Nos coge por sorpresa saber que los servicios de Inteligencia
españoles han estando, durante muchos años, espiando por decisión propia a
empresarios, políticos y al propio rey Juan Carlos, acumulando miles de horas
de grabaciones visuales y audibles, que hoy empiezan a salir a la luz
publicadas por un periódico, sin que se puedan calcular aún, cuáles serán las
posibles consecuencias.
Conversaciones privadas e imágenes comprometedoras de personas que tuvieron y aún tienen renombre en
este país, parecen constituir este material explosivo, que viene a demostrar
que nadie está exento de ser absolutamente controlado en todos sus movimientos
y por ende, de ser chantajeado de alguna manera, si quienes poseen este tipo de
información, lo considerasen oportuno, en cualquier momento.
El escándalo, que no puede ser más truculento e inquietante,
pudo ya haber defenestrado, según la información que se maneja, a gente entre
cuyos nombres aparece, por ejemplo, el del ex Ministro Narcís Serra y aún no se
aclara cómo ni por qué sale ahora a la
luz, aunque la historia no ha hecho más que empezar y no podemos saber qué
deriva tomará en los días venideros, porque las grabaciones que se han conocido
hoy y que tienen nada menos que al Rey emérito como protagonista, apuntan en
una dirección que tiene poco que ver con
el tema político y mucho con un resbaladizo terreno persona, que podría dañar
gravemente la imagen que los ciudadanos tienen de algunos de estos personajes
públicos.
Por qué se hicieron
estos exhaustivos seguimientos y con qué fin, son, en el momento actual, una
incógnita, que tampoco aclara si estas prácticas continúan llevándose a cabo
todavía o si por el contrario, los que viven de cara al público pueden estar
tranquilos y vivir su privacidad con la seguridad de no ser estrechamente
vigilados en su entorno más cercano, pudiendo utilizar con total libertad sus
teléfonos o estando seguros de que en los lugares que visitan, incluida su
casa, no existen cámaras ocultas que graben todos sus movimientos.
Todos sabemos, que por
razones judiciales, muchas veces se ha recurrido a estos métodos para destapar
irregularidades que después han dado lugar al descubrimiento de famosos casos
de corrupción, pero la gravedad del asunto que hoy comentamos reside,
principalmente, en el hecho de que estos seguimientos, no parecen haber sido
ordenados, en modo alguno, por los jueces, sino realizados sin móvil aparente,
generando sin embargo, un jugoso instrumento de negociación que podría
favorecer las aspiraciones materiales de algunos desalmados.
Irrumpe también esta noticia, recordándonos que cualquiera de
nosotros podríamos ser objeto de
atención preferente en algún momento de nuestras vidas, sobre todo, si por
cualquier razón tenemos la mala suerte de cruzarnos con algún asunto irregular,
aunque fuera casualmente y que el manejo de móviles y ordenadores o la
utilización de cualquier tipo de redes sociales, constituyen en sí mismo, un
peligro difícil de controlar frente a los avances tecnológicos que permiten que
sucedan este tipo de acontecimientos.
La información es, a la vez, un aviso específicamente
dirigido a políticos, empresarios y a cualquiera que pertenezca a estas élites
que se encuentran por encima del nivel de los simples mortales, dejándoles
meridianamente claro que hace mucho que perdieron su elemental derecho a la
intimidad y que cualquier acto que realicen, bueno o malo, podría terminar
siendo conocido por el resto de la humanidad, pues no cuentan con los
instrumentos que puedan contrarrestar este sofisticado tipo de delincuencia.
El vacío legal existente, en materias relacionadas con las
comunicaciones a través de la red y que por conveniencia o por desbordamiento,
no acaba de solucionar la desprotección en la que nos encontramos todos los que
hacemos uso de ellas, agrava aún más si cabe, la sospecha de que el entorno en
que vivimos ha dejado de ser para siempre un sitio seguro, para convertirse en
una especie de Gran Hermano, en el que nos exponemos a ser milimétricamente
observados por estos espías en la sombra.
Lo más inquietante, es que estos hechos no parece que puedan
tener vuelta atrás y que la utilización de las vías que permiten vernos y
oírnos a todos, desde no se sabe dónde ni por quiénes, va a convertirse en un
valor en alza que sin duda terminará por favorecer los intereses de estos voyeurs de nuevo cuño.
Convertirse en seres absolutamente insignificantes y
anodinos, parece ser la única vía de escape.

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