jueves, 11 de diciembre de 2014

Tiempo al tiempo


De todos es sabido que el miedo crea grandes pesadillas y el ascenso imparable de Podemos está causando auténtico terror entre las filas de los grandes Partidos Políticos españoles, que ven que inexorablemente, se les escapa de las manos el poder que de forma itinerante se han ido cediendo el uno al otro.
Habrán de intentar pues, frenar esta ascensión de algún modo y el más común en el ambiente político español, pasa por denostar al adversario sin reparar en  el medio que se utiliza y a ser posible, repitiendo una historia que destroce a los principales líderes opositores y que obligue a la opinión pública a desconfiar de su credibilidad, sin ahorrar insultos  o invenciones de todo tipo, para lograr el ansiado fin.
Como nunca han ostentado el poder, relacionar a los integrantes de Podemos con casos de flagrante corrupción, que es uno de los motivos que más indigna a los ciudadanos, resulta del todo imposible y parece que lo único que han encontrado los investigadores del PP y el PSOE es una especie de incumplimiento parcial de contrato por parte de Iñigo Erejón, que comparado con las tropelías que hemos conocido sobre las corruptelas protagonizadas y judicializadas de militantes de relevancia de los dos grandes Partidos, resulta ser una insignificante minucia que seguramente, además, terminará por aclararse, sin traer consecuencias negativas para su protagonista.
Así que habrá que intentar otros caminos que le cierren el paso hacia la Moncloa a Pablo Iglesias   y jugar sin escrúpulos la mano que decidirá la partida, inclinando la intención de voto de la sociedad, hacia al cambio o hacia el continuismo, por lo que recurrir a insinuar que los líderes de Podemos ocultan una estrecha vinculación con ETA, o amedrentar a los ciudadanos con la idea de que quieren instalar en España un régimen bolivariano que acabe con la poca Democracia que queda, se ha convertido en el tema favorito de conversación de todos los líderes importantes del PP, en cuanto les ponen un micrófono delante y les dan la oportunidad de opinar sobre el recién nacido Partido, que está logrando llevarse una intención de voto, que ellos consideraban como suya para siempre.
La táctica del PP, todos la conocemos, es tratar de convertir mentiras en verdades, a base de repetirlas de manera incansable, sin importar el tiempo que se haya de emplear, ni los efectos colaterales que puedan producirse.
En general, el catastrofismo causa estragos entre la gente normal y la sola idea de que en nuestro País, se pudiera llegar a tener que soportar colas inmensas para comprar en un supermercado, si a uno se la repiten a través de la televisión todos los días, termina por causar un desasosiego difícilmente controlable.
Que esto llegue a calar en la población, es la pretensión que ahora mismo mueve a los populares, a quienes tampoco importa jugar con un tema de alta sensibilización popular, como es el del terrorismo, si al final logran, al menos, mantener amarrados a sus votantes para conservar un poder que obtuvieron, no lo olvidemos, con unas promesas electorales, que nunca llegaron a cumplirse.
No contemplan sin embargo, la posibilidad de que algunos millones de españoles, aquellos en cuyas familias no hay ni un solo miembro trabajando, quizá preferirían aguardar en la cola de los Hipermercados si estuvieran seguros de que finalmente obtendrían algo para comer, que tener que estar a expensas de la caridad de los bancos de alimentos nutridos por la buena voluntad de otros ciudadanos, que remedien en parte, la situación laboral que les ha regalado la Reforma Laboral del PP, precisamente.
Pero España no es Venezuela, ni podrá serlo nunca, ni en Europa se da un escenario parecido al que existe en América Latina, ni los integrantes de Podemos son terroristas al servicio de un nacionalismo excluyente, como pudieran ser los autores de los muchos atentados que hemos sufrido durante demasiados años.
Lo que ocurre, es que al haber desaparecido de Euskadi el terrible fantasma de la violencia, los populares y otros como ellos, se han quedado sin una buena  baza con la que negociar y había que traer a colación un tema que ha dado buenos frutos para los intereses de los políticos, por cierto, utilizando torticeramente y sin piedad, el dolor de las víctimas.
Aunque, la verdad, los ciudadanos hemos crecido tanto en estos años de dolor, que ya no queda nada de aquella inocencia que nos interrumpieron con excesiva brusquedad, mientras nos arrojaban al abismo de la desesperación y la pobreza. Ahora somos, indefectiblemente, maduros en nuestro pensamiento y libres de creer, aquello que nos de la real gana.
Así que conocemos muy bien todas y cada una de las estrategias, por lo que si funcionan o no, depende, exclusivamente, del grado de credibilidad que posean quienes las urden, que ya les digo yo, que es poco.
A  veces, también los caminos de los poderosos se frustran y en lugar de conseguir las aspiraciones que se esperaban, los sucesos derivan justo hacia el otro lado, causando un terrible e inevitable fracaso.

Y eso, va a ser lo que va a pasar ahora. Tiempo al tiempo.

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