Por primera vez, el Gobierno de Mariano Rajoy pierde una
importantísima votación en el Parlamento y no consigue sacar adelante el
Decreto que trataba de modificar de manera lesiva las condiciones de trabajo de
los estibadores, que hoy celebran en todos los puertos del país el eco que ha
tenido su lucha, que ha logrado aunar los criterios de toda la oposición, a
excepción de Ciudadanos, que no se ha atrevido a abandonar del todo a sus
socios, conformándose con una abstención, que sabe a traición, tratándose de un
asunto como éste.
Pero como todos sabemos, los de Albert Rivera están mucho más
cerca de la ideología meramente conservadora que del progresismo del que
presumen continuamente y a nadie puede pues extrañar que en cuestiones laborales
se encuentren alineados con el imperio empresarial y no con los trabajadores
que padecen los efectos terribles de la crisis.
Una representación de los estibadores, que contemplaba la
votación desde la tribuna de los invitados en el Congreso, no ha podido
contener su emoción al conocer los resultados de la misma y se han unido al
aplauso de los grupos parlamentarios que les han apoyado en esta batalla, agradeciendo
tal vez, el hecho de haber sido escuchados y comprendidos en sus
reivindicaciones, al menos, por una mayoría del Parlamento.
Desmontar este entramado, sienta también un importantísimo
precedente en la historia parlamentaria española y evidencia claramente que esa
fragmentación de la que tanto se quejan continuamente los populares y que votó
religiosamente el pueblo, la última vez que fue llamado a las urnas, empieza a
dar muestras de que las imposiciones marcadas por las mayorías absolutas parece
que se han terminado y que más de una vez, las líneas propuestas por el Partido
Popular, han de verse truncadas por la unidad que sobre todo en temas sociales, pueden alcanzar fácilmente las Fuerzas de la izquierda.
Sin restar mérito a los demás, podría decirse que el éxito de
la votación se ha debido en gran parte a las iniciativas de Izquierda Unida y
Podemos, aunque para no faltar a la verdad, también se ha contado con la
inmensa suerte de que el PSOE se halla sumido en un difícil proceso de
primarias y no es este el momento más propicio para mostrar abiertamente su más
que evidente derechización, por lo que no le quedaba otra salida que votar en
apoyo de los trabajadores, para no perder del todo la poca credibilidad que le
queda, como defensor de temas laborales.
Sin embargo, la ilusión de ver votar en unidad a la
oposición, ha dejado claro a los ojos de los ciudadanos cómo podría haber sido
esta legislatura, si se hubieran alcanzado acuerdos de corte progresista,
elevándonos, aunque sólo haya sido por unos momentos, a una dimensión bien
distinta de la nos vemos obligados a soportar, gracias a los apoyos que auparon
a Rajoy al poder, hace sólo unos meses.
De haber sucedido tal cosa, ya se habrían transformado por
ejemplo, decretos como la Reforma Laboral o la Ley Wert y quizá, hasta se hubiera abandonado la
inaceptable política de austeridad que tantos disgustos ha reportado a todos y
cada uno de nosotros y que sigue en vigor, gracias al inesperado apoyo de los
socialistas en aquella nefasta Sesión de Investidura que desencajó cualquier
plan que pudiera terminar con la penuria del momento.
Es decir, que cuando se quiere, se puede y que echando la
vista atrás, uno tiene la mala impresión de que en todo este asunto lo que ha
faltado es voluntad de intentar resolver los problemas de los españoles, por
una mera cuestión de orgullo partidista y sobre todo, por la sensación que
tuvieron entonces los socialistas de sentirse seriamente amenazados por una
Fuerza que entraba en el panorama político español, con la pujanza imparable de
un torrente.
Mirando lo ocurrido hoy, no puede quedar más claro que Ciudadanos
nunca hubiera sido un socio fiable para el PSOE y el tiempo, viene a dar la
razón a los de Pablo Iglesias, para hacer lo que hicieron.
Ahora que ya no caben especulaciones y que la realidad
cotidiana está colocando a cada cual en su sitio, siempre a través de sus
acciones, no hay que ser un lince para saber que las líneas del socialismo
tradicional han de coincidir mucho más con las de Podemos, que con las que
defienden los que apoyan a Albert Rivera, en su ambiciosa ascensión hacia los
círculos del poder que ansía.
Valga este ejemplo, para mover a la reflexión a quién
finalmente se haga con la Secretaría general del PSOE, para que no incurra en
los mismos errores que se cometieron en el pasado más reciente y sirva también, a las clases trabajadoras de
este país, para entender que nada se consigue si no se lucha denodadamente por
alcanzar el triunfo.
Este camino que han abierto los estibadores rompe
drásticamente con el conformismo y la mansedumbre de aceptar sumisamente las
exigencias empresariales, pero además, lesiona considerablemente al fantasma
del miedo.
Los avances que históricamente se consiguieron en el terreno
laboral, nunca fueron concedidos sin que mediara en la negociación el valor y
la persistencia en la lucha.
Motivos, sobran para no decaer en el intento.

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