De todos es sabido que el miedo crea grandes pesadillas y el
ascenso imparable de Podemos está causando auténtico terror entre las filas de
los grandes Partidos Políticos españoles, que ven que inexorablemente, se les
escapa de las manos el poder que de forma itinerante se han ido cediendo el uno
al otro.
Habrán de intentar pues, frenar esta ascensión de algún modo
y el más común en el ambiente político español, pasa por denostar al adversario
sin reparar en el medio que se utiliza y
a ser posible, repitiendo una historia que destroce a los principales líderes
opositores y que obligue a la opinión pública a desconfiar de su credibilidad,
sin ahorrar insultos o invenciones de
todo tipo, para lograr el ansiado fin.
Como nunca han ostentado el poder, relacionar a los
integrantes de Podemos con casos de flagrante corrupción, que es uno de los
motivos que más indigna a los ciudadanos, resulta del todo imposible y parece
que lo único que han encontrado los investigadores del PP y el PSOE es una
especie de incumplimiento parcial de contrato por parte de Iñigo Erejón, que
comparado con las tropelías que hemos conocido sobre las corruptelas
protagonizadas y judicializadas de militantes de relevancia de los dos grandes
Partidos, resulta ser una insignificante minucia que seguramente, además,
terminará por aclararse, sin traer consecuencias negativas para su
protagonista.
Así que habrá que intentar otros caminos que le cierren el
paso hacia la Moncloa a Pablo Iglesias y
jugar sin escrúpulos la mano que decidirá la partida, inclinando la intención
de voto de la sociedad, hacia al cambio o hacia el continuismo, por lo que
recurrir a insinuar que los líderes de Podemos ocultan una estrecha vinculación
con ETA, o amedrentar a los ciudadanos con la idea de que quieren instalar en España
un régimen bolivariano que acabe con la poca Democracia que queda, se ha
convertido en el tema favorito de conversación de todos los líderes importantes
del PP, en cuanto les ponen un micrófono delante y les dan la oportunidad de
opinar sobre el recién nacido Partido, que está logrando llevarse una intención
de voto, que ellos consideraban como suya para siempre.
La táctica del PP, todos la conocemos, es tratar de convertir
mentiras en verdades, a base de repetirlas de manera incansable, sin importar
el tiempo que se haya de emplear, ni los efectos colaterales que puedan
producirse.
En general, el catastrofismo causa estragos entre la gente
normal y la sola idea de que en nuestro País, se pudiera llegar a tener que
soportar colas inmensas para comprar en un supermercado, si a uno se la repiten
a través de la televisión todos los días, termina por causar un desasosiego
difícilmente controlable.
Que esto llegue a calar en la población, es la pretensión que
ahora mismo mueve a los populares, a quienes tampoco importa jugar con un tema
de alta sensibilización popular, como es el del terrorismo, si al final logran,
al menos, mantener amarrados a sus votantes para conservar un poder que
obtuvieron, no lo olvidemos, con unas promesas electorales, que nunca llegaron
a cumplirse.
No contemplan sin embargo, la posibilidad de que algunos
millones de españoles, aquellos en cuyas familias no hay ni un solo miembro
trabajando, quizá preferirían aguardar en la cola de los Hipermercados si
estuvieran seguros de que finalmente obtendrían algo para comer, que tener que
estar a expensas de la caridad de los bancos de alimentos nutridos por la buena
voluntad de otros ciudadanos, que remedien en parte, la situación laboral que
les ha regalado la Reforma Laboral del PP, precisamente.
Pero España no es Venezuela, ni podrá serlo nunca, ni en
Europa se da un escenario parecido al que existe en América Latina, ni los
integrantes de Podemos son terroristas al servicio de un nacionalismo
excluyente, como pudieran ser los autores de los muchos atentados que hemos
sufrido durante demasiados años.
Lo que ocurre, es que al haber desaparecido de Euskadi el
terrible fantasma de la violencia, los populares y otros como ellos, se han
quedado sin una buena baza con la que
negociar y había que traer a colación un tema que ha dado buenos frutos para
los intereses de los políticos, por cierto, utilizando torticeramente y sin
piedad, el dolor de las víctimas.
Aunque, la verdad, los ciudadanos hemos crecido tanto en
estos años de dolor, que ya no queda nada de aquella inocencia que nos
interrumpieron con excesiva brusquedad, mientras nos arrojaban al abismo de la
desesperación y la pobreza. Ahora somos, indefectiblemente, maduros en nuestro pensamiento
y libres de creer, aquello que nos de la real gana.
Así que conocemos muy bien todas y cada una de las
estrategias, por lo que si funcionan o no, depende, exclusivamente, del grado
de credibilidad que posean quienes las urden, que ya les digo yo, que es poco.
A veces, también los
caminos de los poderosos se frustran y en lugar de conseguir las aspiraciones
que se esperaban, los sucesos derivan justo hacia el otro lado, causando un
terrible e inevitable fracaso.
Y eso, va a ser lo que va a pasar ahora. Tiempo al tiempo.

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