando
gozaba de mayoría absoluta, hubiera sacado adelante, a pesar de la oposición del
resto de la Cámara, por lo que en un ataque de evidente soberbia, ha empezado a
amenazar con el fantasma de nuevas elecciones, a ver si así consigue convencer
a determinados Partidos, de que en adelante piensen mejor antes de emitir sus
votos en contra de lo que dicta su soberana voluntad, que en este caso coincide
plenamente con la de los intereses de los grandes líderes europeos, a los que
no ha debido agradar en absoluto, este estrepitoso
fracaso.
La otra es, que Susana Díaz, ha destapado a bombo y platillo
su más que sabida intención de presentarse a las primarias del PSOE, arropada,
cómo no, por una cohorte de sumisos barones que vitorean cualquier frase que
salga de su boca y flanqueada por dos ex Presidentes de Gobierno, González y Zapatero, que parecen haber perdido
el norte de aquella ideología que predicaron con exaltación en el pasado, quizá porque se
han acomodado a una situación de privilegio, desde la que ya importan poco los
problemas que puedan afectar realmente a los ciudadanos.
El menosprecio a los otros candidatos, López y Sánchez, no
puede ser mayor, hasta el punto de que ni siquiera se pronuncian sus nombres en
las intervenciones que realizan los seguidores de Susana, como si de repente,
se hubieran contagiado de esta estrategia que utilizan los populares con los
imputados por casos de corrupción y que a todos nos ha parecido siempre, un
desprecio hacia nuestra inteligencia.
No faltan, sin embargo, los ataques a las propuestas de los
contrarios, como si defender que el PSOE continúe practicando la línea
ideológica con que nació, se hubiera convertido en una aberración supina y fuera necesario, perdón, por cojones,
admitir una derechización totalitarista, que combine perfectamente con el tipo
de políticas capitalistas que se proponen desde la Unión, abandonando para
siempre el seno de esa izquierda que abrazaron todos y cada uno de aquellos que
se definen como socialistas, en su pensamiento.
Entretanto, el recrudecimiento de la batalla con los
nacionalistas catalanes, que ya homenajean a los que consideran como mártires
de su causa, abiertamente, potencia aún más si cabe, la tozudez de este
Gobierno, que nunca estuvo preparado para asumir la necesidad de dialogar, ni
ha sabido jamás cómo hacerlo.
Sólo el anuncio de que ETA se decide por fin al desarme,
consigue alegrar el negro panorama que nos circunda y ni siquiera eso. Porque
no parece justo que este hecho pueda suceder, justo bajo el mandato de los que
siempre se negaron a utilizar la vía de la negociación, para acabar con el
problema vasco y que ahora, cuando el dolor se acabe por fin, sin duda se
atribuirán el mérito de haber vencido a los terroristas ellos solos, como
podremos comprobar, en poco tiempo.
Bueno, me alegro de volver. Gracias por la paciencia de
esperarme. Yo también les echaba de menos.

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