La sombra de la sospecha vuelve a pulular sobre la figura de
Esperanza Aguirre, que durante mucho tiempo ha tenido la astucia de saber
sortear los gravísimos acontecimientos acaecidos en la Comunidad de Madrid,
durante su largo mandato, consiguiendo no ser salpicada hasta ahora por los
casos de corrupción protagonizados por muchos de sus más estrechos
colaboradores, a pesar de haber mantenido con ellos estrechos vínculos de
amistad, que hacen dudar seriamente de su presunta inocencia.
Lo que tratan de
demostrar los jueces es que igual que ocurriera en Valencia, en Madrid hubo
también una financiación ilegal del PP, procedente de la presunta concesión de
las faraónicas obras públicas que luego llevaron a la Capital a un nivel de
endeudamiento que a día de hoy, dista aún mucho de haber sido resuelto.
La abandonada Ciudad de la Justicia o los varios Hospitales
de cuya construcción suele presumir a menudo Aguirre, obviando conscientemente
hacer referencia a su falta real de equipamiento, podrían ser claros ejemplos
de cómo consiguió la ex Presidenta montar las grandiosas campañas electorales
que le permitieron permanecer en el cargo, durante tanto tiempo.
Sospecha el juez, que las obras eran adjudicadas a una gran
empresa que a su vez contrataba los servicios de otras compañías de rango
intermedio y que era ahí, inflando facturas y recaudando supuestas donaciones
forzosas de determinados empresarios, donde se producía el presunto fraude que
permitía gastar el dinero a raudales, a la ex Presidenta.
Declara Aguirre, en una encarnizada entrevista concedida a
Antonio Ferreras, en La Sexta, que se considera a sí misma como la víctima más
importante de los casos de corrupción en Madrid, alardeando además, de haber
sido la única en dimitir de su cargo de Presidenta del PP en la Comunidad, como
si con ello hubiera pagado por todas sus responsabilidades políticas, aunque
por lógica aplastante tendría que haber ido mucho más allá, pues no cabe aquí,
igual que en otros casos, alegar desconocimiento de lo que se cocía a su
alrededor y menos, tratándose de quién se trata.
Pero esta vez, los argumentos esgrimidos por Aguirre parecen
estar más en el aire que en ocasiones anteriores, pues las obras de las que se
hablan, han sido durante muchos años defendidas personalmente por la ex
Presidenta como logros icónicos de su gestión política, por lo que de nada
valdrá tratar de eludir su participación real en los hechos y menos aún, si se
demuestra que los cifras de sus campañas electorales coinciden con las facturas
falsas con las que parece contar el juez, como prueba de la comisión del
delito.
Poco ha tardado en empezar a ser abandonada a su suerte por su Partido y ya hoy, Mariano
Rajoy, se ha desligado del asunto en una rápida declaración ante los medios,
argumentando que desconocía totalmente de lo que le estaban hablando y no
queriendo, muy en su línea habitual, ni siquiera pronunciar el nombre de
Aguirre, como ya ha ocurrido tantas veces, con otros cargos que pertenecieron a
su Partido.
No podrá Aguirre, esperar del Presidente ninguna otra cosa,
pues la clarísima enemistad que han evidenciado durante tanto tiempo y los
continuos ataques de la Ex Presidenta a las políticas practicadas por
Rajoy, le niegan cualquier posibilidad
de defensa por parte de la cúpula de Génova, ahora que llegan las vacas flacas
y que además, no cuenta con las cotas de popularidad que la hicieron
imprescindible, aunque molesta, para sus propios compañeros.
Anclada en el ala más recalcitrante del PP, el apoyo que
puede esperar Esperanza a partir de ahora, sólo puede llegar del reducido
círculo que rodea a José maría Áznar y sus más fieles defensores, pero su
influencia real en el PP ni es, ni volverá a ser jamás lo que fue, cuestión que
ha quedado muy clara tras la reelección del astuto Rajoy, que le ha ganado por
la mano a quién le nombró sucesor, la posición de privilegio que antes
disfrutaba.
Malos vientos soplan pues para Aguirre, que más pronto que
tarde tendrá que demostrar su tan cacareada inocencia y que seguramente no
podrá continuar dilatando en el tiempo, el momento de tener que explicar cómo y
de qué manera gestionó el dinero durante los años que gobernó, con el agravante
de estar acorralada por mala deriva que tomaron aquellos a los que nombró como
personas de su confianza y que van cayendo, uno a uno, en las garras
inexorables de la justicia.
Ni sus críticas a Carmena, ni su imparable verborrea
ocasional, podrán librarla de lo que se le viene encima, si su Dios no lo
remedia.
Al final, ni la fama ni la vanidad, ni la soberbia de creerse
superior a los demás, serán suficientes para frenar una caída que parece ser
inminente.

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